LOS ACIER­TOS Y DESA­CIER­TOS DE MEG­HAN MARKLE EN LA REALE­ZA

En tres me­ses que lle­va de ca­sa­da, la du­que­sa de Sus­sex se ha adap­ta­do muy bien a la vi­da den­tro de la Ca­sa Real, pe­ro tam­bién ha te­ni­do fal­tas al pro­to­co­lo que ten­drá que tra­ba­jar. Re­cor­de­mos al­gu­nas.

Quien - - REFLECTOR -

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Fue cri­ti­ca­da por mu­chos por dar una en­tre­vis­ta con acen­to bri­tá­ni­co, pe­ro eso mues­tra que se ha to­ma­do muy en se­rio su pa­pel de ro­yal.

MÁS QUE CUÑADAS

Han de­ja­do cla­ro que Kate y Meg­han tie­nen una bue­na amis­tad. ¡Pun­to a su fa­vor!

En su de­but en el bal­cón del Pa­la­cio de Buc­king­ham cum­plió a la per­fec­ción las re­glas del pro­to­co­lo.

PO­LÉ­MI­CA

Nin­gún ro­yal de­be ha­blar de po­lí­ti­ca en pú­bli­co. Ella lo hi­zo al dar su postura so­bre el abor­to.

FAL­TA DE COS­TUM­BRE

Las ro­yals de­ben cru­zar las piernas a la al­tu­ra de los to­bi­llos o po­ner am­bas piernas jun­tas, ¡y la co­rri­gie­ron en pleno even­to!

SIN CON­TROL

El pro­to­co­lo no per­mi­te mu­cho con­tac­to fí­si­co en pú­bli­co y, al pa­re­cer, a ella ¡le es­tá cos­tan­do tra­ba­jo!

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