¿DÓN­DE ES­TÁ EL SHOCKER?

Pásala! - - CUADRILA´TERO -

Oi­gan, ¿us­te­des no se han pre­gun­ta­do dón­de es­tá el Shocker? Fí­jen­se, mis car­na­les, que, la otra vez que mi je­fe­ci­ta me di­jo que ha­bía des­per­ta­do más gua­po de lo nor­mal, me acor­dé del rec­tor de la Uni­ver­si­dad de los Gua­pos y de­ci­dí bus­car­lo pa­ra sa­lu­dar­lo, pe­ro ‘na­náis’, no me con­tes­tó ni las lla­ma­das ni los ‘whats’. Me cla­vé a sus re­des so­cia­les y me to­pé con que des­de ha­ce tres me­ses no ha subido na­da a su ca­nal de You­Tu­be ni ha pu­bli­ca­do en Fa­ce­book. Ahí sí, la ne­ta, ya se me hi­zo ra­ro, por lo que de­ci­dí ir a bus­car­lo a su chan­ga­rro mó­vil (food truck) que inau­gu­ró ha­ce unos me­ses y que po­ne afue­ra de la Are­na Mé­xi­co los vier­nes. ¿Y qué creen? Tam­po­co lo ha­llé; ni sus lu­ces de mi va­le­dor. Des­pués de po­ner­me a in­ves­ti­gar y ha­cer dos que tres lla­ma­das, me en­te­ré de la tris­te no­ti­cia de que el mo­ti­vo de su des­apa­ri­ción es que es­tá ane­xa­do por­que nue­va­men­te los mal­di­tos vi­cios del al­cohol y las dro­gas le ga­na­ron. Des­de ha­ce tiem­po es sa­bi­do que Jair tie­ne bron­cas con las adic­cio­nes, al gra­do de que en no­viem­bre de 2017 fue de­te­ni­do por cau­sar des­tro­zos en un ho­tel de Tlal­pan a don­de ha­bía in­gre­sa­do con una pros­ti­tu­ta. Des­pués de eso, yo fui tes­ti­go de que le echó un chin­go de ga­nas pa­ra re­ge­ne­rar­se, re­cu­pe­rar a su fa­mi­lia y con­se­guir de nue­vo un buen lu­gar en el Con­se­jo Mun­dial pe­se a que por esas mis­mas fe­chas re­ci­bió otro tran­ca­zo, cuan­do su pa­dre y ex­lu­cha­dor, el

‘Pa­to’ So­ria, fa­lle­ció. Du­ran­te los me­ses si­guien­tes a Shocker se le vio muy motivado, tra­ba­jan­do en el ring, vol­vién­do­se you­tu­be­ro y abrien­do un ne­go­cio de comida, to­do con la in­ten­ción de juntar la­na pa­ra una ope­ra­ción de qui­ja­da que ne­ce­si­ta lo más pron­to po­si­ble. Sin em­bar­go, otra vez ca­yó y des­de ha­ce unas se­ma­nas lo cla­va­ron a una ‘gran­ja’ allá por la zo­na de Zumpango, Es­ta­do de Mé­xi­co. Me di­cen que el tra­ta­mien­to es por seis me­ses, así que se­rá has­ta fi­na­les de año cuan­do vol­va­mos a sa­ber de él. Por cier­to, si tie­nen du­da de si el Con­se­jo Mun­dial lo es­tá apo­yan­do, la res­pues­ta es no: le die­ron la es­pal­da por com­ple­to, no co­rres­pon­dien­do a la leal­tad que él les ha te­ni­do en los úl­ti­mos años. Se­gu­ro ha de es­tar bien arre­pen­ti­do de la ofer­ta que re­cha­zó de una em­pre­sa en ju­lio de 2018, cuan­do iba a apa­re­cer co­mo el lu­cha­dor sor­pre­sa en un even­to que se hi­zo en el

Gim­na­sio Juan de la Barrera. ¡Éche­le, mi Shocker!

Cá­ma­ra, mis Plan­chi­boys, ya se les aca­bó su vein­te por hoy. Les ade­lan­to que el lu­nes no pu­bli­co por­que, la ne­ta, se­gu­ro voy a se­guir dan­do el Gri­to con una de mis mo­rras o an­da­ré cru­do de la gua­ra­pe­ta que me pien­so po­ner, pe­ro el pró­xi­mo jue­ves vuel­van con gus­to pa­ra que se las de­je caer

co­mo les en­can­ta. ¡Vi­va Mé­xi­co!

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