La vi­da des­pués de la muer­te

¿Qué se­ría de no­so­tros si no mo­ri­mos nun­ca? ¿Te has pre­gun­ta­do qué hay más allá de la muer­te? ¿Hay re­en­car­na­ción, es de­cir, se pue­de na­cer en otro cuer­po pa­ra evo­lu­cio­nar?

TVNotas Especial Horoscopos - - LA EVOLUCIÓN DEL ALMA -

La muer­te es la en­se­ñan­za

maes­tra, es la cla­ve pa­ra en­ten­der el sen­ti­do de la vi­da y de la crea­ción, pues es la que mues­tra la po­si­bi­li­dad de en­trar a otras di­men­sio­nes, ni­ve­les de evo­lu­ción y es­pa­cio, no só­lo fí­si­co, ma­te­rial y tan­gi­ble, sino tam­bién

ener­gé­ti­co, in­ma­te­rial y atem­po­ral. To­do lo que nos ro­dea en la na­tu­ra­le­za na­ce y muere. Es ne­ce­sa­rio que la se­mi­lla se abra, eche raíz, pa­ra cre­cer y dar fru­to. Lo mis­mo ocu­rre con las es­ta­cio­nes del año, ca­da una se re­nue­va, pe­ro la raíz que les dio la vi­da, si­gue vi­va. Su­ce­de igual con los pla­ne­tas, es­tre­llas, es­pe­cies y po­bla­cio­nes en­te­ras. En el ca­so del ser hu­mano, nues­tra al­ma es la raíz y el cuer­po fí­si­co es el fru­to, de ma­ne­ra que lo que re­en­car­na no es el cuer­po, sino el al­ma, y el al­ma es nues­tra men­te, la cual per­ma­ne­ce en cons­tan­te evo­lu­ción. El al­ma-men­te siem­pre tras­cen­de­rá a la muer­te.

Lo que re­en­car­na no es el cuer­po, sino el al­ma, y el al­ma es nues­tra men­te.

POR: MÓ­NI­CA CAS­TI­LLA

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