ES­PE­CIAL HA­LLO­WEEN!

Unis y Mas - - Portada - Por Gaby Del Va­lle Es­cri­to­raGaby­de­lVa­lle15 gaby­del­va­[email protected]­mail.com

Me des­per­té sin­tien­do que al­guien ja­la­ba mi mano… abrí los ojos y ahí es­ta­ba yo mis­ma, su­je­ta con es­po­sas a una yo que me mi­ra­ba con ojos de odio. Sí era mi pro­pio ros­tro, pe­ro al­te­ra­do por al­go que ob­ser­vé de­te­ni­da­men­te: su ros­tro ce­trino, ca­da­vé­ri­co, los ojos tan ne­gros y so­bre to­do esa son­ri­sa cruel, ma­lig­na. Se acer­có a mí mos­trán­do­me los dien­tes, y sin de­jar de son­reír, se pu­so el de­do ín­di­ce en los la­bios, co­mo in­vi­tán­do­me a que me guar­da­ra si­len­cio; una pe­ti­ción inú­til, por­que yo es­ta­ba pe­tri­fi­ca­da por el te­rror que ese fal­so yo, me ha­cía sen­tir. Y en­ton­ces es­cu­ché su voz: “Lo de­jas­te ti­ra­do… y yo só­lo lo re­co­gí”. Me di­jo. Y me dio un fuer­te ti­rón, que me man­dó al pi­so, lo que me des­per­tó. La ex­pe­rien­cia fue ho­rri­ble, pe­ro más sus pa­la­bras; yo sa­bía que se re­fe­ría a al­go es­pe­cí­fi­co; a al­go que yo ha­bía des­cui­da­do y que me ha­cía sen­tir cul­pa­ble, y no po­día de­fi­nir­lo. Al día si­guien­te, otra vez me des­per­tó el ti­rón de las es­po­sas en mi mano y en la su­ya, só­lo que es­ta vez, mi yo se veía… co­mo un cadáver. “Así me voy a ver cuan­do mue­ra”- pen­sé con ho­rror, por­que la piel se des­pren­día de su ros­tro y ya no te­nía co­lor. La san­gre se es­tan­ca­ba en al­gu­nas par­tes, pe­ro la son­ri­sa per­ver­sa no des­apa­re­cía de su ex­pre­sión, y en­ton­ces lo su­pe, me acor­dé de mi no­vio con el que du­ré tres años y que lo de­jé por otra per­so­na. Ca­yó en un po­zo de vi­cios del que no tu­vo re­gre­so. ¿Aca­so ese yo mal­va­do vino a re­pro­chár­me­lo? No lo sé, pe­ro ja­más ol­vi­da­ré esa ho­rri­ble pesadilla.

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