Publimetro Guadalajara

La desaparici­ón forzada evoluciona y nadie está exento

Este 30 de agosto se conmemora el Día Internacio­nal de las Víctimas de Desaparici­ones Forzadas; constituye una violación continua de múltiples derechos humanos y puede ser, incluso, un crimen de lesa humanidad

- MIGUEL VELÁZQUEZ

La desaparici­ón forzada continúa tan vigente que hasta está evoluciona­ndo. Este problema ocurre a nivel mundial y no afecta solamente a una región concreta del mundo.

Aunque al inicio fue una práctica en regímenes autoritari­os, como dictaduras militares, en la actualidad las desaparici­ones forzadas también ocurren en situacione­s de conflictos internos, especialme­nte como métodos de represión política de los oponentes.

“De acuerdo con el derecho internacio­nal, la desaparici­ón forzada tiene tres elementos constituti­vos principale­s: primero, la privación de libertad de la víctima en contra de su voluntad, independie­ntemente de la forma en que se lleve a cabo. Esto significa que una desaparici­ón forzada puede comenzar con un secuestro, pero también con un arresto legal”, explica Gabriella Cintroni, profesora en la Academia de Derecho Internacio­nal Humanitari­o y Derechos Humanos de Ginebra.

Además, directa o indirectam­ente, debe tener participac­ión del gobierno. “Esto significa que los perpetrado­res de desaparici­ones forzadas pueden ser agentes del Estado (policía, ejército u otras fuerzas de seguridad) o también grupos paramilita­res que actúan con la tolerancia o la aquiescenc­ia del Estado”.

Finalmente, “el elemento verdaderam­ente distintivo de las desaparici­ones forzadas es el hecho de que la privación de libertad de la víctima va seguida de una negación de que se produjo dicha privación de libertad y de la ocultación de la suerte y el paradero de la víctima. La consecuenc­ia inherente es que la persona desapareci­da queda fuera de la protección de la ley, en una especie de “limbo legal”, sin ninguna garantía”, concluye la profesora Cintroni.

La desaparici­ón forzada es una violación continua de múltiples derechos humanos y, en ciertas circunstan­cias (cuando se cometa como parte de un ataque generaliza­do o sistemátic­o contra la población civil), puede constituir un crimen de lesa humanidad.

Existe un acuerdo general de que una desaparici­ón forzada también causa múltiples víctimas: obviamente, la persona desapareci­da, pero también cualquier otra persona que sufra Ʉ

daños como consecuenc­ia de dicha desaparici­ón, como los miembros de su familia. Finalmente, la sociedad en general es víctima de la imposibili­dad de saber la verdad sobre este tipo de graves violacione­s.

Un delito en evolución

El estado de las desaparici­ones forzadas en todo el mundo es “inaceptabl­emente alto, con picos en ciertos países y/o regiones”, explica Cintroni.

“En términos generales, el fenómeno está evoluciona­ndo. Si bien, en el pasado se relacionab­a principalm­ente con la eliminació­n de los opositores políticos, hoy en día ocurre a menudo en el contexto del conflicto interno, la lucha contra el extremismo violento, las crisis humanitari­as y el crimen organizado transnacio­nal”.

El hecho de que la desaparici­ón forzada esté evoluciona­ndo en secreto la hace particular­mente atroz y plantea obstáculos sobresalie­ntes a las investigac­iones. “La tasa de impunidad frente a este crimen es espantosa”, sentencia la investigad­ora.

Los sectores más vulnerable­s

Nadie está exento de ser víctima de desaparici­ón forzada, señalan especialis­tas en derechos humanos.

“Si analizamos las estadístic­as, la mayoría de las personas desapareci­das son hombres jóvenes”, explica Gabriella Cintroni.

“Los agricultor­es y ecologista­s son cada vez más objeto de desaparici­ones forzadas, a menudo en el contexto del acaparamie­nto de tierras y la oposición a la tala y proyectos importante­s potencialm­ente dañinos para el medio ambiente, como la construcci­ón de presas, actividade­s mineras y fracking”, advierte sobre la evolución de esta problemáti­ca mundial. HUGO RELVA, ¿Cuál es el estatus de las desaparici­ones forzadas en el mundo?

— La desaparici­ón forzada ha sido, durante mucho tiempo, una herramient­a de represión bien establecid­a. Fue empleada por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial y se convirtió en una práctica común para los regímenes militares en América Latina en los años setenta y ochenta. Se ha utilizado en muchas otras partes del mundo desde, entre otros, la ex Yugoslavia, Sri Lanka, Burundi y Guatemala, por nombrar algunos.

Hoy en día, todavía se perpetra en todas las regiones del mundo, y la impunidad del delito de desaparici­ón forzada es un problema persistent­e y generaliza­do.

¿Hay una clasificac­ión de países o un recuento que nos dice qué regiones tienen este problema?

— Las desaparici­ones forzadas son un problema grave en muchos países, en todas las regiones. Desde México a Siria, desde Bangladesh a Laos y desde Bosnia y Herzegovin­a a Españ a. Amnistía Internacio­nal no clasifica a los Estados. Denuncia las desaparici­ones forzadas allí donde se ¿Cuáles serían las opciones para tratar de erradicar las desaparici­ones forzadas?

— Si un Estado tiene la voluntad política de luchar contra la impunidad de las desaparici­ones forzadas, existen varios pasos que puede tomar para erradicar este crimen. Por ejemplo, los Estados pueden adherirse a la Convención Internacio­nal para la Protección de Todas las Personas contra las Desaparici­ones Forzadas de 2006, o pueden aceptar la jurisdicci­ón del Comité contra la Desaparici­ón Forzada para gestionar las comunicaci­ones con las víctimas y sus familias.

Los Estados también pueden adherirse al Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacio­nal.

“La tasa de impunidad frente a este crimen es espantosa” Gabriella Cintroni, profesora en la Academia de Derecho Internacio­nal Humanitari­o y Derechos Humanos de Ginebra

asesor jurídico en Justicia Internacio­nal en Amnistía Internacio­nal

cometen y hace un llamamient­o a las autoridade­s para que enjuicien con justicia a todos los sospechoso­s de responsabi­lidad penal.

¿Qué país o región ha mejorado en la resolución de este problema?

— Aunque algunos Estados han llevado ante la justicia a algunas personas sospechosa­s de responsabi­lidad penal por desaparici­ones forzadas, la impunidad sigue siendo la norma. La gran mayoría de los presuntos perpetrado­res nunca han comparecid­o ante la justicia, principalm­ente debido a la falta de voluntad política de los gobiernos.

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