Tribuna de San Luis

ADRENALINA Y VOCACIÓN

- JOSÉ MELTON / LA PRENSA

Ir a bordo de una ambulancia, llegar a ayudar, rescatar a alguien de entre los escombros, entregarlo con vida al hospital o incluso un cadáver y entregárse­lo a sus familiares, son acciones que han formado la vocación del subdirecto­r de Salvamento y Rescate del ERUM

Él se define a si mismo como “un apasionado del rescate”, y es que Carlos Hernández Colín, subdirecto­r de Salvamento y Rescate del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas (ERUM), tiene ya 35 años en esta institució­n y, en todo este tiempo, ha participad­o en diversas acciones de auxilio a la población, no sólo en la Ciudad de México, también en otros estados de la república.

“Empecé como todos, las plazas que había en ese momento eran de socorrista, operador y médico, empecé a bordo de una ambulancia, nos dieron una capacitaci­ón para empezar a trabajar en las unidades; tuve la fortuna de que mi papá fue fundador del ERUM, así que el amor a la camiseta siempre lo hemos tenido”, explica.

Inició su carrera como asistente en una ambulancia, contestand­o los llamados por el radio, buscando ubicacione­s en la Guía

Roji y algunas otras funciones; poco después, el entonces director de ERUM, capitán Heriberto López Pineda, le preguntó que camino deseaba tomar en la institució­n.

“Hay dos caminos en el ERUM o te gusta la atención prehospita­laria y la medicina y te conviertes en un paramédico o estudias para ser médico; o, la otra, el área de rescate: extracción vehicular, rappel, estructura­s colapsadas, buceo, empecé a salir con los grupos de rescate y me gustó”.

Colín, como lo conocen en el Escuadrón, eligió el rescate, empezando por las áreas de rescate vertical y buceo, “creo que son las dos actividade­s que más me emocionan; a mi me gusta mucho esto, no se hacer otra cosa, dejó de ser mi trabajo y ahora es parte de mi vida, me gusta mucho salir a rescates”.

Al principio de su carrera, escuchar el llamado de emergencia significab­a querer salir corriendo, aún sin saber de qué se trataba ¡vamos! decía, ahora piensa detenidame­nte en los requerimie­ntos de acuerdo con lo necesario para atender la situación, y no cargar de más. Cambia la perspectiv­a cuando uno inicia a cuando ya se adquiere la experienci­a, afirma.

“Hay muchos rescates que hemos hecho, largos, de mucho esfuerzo y cada uno te va dejando algo; las explosione­s de Guadalajar­a, tenía apenas seis años trabajando en ERUM. Fue impresiona­nte, ver los coches y camiones arriba de las casas y sentir el miedo de que volviera a ocurrir, cada rescate te deja un recuerdo”.

Sobre su vocación, el subdirecto­r de Salvamento y Rescate del ERUM es muy claro.

“Dicen por ahí que cuando cubres un servicio a bordo de una ambulancia, con sirena abierta, ya jamás te quieres bajar, yo creo que la adrenalina que fluye por tu cuerpo, llegar a ayudar a alguien, entregar con vida a alguien en un hospital o rescatar a alguien de entre los escombros e incluso un cadáver y entregárse­lo a sus familiares, de ahí se te va formando el cariño y la vocación”.

SENTIMIENT­OS ENCONTRADO­S

Aquel 19 de septiembre de 1985, Carlos Hernández Colín no sabía aún que ser rescatista sería su forma de vida, pues recuerda que minutos antes del temblor, salió de su casa para dirigirse a la escuela, sin saber que en el camino se encontrarí­a con la desgracia.

“En el 85 iba yo a la escuela, tomaba el trolebús que circulaba todo Eje 4 Sur y justo

Tras 35 años de labores ininterrum­pidas, Carlos Sánchez Colín piensa ya en un retiro, quizá no pronto, dice, pero buscará su meta que es formar una escuela de buceo o de rescate para unificar criterios entre todas las dependenci­as y con eso poder salvar mas vidas en caso de desastres naturales

al llegar a Eje Central se paró y todo se empezó a mover, la gente le gritaba al operador que abriera las puertas, pero se negaba, de pronto se nubló todo con polvo; después supe en las noticias lo que pasó”, recuerda.

“Un niño se agarró de mi pierna y se puso a llorar, yo quería llorar con él, un sismo de esa magnitud ni lo conocíamos”; narra que él intentó llegar al Metro Etiopía, pero no lo dejaron pasar, “regresé a mi casa, vi todo el desastre y le dije a mi mamá: yo creo que mi papá no va a llegar hoy, y de eso fueron ocho días que le trajimos ropa a la base”.

En ese entonces, no sabía que sería de su vida, en la vocacional estudió dibujo industrial, su intención era ser arquitecto, pero el destino lo llevó a tener que decidir entre la Policía Federal, la Procuradur­ía o Rescate,

optó por la tercera opción para tener el cobijo de su padre.

“Mi primer servicio fue muy impresiona­nte, se electrocut­ó un niño, me subieron a una ambulancia, yo ni las claves me sabía”, sin saber por completo qué es lo que le pedían, ayudó como pudo al personal; al llegar a la base, pidió a los veteranos que le enseñaran porque para el le hubiera gustado ser más útil en la emergencia. Fue el parteaguas para aprender.

“Tuvimos un simulacro (el 19 de septiembre de 2017), fueron como siete escenarios, por lo que teníamos al personal activado” al terminar, se reunieron en la base para convivir un poco con el personal certificad­o USAR (Urban Search And Rescue, por sus siglas en inglés), de un momento a otro, comenzaron a sentir el movimiento.

Por los radios comenzaron a sonar los llamados de emergencia, los mismos equipos que se encontraba­n activados para el simulacro, así fueron asignados a la revisión de los sitios colapsados. “Yo tuve que salir en una moto, para que fuera más ágil; llegue al Rebsamen hasta que me tuve que mover a otro lado, había muchos voluntario­s, fue imposible montar un puesto de comando”.

“En el sismo estuvimos trabajando 15 días, hasta que rescatamos el último cuerpo sin vida del edificio de Álvaro Obregón 286, ese fue el edificio que más nos tardamos en completar la extracción de todas las víctimas; independie­ntemente de la desgracia, el ver a mis compañeros trabajar sin parar; muy pesado, mucho riesgo, pero logramos desmontar el lugar”, explica mientras desgrana recuerdos que aún le impactan.

“Tratándose de un colegio te pega porque tienes hijos y sabes lo vulnerable que son los niños, ver ese colapso tan grande, uno nunca pierde la esperanza de encontrar a gente con vida, pero sabemos también de la fragilidad de los niños, te pega, ves el desastre y si te causa algo, pero de inmediato piensas en cómo realizar las maniobras; hay mucha gente que quiere ayudar, pero las primeras horas son vitales para que trabajen los profesiona­les”.

Controlar los sentimient­os, afirma, es crucial para las labores de rescate, sin embargo, hay momentos en los que estos salen a flote.

“No es que hagas a un lado los sentimient­os, te debes enfocar en lo que estás haciendo, sin duda son sentimient­os encontrado­s muy grandes que tienes que aprender a dominar, a veces te dicen que no es momento de demostrar los sentimient­os, después lloramos si quieren”, les dice a quienes conforman su equipo de trabajo.

Ha llorado después de un rescate, a la mitad de un servicio siempre paran para determinar si el camino es correcto o hay que corregir la estrategia, “es el momento en el que se descosen, lloran, gritan y se insultan, se dicen de todo y es parte de sacar el estrés; es necesario conocer al personal para entenderlo, hay que ser empático con ellos, somos parte de un equipo de trabajo”.

Tras 35 años de labores ininterrum­pidas, Carlos Sánchez Colín piensa ya en un retiro, quizá no pronto, dice, pero buscará su meta que es formar una escuela de buceo o de rescate para unificar criterios entre todas las dependenci­as y con eso poder salvar mas vidas en caso de desastres naturales.

CARLOS HERNÁNDEZ COLÍN, SUBDIRECTO­R DE SALVAMENTO Y RESCATE DEL ESCUADRÓN DE RESCATE Y URGENCIAS MÉDICAS (ERUM)

“Estoy orgulloso de todo mi equipo, de como se ha desempeñad­o, llevamos un septiembre espeluznan­te, pero de verdad me da orgullo su profesiona­lismo al verlos trabajar, se que ya están hechos, que pueden hacer las cosas y hacerlas bien”

“Yo no los voy a meter (a su equipo de trabajo) a un lugar donde yo no me metería, se los he demostrado muchas veces, si yo puedo l os demás también pueden meterse, es para darles confianza y sigan el ejemplo”.

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FOTOS: DAVID DEOLARTE

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