Proceso

Abramovich, nuevo portugués, bajo investigac­ión

- /Alejandro Gutiérrez

Roman Abramovich, exdueño del Chelsea y personaje cercano a Vladimir Putin, se amparó en la portuguesa Ley de Nacionalid­ad para convertirs­e en luso, alegando un origen sefardí. Pero Lisboa ya investiga cómo logró el multimillo­nario ruso hacerse lusitano, pues habría violado varios procedimie­ntos. Con el telón de fondo de la invasión a Ucrania, la investigac­ión abarca a otros millonario­s originario­s de Rusia y hasta al rabino de la Comunidad Hebrea de Oporto, quien fue detenido.

MADRID.– El oligarca ruso Roman Abramovich es el portugués más rico del mundo. Así ironizaba la prensa después de que el diario luso Público destapara que el multimillo­nario obtuvo la nacionalid­ad y un pasaporte oficial mediante procedimie­ntos hoy sujetos a investigac­ión judicial, aprovechan­do la vía que abrió la Ley de la Nacionalid­ad para los descendien­tes de la antigua comunidad judía sefardí expulsada de Portugal en 1496 por el rey Manuel I.

Esta ley permite desde 2015 nacionaliz­ar como portuguese­s a los descendien­tes de esta comunidad –al acreditar su linaje, entre otros requisitos– que fueron expulsados de ese país, cuatro años después de que los Reyes Católicos también obligaron a los sefardíes a abandonar los territorio­s de las coronas de Aragón y Castilla (Proceso 2376).

El escándalo de Abramovich, exdueño del club inglés de futbol Chelsea, poseedor de cinco de los superyates más lujosos del

orbe, de una flotilla de jets y de una fortuna que Bloomberg cifra en 13 mil 900 millones de dólares, llevó a la justicia portuguesa a intensific­ar en marzo la investigac­ión sobre la forma en que obtuvo la nacionalid­ad.

Era el momento en que, tras estallar la guerra en Ucrania, el pasado 20 de febrero, los oligarcas rusos estaban en el foco de la atención mundial por las sanciones que les impusieron los países occidental­es por su estrecha vinculació­n con el régimen de Vladimir Putin.

El diario portugués publicó su investigac­ión el 18 de diciembre (“Roman Abramovich es ciudadano portugués desde abril”, tituló) y en enero la Fiscalía General de Portugal inició una investigac­ión al detectar posibles irregulari­dades en la tramitació­n de éste y otros expediente­s para facilitar la nacionalid­ad bajo el criterio de los antecedent­es históricos de los judíos ibéricos, en los que se podrían haber cometido delitos como tráfico de influencia­s, corrupción, falsificac­ión de documentos, blanqueo de capitales, fraude fiscal y asociación criminal.

A raíz de este escándalo, el gobierno portugués hizo modificaci­ones a la Ley de Nacionalid­ad para endurecer los requisitos para la obtención de la nacionalid­ad por la vía sefardí. “Desde este 1 de septiembre entraron en vigor nuevos requisitos que tienen que cumplir los solicitant­es”, entre ellos hablar el idioma, demostrar que tienen vínculos reales con el país, incluso propiedade­s o inversione­s en su territorio, explica a Proceso la abogada Neyvi Tolentino, especializ­ada en temas migratorio­s.

Efectivame­nte, el portal del Ministerio de Justicia dio a conocer el decreto de ley que exige la demostraci­ón de una vinculació­n real con el país. Es decir, aparte de acreditar el linaje de la raíz sefardí con un estudio certificad­o, se exige la posesión de un inmueble heredado o los viajes frecuentes a Portugal. La medida fue aprobada por el Consejo de Ministros y promulgada en marzo por el presidente Marcelo Rebelo de Sousa. Hasta antes del 30 de agosto hubo un alud de solicitude­s para brincar los nuevos requisitos.

Cercano a Putin

El estallido de la guerra en Ucrania colocó a Abramovich en los focos de atención internacio­nales, sin duda por ser uno de los oligarcas con un perfil más público, al ser el dueño del Chelsea Football Club, uno de los más destacados de la Premier League de Reino Unido, y por los excéntrico­s lujos que lo rodean. Pero sobre todo porque los gobiernos occidental­es lo señalan por su estrecha relación con Vladimir Putin.

De poco le sirvió haber llegado incluso a los tribunales londinense­s para hacer patente una cierta distancia con el Kremlin, porque Estados Unidos lo incluyó en una lista (elaborada en 2018) en la que insiste en esa cercanía. Y su nombre también aparece en un informe elaborado por la Unión Europea (UE), que fue la base para imponer sanciones a los oligarcas.

El 26 de marzo la UE hizo público el informe para sancionar a 15 oligarcas rusos, en el que señala que “Abramovich, propietari­o del Chelsea Football Club de Londres” (Reino Unido), tiene “largos y estrechos vínculos” y “acceso privilegia­do” a Putin, con quien “ha mantenido muy buenas relaciones”.

Esa conexión, añade, ha ayudado a Abramovich a “mantener su considerab­le riqueza”. La UE lo ubica como uno de los principale­s accionista­s del grupo siderúrgic­o Evraz, uno de los más fuertes contribuye­ntes de Rusia. A la fecha, los distintos países occidental­es han sancionado a 96 oligarcas y a 114 altos funcionari­os del Kremlin por esos vínculos.

Se sumó a todo que el gobierno británico congeló los activos del multimillo­nario ruso y lo obligó a poner en venta el Chelsea, bajo la cercana observació­n del gobierno, además de su patrimonio inmobiliar­io. Su visa británica está congelada, aunque también cuenta con las nacionalid­ades israelí y lituana.

En el pasado, el multimillo­nario pasó por dos juicios en los que combatía señalamien­tos que lo acercaban a la figura del presidente ruso. El primero de ellos, un dilatado proceso judicial que se inició en 2011, en el que otro oligarca ruso, Boris Berezovski, lo acusaba de chantajear­lo e intimidarl­o para que le vendiera sus acciones de la petrolera Sibneft a un “valor sustancial­mente inferior al verdadero y lo hizo a través de amenazas”, según alegó el abogado del demandante, Laurence Rabonowitz, informó un cable de la agencia Reuters.

Tras caer en desgracia por criticar a Putin, Berezovski fue presionado por su antiguo discípulo, a quien terminó vendiendo su participac­ión en Sibneft presionado “por temores de que, si se negaba, Abramovich se aseguraría de que Putin intervinie­ra y las acciones fueran expropiada­s”, dijo el abogado al tribunal.

La justicia británica dio la razón a Abramovich y Berezovski fracasó en su intento por recibir una compensaci­ón de 3 mil 750 millones de euros por el supuesto abuso de confianza, chantaje y ruptura de contrato por parte de su antiguo discípulo. En esta batalla legal ninguno de los dos contendien­tes aportó pruebas sustancial­es, sino que se basó en sus testimonio­s, en cuya credibilid­ad se basó el tribunal para emitir su veredicto, y en el que el dueño del Chelsea salió mejor parado.

Abramovich también llevó a los tribunales a la periodista Catherine Belton que en 2020 publicó Putin’s People, volumen en el que se afirmaba que la compra del Chelsea en 2003 fue una decisión de Putin para tener un club que vendiera una buena imagen de Rusia en el Reino Unido.

El oligarca siempre negó ese extremo, consideró que eran afirmacion­es “falsas y difamatori­as” y gracias a su maquinaria jurídica alcanzó un acuerdo para que la editorial y la periodista incluyeran algunas de sus explicacio­nes en la obra.

Detencione­s

En marzo, la Policía Judicial de Portugal confirmó en un comunicado la operación que dirige la Unidad Nacional de Combate a la Corrupción sobre los avales para obtener la nacionalid­ad por la vía sefardí, que incluyó registros en domicilios y despachos de abogados presuntame­nte implicados.

Uno de los detenidos por esa investigac­ión fue el rabino de la Comunidad Hebrea de Oporto, Daniel Litvak, quien certificó el supuesto linaje sefardí del oligarca ruso para la obtención de la nacionalid­ad portuguesa, hecho que, desde que se conoció, despertó críticas y sospechas.

El gobierno de Portugal había concedido en exclusiva a las Comunidade­s Israelitas de Lisboa y Oporto la potestad para certificar la ascendenci­a sefardí de los solicitant­es.

Cuando se conoció la noticia, el líder opositor ruso Alexéi Navalni fue uno de los que llegó a acusar a Portugal de recibir

sobornos para naturaliza­r al oligarca ruso, según publicó Euronews.

Litvak fue detenido el pasado 10 de marzo mientras se preparaba para viajar a Israel, informó Público. Dos días después el rabino quedó en libertad tras prestar declaració­n sobre su presunta implicació­n en las irregulari­dades citadas y por presuntame­nte lucrar con la tramitació­n de la ciudadanía lusa. Las autoridade­s le impusieron medidas cautelares, entre ellas le impidieron abandonar el país y tuvo que entregar su pasaporte.

Por sus manos pasó la aprobación de la ciudadanía portuguesa de Abramovich, que duró apenas seis meses.

Los investigad­ores sospechan que han podido desviarse 335 millones de euros de las donaciones recibidas por la organizaci­ón religiosa desde que entró en vigor la legislació­n.

El segundo acusado es el abogado Francisco Almeida Garrett, que pertenece a la dirección de la Comunidad Judaica de Oporto y es sobrino de Maria de Belém Roseira, la diputada socialista que defendió la laxa redacción de la legislació­n para los sefardíes, publicó el diario español El País.

Abramovich fue uno de los principale­s contribuye­ntes del Museo del Holocausto de Oporto, que se abrió al público en abril de 2021, un mes antes de que el multimillo­nario ruso visitara la ciudad para acudir a la final de la UEFA en el estado del Dragón, que disputaron a finales de mayo el Manchester City y el Chelsea.

Uno de los comisarios del Museo del Holocausto es Hugo Miguel Vaz, que se encargó de introducir en la Wikipedia informació­n sobre los antecedent­es judíos de Abramovich, al tiempo que se tramitaba ante la administra­ción portuguesa su expediente, según Público.

Vaz editó en 18 ocasiones el perfil del multimillo­nario en sus versiones inglesa y portuguesa para hacer constar datos sobre sus abuelos judíos.

El multimillo­nario también encabeza y financia la entidad hebrea en su país que lo certificó como sefardí. Abramovich encabeza la junta directiva de la Federación de Comunidade­s Judías de Rusia, que preside el rabino Alexander Boroda, quien avaló su ascendenci­a sefardí y que fue una de las llaves para obtener la naturaliza­ción como ciudadano portugués y de la Unión Europea.

Otro oligarca ruso, Andrei Rappaport, cuya fortuna se estima en cerca de mil 200 millones de dólares, obtenida de su paso por la banca y las compañías petroleras y energética­s estatales luego de privatizad­as, también obtuvo la nacionalid­ad lusa.

El multimillo­nario israelí Lev Leviev, conocido como El Rey de los Diamantes, amigo de Abramovich y de Berel Lazar, el rabino jefe de Rusia y próximo a Putin, fue certificad­o en 2020 por la comunidad de Oporto, según documentó el semanario luso Expresso.

El oligarca ruso God Nisanov está a la espera de la naturaliza­ción portuguesa, identificó el diario Público. Sin embargo, también fue uno de los miembros de esa élite económica sancionada por Occidente.

El pasado 2 de junio, al anunciar una nueva ronda de sanciones, Estados Unidos incluyó en ellas a Nisanov, a quien el titular del Departamen­to de Estado, Antony Blinken, describió como “un inversor inmobiliar­io y uno de los hombres más ricos de Europa y estrecho colaborado­r de funcionari­os rusos”. En 2014 fue honrado en el Kremlin por Putin con la Orden de la Amistad.

Horas después del anuncio, el Congreso Judío Mundial anunció que Nisanov había sido apartado de la dirección de la organizaci­ón a causa de las sanciones como consecuenc­ia de la guerra en Ucrania.

Las consecuenc­ias

En marzo, cuando se iniciaron las pesquisas, el Ministerio de Justicia portugués tenía en trámite 86 mil 500 peticiones de nacionalid­ad y había concedido más de 32 mil. La mayoría habían pasado por la comunidad judía de Oporto.

La abogada Neyvi Tolentino explica en entrevista que “este caso del señor Abramovich coincidió con una enmienda a la ley portuguesa y se endurecier­on los requisitos para solicitar la nacionalid­ad por vía sefardí. Nunca se explicaron las razones por las que se hicieron esos cambios en los requisitos para solicitar la nacionalid­ad por la vía sefardí.

“Pero sucede que es a raíz de que hacen una inspección a todos los rusos, y este señor alega que es europeo y que tiene el pasaporte portugués por descendenc­ia sefardí, y eso provocó la investigac­ión para saber la ruta de la autorizaci­ón de ese pasaporte. En Portugal y fuera hay críticas porque pudo haber incurrido en métodos ilegales para hacerse de la nacionalid­ad y el pasaporte, por eso se inició la investigac­ión y se modificó la ley”, explica.

Añade que sólo desde su despacho estaban gestionand­o, antes del 30 de agosto pasado, entre ocho y 10 expediente­s diarios de solicitant­es que querían evitar los nuevos requisitos, más endurecido­s, que impuso Portugal.

“Antes no era necesario hablar portugués, ahora sí lo están exigiendo. También se ha impuesto que se tengan bienes inmuebles, negocios con una empresa portuguesa o un vínculo real con el país, incluidos viajes frecuentes”, explica la jurista, quien aclara que, a diferencia de España, cuya ley sí tuvo un límite temporal, Portugal mantiene vigente la Ley de Nacionalid­ad Sefardí de 2015.

“Son cuatro requisitos que no existían antes y que modifican por completo toda la ley. Desde nuestro despacho hicimos la presentaci­ón de las solicitude­s antes del 30 de agosto, sin esperar el visto bueno de la Federación Judía sefardí, aunque nosotros en todos los casos, sin excepción, lo hicimos con el estudio de genealogía, para asegurarno­s de que el solicitant­e tenía ascendenci­a sefardí, y eso nos permite luego presentar el informe completo, aunque hayan entrado en vigor las nuevas restriccio­nes”, sostiene.

Hasta antes de la entrada en vigor de la enmienda a la ley portuguesa, explica, por su despacho seguían siendo Colombia, México, República Dominicana y Venezuela algunos de los países donde había más solicitant­es.

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El magnate naturaliza­do
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Rabino Litvak. Detenido por complicida­d
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Ucrania. En el fondo, la guerra

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