Tribuna de San Luis

El caminito por las sombras

- Maritza Félix Twitter: @MaritzaLFe­lix @MaritzaFel­ixJournali­st

Germán* cruzó el desierto de Arizona

cinco veces. En ninguna lo pillaron las autoridade­s. Las primeras veces contrató a un coyote y las últimas dos se aventuró sin guía “porque ya se sabía el caminito”. Llegaba primero a Phoenix y después a Flagstaff. Trabajaba duro. Tenía su troka y su crew de construcci­ón. Se había comprado una casa grande y hacía carnes asadas casi todos los fines de semana. Pero se le acabó todo. Una borrachera se lo quitó.

La última deportació­n de Germán fue por conducir en estado de ebriedad. Iba intoxicado y no era la primera vez. Se había zafado -su esposa dice que por milagro- de las autoridade­s de inmigració­n. Un poco de tiempo encerrado, una multa y servicio comunitari­o eran suficiente­s. Hasta que no. Tiene dos años en Nogales, Sonora, y piensa irse a vivir a Puerto Peñasco. No quiere volver a intentarlo. “Está muy difícil”, piensa.

La familia de Germán ya “arregló” sus papeles. Sus hijos son nacidos en Estados Unidos y cuando cumplieron la mayoría de edad, pidieron a su esposa; ahora todos son ciudadanos, menos él. Germán nunca pudo siquiera empezar un trámite por su historial: Dos DUI (conducción punible), un reporte de violencia doméstica y tres deportacio­nes. Las ganas de volverse a cruzar se le quitaron al pensar el tiempo que tendría que pasar de nuevo en la cárcel después de reentrar al país de manera ilegal. Además, le tiene miedo al narco. No quiere echarse algo al hombro. “Ya no estoy para esos trotes”, dice

El sonorense de 52 años es una estadístic­a más en Estados Unidos de migrantes deportados que vuelven a cruzar para retomar su sueño americano. Cada mes son cientos los que llegan por lo oculto después de haber sido removidos del país. Ni la pandemia, ni el muro, ni las autoridade­s los paran… a veces lo único que los detiene es el miedo al crimen organizado.

Tan solo en agosto, la Procuradur­ía Federal de Estados Unidos en Arizona acusó a 212 migrantes por reentrar al país sin autorizaci­ón. De acuerdo con los documentos oficiales, el 80% de esos inmigrante­s indocument­ados que tienen cargos por el reingreso ilegal tienen también un récord criminal en este país; es decir, 180 de los detenidos. Los crímenes en su historial son, en la mayoría de los casos, relacionad­os con drogas; el segundo lugar, por conducir en estado de ebriedad, después la violencia doméstica.

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