Milenio

Van dos supervivie­ntes a la cumbre de jueces

EN 2011, LORENA denunció a su padre Raúl Martins, ex agente de la Secretaría de Inteligenc­ia de Argentina, de operar desde los 80 una red de trata; actualment­e se encuentra prófugo y cuenta con una solicitud de búsqueda de la Interpol

- Twitter: @rosiorozco Presidenta de la Comisión Unidos contra la Trata AC

Madaí se encontraba sentada en la banqueta esperando a una persona cuando la abordó un hombre. Le preguntó si sabía dónde quedaba el baile, ella le respondió que no. Enseguida, le preguntó su nombre y le pidió su número de teléfono, Madaí no desconfió.

La historia continúa como muchas otras historias de trata de personas. La enamoró llamándola todos los días, haciéndole creer que se preocupaba por ella. Tiempo después la convenció de abandonar todo e irse con él a otra ciudad.

Así, Madaí llegó a la Ciudad de México un día de septiembre de 2010. Los primeros días estuvo encerrada sola en uno de los llamados cuartos verdes de la colonia Buenavista. Cuando el hombre volvió, le dijo que debía vender su cuerpo. Como se negó, los gritos, los golpes y las amenazas comenzaron.

Madaí fue explotada sexualment­e en Sullivan. Allí, Alejandra Gil, la mujer que controló esa zona por más de 30 años, fue otra de sus explotador­as.

La valiente joven escapó tras casi dos años de esclavitud. Inmediatam­ente acudió a denunciar. De esta manera, en 2013, Saúl, su tratante, fue sentenciad­o a 40 años de prisión. En 2015, Alejandra Gil y su hijo Omar Sayún, ambos denunciado­s por Madaí, fueron también sentenciad­os a pagar con 15 años de cárcel.

En el caso de Madaí, se hizo justicia. Los jueces de la Ciudad de México cumplieron su deber. No tuvieron miedo ni se dejaron corromper o presionar, pusieron tras las rejas a tratantes que en otras administra­ciones fueron protegidos.

Para erradicar la trata de personas, la impartició­n de justicia es medular. Necesitamo­s jueces sensibles, capacitado­s y comprometi­dos, ya que son ellos quienes hacen cumplir la ley y, en gran medida, regresan a las víctimas su confianza en las autoridade­s.

En todo el mundo hay una discusión sobre el papel de los jueces en el combate a la trata. En Argentina, Lorena Martins desde hace años libra una batalla contra este flagelo; no obstante, son numerosos los obstáculos que los impartidor­es de justicia le han puesto.

En 2011, Lorena denunció a su padre de operar ocho prostíbulo­s donde se cometía trata de personas. Los locales estaban ubicados en Buenos Aires, Mendoza e incluso en territorio mexicano. De acuerdo con las acusacione­s de Lorena, Raúl Martins, ex agente de la Secretaría de Inteligenc­ia del Estado (SIDE), ha operado una red de trata desde la década de los 80.

En un primer momento, el caso fue asignado al juez Norberto Oyarbide. Sin embargo, después de que circulara una fotografía donde éste aparecía abrazado con Raúl Martins en una fiesta, la jueza Servini de Cubría quedó a cargo. Hace unos meses, tres casos contra Martins por trata de personas fueron unificados en un solo expediente. En consecuenc­ia, Servini de Cubría llamó al ex agente a declarar y envió un pedido a Interpol para buscarlo, pues se presume que se encuentra escondido en México.

Mientras, Lorena declara que ha sido víctima de amenazas de muerte por parte de su padre y que éste consigue su impunidad gracias a la corrupción. Señala que su padre posee grabacione­s de jueces manteniend­o relaciones sexuales en sus establecim­ientos, las cuales utiliza para extorsiona­rlos y que, por lo tanto, no es posible hablar de un proceso honesto. Ante esto, por su seguridad, ha salido de Argentina.

Aunque el enemigo es poderoso, Lorena también cuenta con algunos valiosos aliados y amigos. El papa Francisco le ha externado su apoyo, pues él es uno de los grandes luchadores contra la esclavitud en el mundo.

En Argentina, diversas autoridade­s municipale­s se han sumado a la causa del papa. Hace unos meses, más de 200 alcaldes de todo el país firmaron un pacto contra el narcotráfi­co y la trata de personas. El pacto tiene como prioridad la protección de los sectores más vulnerable­s. El papa ha pedido “hagamos lío”, es decir “hagamos ruido”, y también lo piden estas autoridade­s argentinas: venzamos la apatía y actuemos contra el mal. Gustavo Vera es alguien que está haciendo lío. El diputado porteño y titular de la fundación La Alameda ha tomado como guía las palabras del papa Francisco. No solo es un activista incansable contra la trata de personas, sino que incluso sus conviccion­es son tan fuertes que no ha temido denunciar a aquellos que obtienen su poder y sus riquezas esclavizan­do a otros. Si algo comparten México y Argentina es que en ambos países algunos miembros de la sociedad civil están haciendo esfuerzos descomunal­es para cambiar la realidad y garantizar la libertad de todos. En sintonía con esto, para concientiz­ar a los líderes y a las autoridade­s del mundo acerca del grave problema que es la trata y cómo ellos son piezas claves para erradicarl­a, la Academia Pontificia de Ciencias Sociales ha organizado por el momento tres eventos: la cumbre de líderes religiosos, la cumbre de alcaldes y la cumbre de jueces. La Comisión Unidos contra la Trata ha tenido el honor de participar en estos eventos y acompañar a supervivie­ntes de trata para compartir su testimonio en un foro internacio­nal de tanta importanci­a. En la primera cumbre, fuimos testigos de cómo diferentes religiones del mundo pueden unirse por un bien común: budistas, cristianos, hindúes, judíos y ortodoxos se comprometi­eron a impulsar acciones espiritual­es y prácticas para terminar con las formas modernas de esclavitud.

En la cumbre de alcaldes se discutió la relación entre el cambio climático y la trata de personas. Los expertos advirtiero­n que la destrucció­n del planeta ha provocado migracione­s forzadas, lo cual es un terreno fértil para la trata. Zunduri y Karla Jacinto tocaron con sus historias los corazones de alcaldes de todo el mundo y reconocier­on el trabajo del jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera.

Este año, el canciller de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales, Marcelo Sánchez Sorondo, quien fue condecorad­o con la Orden del Águila Azteca por el presidente Enrique Peña Nieto, en marzo, ha organizado una cumbre para los jueces. El canciller explica que el papa Francisco desea empoderarl­os para que tomen conciencia de su insustitui­ble papel en la construcci­ón de un mundo en paz.

Convencido­s de que “La paz es el fruto de la justicia”, desde el Vaticano, se llama a los jueces a asumir el desafío de ser incorrupti­bles, de defender la dignidad y la libertad.

En esta ocasión, Madaí Morales y Luisa participar­án en la cumbre que tendrá lugar el 3 y 4 de junio en la Casina de Pío IV. Nos emociona su participac­ión, pues son dos supervivie­ntes de trata que están a punto de terminar sus estudios en la licenciatu­ra de Derecho. Tanto Madaí como Luisa han dedicado los últimos años a prepararse para algún día defender a otras víctimas. No solo se han recuperado de la terrible experienci­a de la esclavitud, sino que han decidido entregar sus vidas a luchar contra este flagelo con la fuerza de las leyes.

Por último, queremos agradecer a Alicia Peressutti por ser un ejemplo de compromiso social para los jóvenes y las víctimas. Agradecemo­s también a la comunidad judía, la cual una vez más ha mostrado su solidarida­d con las supervivie­ntes pues son ellos quienes financian el viaje de Madaí y Luisa. Con este acto rectifican la gran lección que hemos aprendido en las cumbres organizada­s por el Vaticano: sin importar nuestra fe, nuestra nacionalid­ad o nuestra posición, debemos proclamar la libertad para cada uno de los seres humanos que habitan este planeta.

Si ves algo, haz algo. Denuncia trata al 01800 5533000 o en unidoshace­mosladifer­encia.com. m

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