El Imparcial - Mundo Sano

Conquistar una estrella

Un tímido niño mirando el firmamento en una oscura noche descubrió que cientos de hermosas estrellas brillaban; desde entonces quedó cautivado por el resplandor de los astros.

- Por: Anyo Ballestero­s

Se hizo la promesa a sí mismo de que no descansarí­a hasta poder tocar una de ellas, poseerla y adornar su corona que guardaba secretamen­te en una caja tallada en marfil, para lo cual se dio a la tarea de leer muchos libros y se dio cuenta que su deseo era imposible de lograr. El perseveran­te niño se dedicó por años a realizar su mejor esfuerzo en todas las labores y con ello obtuvo muchos logros, pero le faltaba uno: conquistar una hermosa estrella para que habitara en su corona. Ya habían pasado varios veranos y un día, caminando por el bosque, se detuvo a contemplar su rostro en el reflejo del lago y se preguntó a sí mismo: "¿Cómo puedo poseer una estrella para embellecer mi corona?". En el silencio del lugar, se sorprendió cuando su propio reflejo le respondió: "Busca en el firmamento a la estrella más hermosa y canta para ella las estrofas más dulces y encantador­as. Si logras cautivar el corazón de la estrella, ella se rendirá a tus pies y podrás poseerla".

Una vez dicho eso, un pez saltó abruptamen­te y desapareci­ó la imagen del niño del cristalino lago; el pequeño soñador se impactó por lo sucedido y partió de prisa rumbo a su casa, ya que pronto iba a oscurecer.

Esa noche las estrellas brillaban con gran esplendor, realmente era muy difícil para él decidir qué estrella elegir; pero al mirar al Oriente había una pequeña estrella que su brillo era intenso y deslumbran­te: el niño suspiró y su voz cantó los versos más dulces para la estrella.

"Tu luz acaricia mis mejillas y me hace suspirar. Tu belleza me cautiva y me invita a soñar. Oh, estrella mía, de tu compañía por la eternidad quiero disfrutar, sin importar el tiempo que tenga que esperar". De pronto, la pequeña estrella bajó enamorada del alto cielo, dispuesta a compartir por siempre su vida con él y desde entonces el encantador niño, que habita en el corazón del ahora anciano, lleva sobre su cabeza una hermosa corona adornada por el exquisito brillo de una estrella del firmamento.

La gente al verlo pasar lo saluda con alegría, mientras él porta su corona con gran disfrute, en todo momento y en todo lugar.

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 ?? ?? Con la colaboraci­ón de:
Anyo Ballestero­s
Psicoterap­euta cognitivo conductual y de arte, especialis­ta en intervenci­ón psicológic­a en situacione­s de crisis, filántropo y escritor. CONTÁCTALO:
AnyoBalles­teros.com
Anyo Ballestero­s
Con la colaboraci­ón de: Anyo Ballestero­s Psicoterap­euta cognitivo conductual y de arte, especialis­ta en intervenci­ón psicológic­a en situacione­s de crisis, filántropo y escritor. CONTÁCTALO: AnyoBalles­teros.com Anyo Ballestero­s

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