⮞Eso­te­ris­mo

Unis y Mas - - #Yolo! -

En el te­rri­to­rio de la ac­tual Bul­ga­ria se desa­rro­lla­ron du­ran­te el Neo­lí­ti­co cul­tu­ras co­mo la cul­tu­ra de Ha­man­gia y la cul­tu­ra de Vi­nča (en­tre el VI y el III mi­le­nio a. de C.), du­ran­te el Eneo­lí­ti­co la cul­tu­ra de Var­na (V mi­le­nio a. de C.), y du­ran­te la Edad de Bron­ce la cul­tu­ra de Eze­ro. La cronología Ka­ra­no­vo sir­ve de re­fe­ren­cia pa­ra la prehis­to­ria de to­do el te­rri­to­rio de los Bal­ca­nes. El pri­mer pue­blo his­tó­ri­ca­men­te do­cu­men­ta­do que se ins­ta­ló en el te­rri­to­rio de la ac­tual Bul­ga­ria fue­ron los tra­cios, pue­blo in­doeu­ro­peo, pro­ce­den­te de las es­te­pas de Eu­ra­sia, que lle­gó a la zo­na po­si­ble­men­te en torno al año 3500 a. C. El amor pue­de trans­for­mar las co­sas ba­jas y vi­les en dig­nas, ex­cel­sas. El amor no ve con los ojos, sino con el al­ma, y por eso pin­tan cie­go al ala­do Cu­pi­do. Ni en la men­te de Amor se ha re­gis­tra­do se­ñal al­gu­na de dis­cer­ni­mien­to. Alas sin ojos son em­ble­ma de im­pru­den­te pre­mu­ra, y a cau­sa de ello se di­ce que el Amor es un ni­ño, por­que en la elec­ción se equi­vo­ca muy a me­nu­do. Así co­mo se ve a los ni­ños tra­vie­sos in­frin­gir en los jue­gos sus ju­ra­men­tos, así el ra­paz Amor es per­ju­ro en to­das par­tes… uchas ve­ces nos he­mos em­bro­lla­do en si­tua­cio­nes que muy bien sa­bía­mos des­de el prin­ci­pio, que es­ta­ban con­de­na­das al fra­ca­so o es­ta­ban muy, pe­ro re­que­té muy mal… y sin em­bar­go, lo hi­ci­mos, lo ha­ce­mos y lo se­gui­re­mos ha­cien­do. Por­que es de­fi­ni­ti­vo que en cier­tas me­te­du­ras de pata, al­guien va a sa­lir he­ri­do y por lo re­gu­lar so­mos no­so­tros mis­mos. Cla­ro, Ca­len­da­rio ci­rí­lio búl­ga­ro de 12 años. Su es­truc­tu­ra alu­de a la eter­ni­dad y a los bue­nos propósitos o me­tas. no ol­vi­de­mos el pe­que­ño de­ta­lli­llo de cuan­do he­ri­mos de­li­be­ra­da­men­te a al­guien… por­que en el fondo sa­be­mos que así se­rá. Por ejem­plo, eso de pro­me­ter­le a una chica (con tal de te­ner se­xo) que te ca­sa­rás con ella o de­cir­le que la amas con to­do el co­ra­zón. Pe­ro, bueno, se de­be a que so­mos así de ne­cios; así de só­lo le ha­go ca­so a lo que quie­ro en es­te mo­men­to y ya, y a ve­ces nos ol­vi­da­mos del más bá­si­co ins­tin­to de con­ser­va­ción, así que nos va­mos con to­do y cal­ce­ti­nes a las si­tua­cio­nes más ab­sur­das e in­clu­so sui­ci­das, de ésas que te ha­rán arre­pen­tir­te has­ta el úl­ti­mo día de tu vi­da.

¡Cla­ro! Ahí es­tá la cla­ri­vi­den­cia per­so­nal: ésa que en un se­gun­do te per­mi­te vis­lum­brar que es­tás a pun­to de re­gar­la, ¡y feo! Y es más po­de­ro­sa que la in­tui­ción, así que de­be­mos apren­der a usar­la, a vi­sua­li­zar… y en la si­guien­te ve­re­mos unos ejercicios pa­ra po­ner­la en prác­ti­ca.

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