EL SHOW ES DE ELLOS

Po­cos se­lec­cio­na­do­res tan in­ten­sos en su desem­pe­ño des­de su área téc­ni­ca como los que ac­tual­men­te di­ri­gen a las re­pre­sen­ta­cio­nes de Chile y Mé­xi­co. Ges­ti­cu­lan os­ten­to­sa­men­te, pro­tes­tan las de­ci­sio­nes de los árbitros, im­pul­san y exi­gen a los su­yos; su­fren

Milenio - - LAAFICIÓN -

EL ÁR­BOL QUE LE DIO NO­TO­RIE­DAD

A di­fe­ren­cia de su co­le­ga me­xi­cano, Sam­pao­li no se pres­ta a pro­ta­go­ni­zar una vida tan pú­bli­ca más allá del fut­bol. Se­rá por­que en Chile no hay tan­ta co­mer­cia­li­za­ción en torno al fut­bol o de­bi­do a que la Ro­ja no ven­de tan­to como la Verde, pe­ro el ar­gen­tino tie­ne un per­fil se­rio y re­du­ci­do. Es cé­le­bre la his­to­ria de cuan­do en sus ini­cios como en­tre­na­dor fue sus­pen­di­do y de­ci­dió su­bir­se a un ár­bol des­de don­de po­día ob­ser­var la can­cha y con es­to

di­ri­gir a los su­yos.

AL ÉXI­TO POR EL SU­FRI­MIEN­TO

Can­te­rano del Ne­well’s Old Boys de Ro­sa­rio, su vida como fut­bo­lis­ta se vio trun­ca­da a los 20 años por una frac­tu­ra de tibia y pe­ro­né. Muy jo­ven, pues, ini­ció una ca­rre­ra como en­tre­na­dor en la que ha es­ta­do más cer­cano a la an­gus­tia y al su­fri­mien­to que a los triun­fos. Lo que aho­ra tie­ne le ha cos­ta­do mu­chí­si­mo. Nun­ca ha di­ri­gi­do en la Pri­me­ra Di­vi­sión de su país.

ALUMNO AVEN­TA­JA­DO DEL LO­CO BIEL­SA

Dis­cí­pu­lo des­ta­ca­do del Lo­co Mar­ce­lo Biel­sa. Re­pi­te de su maes­tro ca­si to­do. La ob­se­sión por el es­tu­dio de los ri­va­les y por con­su­mir to­do lo que pue­da del fut­bol. Ago­bia con sus char­las a sus di­ri­gi­dos, pe­ro con­si­gue que sal­gan a mo­rir­se en la can­cha, a pe­lear con to­do ca­da pe­lo­ta. No pue­de apar­tar­se del jue­go ofen­si­vo, aun­que bus­ca siem­pre es­tar bien pa­ra­do atrás. Im­po­ne res­pe­to y ca­si mie­do des­de su zo­na de di­rec­ción en la can­cha. Su me­jor épo­ca en los ban­qui­llos a ni­vel de clu­bes fue con la Uni­ver­si­dad de Chile, con­si­guien­do tres cam­peo­na­tos lo­ca­les y la Co­pa Su­da­me­ri­ca­na. As­pi­ra a di­ri­gir en Eu­ro­pa.

EL EN­TRE­NA­DOR MÁS ME­DIÁ­TI­CO

La po­pu­la­ri­dad de Mi­guel desafía has­ta lo po­lí­ti­ca­men­te co­rrec­to. Su ima­gen es­tá en to­dos la­dos, re­ba­san­do ya lo que lo ha con­ver­ti­do en ima­gen de un sin­nú­me­ro de mar­cas co­mer­cia­les. Su re­cien­te apo­yo al Par­ti­do Verde le ha oca­sio­na­do una gran can­ti­dad de crí­ti­cas y pe­se a que fue re­nuen­te a ha­cer­lo, tu­vo que dis­cul­par­se por ello y acep­tar el cas­ti­go que le im­pon­drá la FMF por vio­lar su Có­di­go de Éti­ca. Por mo­men­tos su per­fil de en­tre­na­dor que­da in­clu­si­ve de la­do.

FI­GU­RA COMO JU­GA­DOR Y COMO DT

Se pue­de de­cir que Mi­guel es to­do un per­so­na­je des­de sus pri­me­ros años como fut­bo­lis­ta. Atra­ban­ca­do, ace­le­ra­do, in­con­tro­la­ble como de­fen­sor, tam­bién so­bre­sa­lió por al­can­zar mo­men­tos des­ta­ca­dos, que lo lle­va­ron a ser se­lec­cio­na­do y mun­dia­lis­ta. El Pio­jo ya era una es­tre­lla an­tes de con­ver­tir­se en en­tre­na­dor y como tal ha cons­trui­do una ima­gen fuer­te, siem­pre co­ti­za­do.

ALUMNO AVEN­TA­JA­DO DEL LO­CO LA VOL­PE

Dis­cí­pu­lo des­ta­ca­do del Lo­co Ri­car­do An­to­nio La Vol­pe. Re­pi­te tam­bién de su maes­tro ca­si to­do, den­tro y fue­ra de la can­cha. Sus en­tre­na­mien­tos son ver­da­de­ras prue­bas de tra­ba­jo. A di­fe­ren­cia de Sam­pao­li, mo­ti­va sin trans­mi­tir te­mor a los su­yos. En los par­ti­dos sa­le con una de­ci­di­da ac­ti­tud agre­si­va. En las con­fe­ren­cias de pren­sa o en sus en­cuen­tros con pe­rio­dis­tas es fran­co y di­rec­to. Si tie­ne que cri­ti­car a al­guien, de su equi­po o de los ri­va­les, lo ha­ce fron­tal­men­te. Su me­jor épo­ca como en­tre­na­dor fue en el Amé­ri­ca, equi­po con el que con­si­guió un cam­peo­na­to, el úni­co con el que cuen­ta has­ta aho­ra.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Mexico

© PressReader. All rights reserved.