Billy Joel

So­bre cum­plir 70, com­po­ner mú­si­ca que no va a gra­bar, Do­nald Trump y por qué nun­ca ha­rá una gi­ra de des­pe­di­da

Rolling Stone (Mexico) - - Contenido - Por ANDY GREE­NE

El mú­si­co estadounid­ense so­bre cum­plir 70 años, la idea de un bio­pic y por qué no ten­drá una gi­ra de des­pe­di­da.

Billy joel no ha lan­za­do un ál­bum de nue­vas can­cio­nes pop des­de 1993, pe­ro eso no le ha im­pe­di­do ven­der el Ma­di­son Squa­re Gar­den to­dos los me­ses du­ran­te los úl­ti­mos cin­co años y lle­nar es­ta­dios de beis­bol en to­do el país ca­da ve­rano. “Me subí al es­ce­na­rio y di­je: ‘No ten­go na­da nue­vo pa­ra us­te­des, así que só­lo va­mos a to­car lo vie­jo’”, di­ce Joel por te­lé­fono des­de su casa en Palm Beach, Flo­ri­da. “Y la au­dien­cia di­ce: ‘¡Sí!’. Es­toy sen­ta­do en el es­ta­dio mi­ran­do a 30 mil, 40 mil, 50 mil per­so­nas, pen­san­do: ‘¿Qué de­mo­nios es­tán ha­cien­do aquí? ¿Por qué aho­ra?’. Su­pon­go que, en cier­to mo­do, soy un anacro­nis­mo. No que­dan mu­chos co­mo yo. Hay una ra­re­za en ello, lo que le da va­lor”.

¿Te­nías ga­nas de to­car en el Gar­den en tu cum­plea­ños nú­me­ro 70?

Tu­ve sen­ti­mien­tos en­con­tra­dos al res­pec­to. Por un la­do, es­toy fe­liz de es­tar vi­vo. Por otro la­do, no sé cuán­ta fies­ta me me­re­cía só­lo por lle­gar a los 70. Es de­cir, fue una no­che de tra­ba­jo: no pue­des te­ner un pas­tel de cum­plea­ños, no pue­des ha­cer na­da de eso.

Aún así, 70 es un hi­to.

Es­te es un tra­ba­jo de Pe­ter Pan. Co­mien­zas, y eres jo­ven, y es­tás ro­can­ro­lean­do, y eso es lo que ha­ces to­da tu vi­da. Te vuel­ves un po­co mio­pe so­bre la edad que real­men­te tie­nes. Re­cien­te­men­te vi fo­tos de mí mis­mo en el Gar­den y di­go: “Eso no se ve bien”. Me hi­ce vie­jo, per­dí mi cabello. Pa­ra em­pe­zar, nun­ca fui un ga­lán, y allí es­toy en el es­ce­na­rio ha­cien­do el mis­mo tra­ba­jo que es­ta­ba ha­cien­do cuan­do te­nía 16 años.

Mu­chos de tus com­pa­ñe­ros se ti­ñen el cabello y ha­cen to­do lo po­si­ble pa­ra pa­re­cer jó­ve­nes. ¿Al­gu­na vez te has sen­ti­do ten­ta­do a ha­cer lo mis­mo?

Pa­ra mí, tra­tar de pa­re­cer una es­tre­lla de ci­ne se­ría ri­dícu­lo. Siem­pre he si­do un chi­co de as­pec­to des­ali­ña­do y no es­toy dis­pues­to a cam­biar. Ci­ru­gía plás­ti­ca, pe­lu­cas, no lo sé. No tie­ne na­da que ver con la mú­si­ca.

Tus dos hi­jas más pe­que­ñas tie­nen tres y un año. ¿La pa­ter­ni­dad es di­fe­ren­te pa­ra ti aho­ra de lo que era en los vie­jos tiem­pos?

La di­fe­ren­cia aho­ra es que la gen­te pien­sa que soy el abue­lo de mi hi­ja. La lle­vo a la es­cue­la y uno de los otros pa­dres di­rá: “Oh, tu nie­ta es muy lin­da”. Só­lo di­go: “OK, gra­cias”. No es tan di­fe­ren­te. To­da­vía amo ser pa­dre. No sa­bía que vol­ve­ría a ser pa­dre a es­ta edad, pe­ro me ale­gro de ser­lo. Te man­tie­nen jo­ven.

Has to­ca­do do­ce­nas de shows en los úl­ti­mos cin­co años, pe­ro ca­si nun­ca to­cas “Cap­tain Jack”. ¿Por qué?

No en­ve­je­ció bien. El ca­pi­tán Jack ha si­do de­gra­da­do a sol­da­do ra­so Jack. En los ver­sos, só­lo hay dos acor­des, y si­gue y si­gue, y es una es­pe­cie de can­ción tris­te si pien­sas en la letra. El ni­ño es­tá sen­tan­do en su casa mas­tur­bán­do­se. Su pa­dre es­tá muer­to en la pis­ci­na. Él vi­ve es­ta abu­rri­da exis­ten­cia sub­ur­ba­na has­ta que se dro­ga. Una de las úl­ti­mas ve­ces que can­té la can­ción, di­je: “Es­to es real­men­te de­pri­men­te”. El úni­co ali­vio que ob­tie­nes es cuan­do el co­ro en­tra.

¿Te ves ha­cien­do un tour de des­pe­di­da al­gún día?

No. Creo que la for­ma en que su­ce­de­rá es que ha­brá una no­che en la que sen­ti­ré que ya no pue­do ha­cer­lo bien. No pue­do to­car las no­tas, no ten­go la re­sis­ten­cia fí­si­ca, no me en­tu­sias­ma. Y esa no­che, sa­bré que es ho­ra de pa­rar. In­clu­so po­dría de­ci­dir­lo en ese mo­men­to y ahí es­tá mi úl­ti­mo show. Aun­que mi agen­te se me acer­ca­rá des­pués: “¡Oh, no! Po­de­mos ha­cer mu­cho di­ne­ro si ha­ces más shows aho­ra”.

Los bio­pics de las es­tre­llas de rock son im­por­tan­tes en es­te mo­men­to. ¿Te ima­gi­nas una pe­lí­cu­la de Billy Joel?

No ten­go su­fi­cien­te ob­je­ti­vi­dad pa­ra ha­cer eso. Iba a es­cri­bir una au­to­bio­gra­fía una vez... y lo hi­ce. No ha­bía su­fi­cien­te se­xo, dro­gas y rock & roll pa­ra el editor, así que de­vol­ví el di­ne­ro. Di­je: “Al dia­blo, ese soy yo”. No sé si soy lo su­fi­cien­te­men­te in­tere­san­te co­mo pa­ra ha­cer una pe­lí­cu­la. Vi­ví mi vi­da. No quie­ro ser re­dun­dan­te.

Tú y Do­nald Trump tie­nen apro­xi­ma­da­men­te la mis­ma edad, am­bos na­cie­ron en el área me­tro­po­li­ta­na de Nue­va York. ¿Eso te da al­gu­na idea de él?

No. Lo veo co­mo de un pla­ne­ta com­ple­ta­men­te di­fe­ren­te. Sé que na­ció en Queens, pe­ro na­ció con una cu­cha­ra de pla­ta en la boca. Su pa­dre era ri­co y le dio mu­cho di­ne­ro. No sé cuán­ta em­pa­tía tie­ne con las per­so­nas que no vi­ven esa cla­se de vi­da.

En 2017, usas­te una es­tre­lla ama­ri­lla en el es­ce­na­rio des­pués de que Trump ha­bla­ra de las “bue­nas per­so­nas” que mar­cha­ron en Char­lot­tes­vi­lle. ¿Qué te hi­zo ha­cer eso?

Es­ta­ba en­fa­da­do. Es una mier­da. No hay buenos na­zis. La ge­ne­ra­ción de mi pa­dre pe­leó una gue­rra pa­ra aca­bar con el na­zis­mo. Cuan­do ven a es­tos ti­pos con un bra­za­le­te con la suás­ti­ca, me sor­pren­de que no sal­gan co­rrien­do a la ca­lle y los gol­peen en la ca­be­za con un ba­te de beis­bol.

¿Es­tás can­sa­do de que te pre­gun­ten si vol­ve­rás a ha­cer mú­si­ca nue­va?

Es una pre­gun­ta vá­li­da. To­da­vía es­cri­bo mú­si­ca, sim­ple­men­te no la gra­bo, y no es­tá en for­ma de can­ción. Ten­go mu­cha mú­si­ca que na­die ha es­cu­cha­do y na­die pue­de escuchar. Es el pro­ce­so crea­ti­vo lo que es im­por­tan­te pa­ra mí, no las lis­tas de po­pu­la­ri­dad.

¿Es­tás dis­pues­to a ha­cer una declaració­n pú­bli­ca de que nun­ca lan­za­rás un ál­bum de nue­vo ma­te­rial?

Nun­ca voy a de­cir nun­ca. Pue­de que se me ocu­rra una idea que po­dría con­ver­tir­se en una can­ción. Pue­do es­cri­bir la ban­da so­no­ra de una pe­lí­cu­la. Pue­do es­cri­bir una sin­fo­nía. No lo sé. To­do es po­si­ble.

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