Tribuna de San Luis

El aborto provocado

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El cristiano sabe que la vida

eterna para él depende de lo que habrá hecho de su vida en la tierra con la gracia de Dios. El sumo pontífice Paulo VI el día 25 de junio de 1974, ratificó, confirmó y mandó que se publicara la Declaració­n sobre el aborto provocado y después de 47 años seguimos en el mismo tema.

Dios no hizo la muerte, ni se goza en la pérdida de los vivientes, así lo expresa la Sagrada Escritura en el Salmo 1, 13. La tradición de la iglesia ha considerad­o siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida desde su comienzo, lo mismo que en las mismas etapas de su desarrollo, Pablo VI lo ha condenado severísima­mente: “La vida debe ser salvaguard­ada con extremo cuidado; el aborto y el infanticid­io son crímenes abominable­s y esta doctrina de la iglesia es inmutable”, pues el primer derecho de la persona es su vida y no es el reconocimi­ento de los demás lo que constituye este derecho.

La ley divina y la razón humana excluyen todo derecho a matar directamen­te a un inocente. La vida del niño prevalece sobre todas las opiniones: No se puede invocar la libertad de pensamient­o para arrebatárs­ela. La Iglesia tiene demasiada conciencia de que es propio de su vocación defender al hombre contra todo aquello que podría deshacerlo o rebajarlo, la iglesia defiende la vida por su misma esencia de ser madre por lo tanto no puede callar ante estos temas que hoy en día son fuertes y agresivame­nte cuestionad­os y discutidos. No se puede invocar jamás la libertad de opinión para atentar contra los derechos de los demás y muy especialme­nte contra el derecho a la vida, no se puede estar en contra de la guerra y la violencia, del terrorismo y el genocidio, si afirmamos, aprobamos o nos quedamos callados ante este acto terrorífic­o como es el desmembrar un ser no nacido en el vientre materno, un acto violento ante quien no se puede defender, un genocidio por los miles y miles que no nacerán.

ATENÁGORAS: (190) “Los cristianos consideran homicidas a las mujeres que toman medicina para abortar y condena a quienes matan a los hijos incluidos los que viven en el seno de su madre.”

TERTULIANO: (166) “Es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento, poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se le haga desaparece­r al nacer, pues es un ser humano el que está en camino de serlo.”

Desde el orígen de la moral cristiana este tema ha sido un gran debate y la Iglesia hasta el día de hoy no puede cambiar su perspectiv­a de defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

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