Vanguardia - Circulo 360

Ser y hacer antes de creer.

¿Por qué debería ser tomado como osadía que expresara ideas sobre “algo” o “alguien” que la mayoría alaban y buscan?

- María Treviño

Este tema, a la par de la política, tiende a ser omitido para evitar posibles malos entendidos entre unos y otros, pues cada persona, al final del día, cree en el Dios que quiera creer; sin embargo, no es de mi parte un atrevimien­to escribir sobre este desafortun­adamente controvers­ial tópico, sino todo lo contrario. ¿Por qué debería ser tomado como osadía que expresara ideas sobre “algo” o “alguien” que la mayoría alaban y buscan? Sin faltar al respeto, sin quererlos hacer cambiar de opinión sobre algo tan personal y subjetivo, voy a hablar sobre la religión. Evitarme el escribir sobre esto sería como si ese ente fuese ajeno a mí misma y tuviese que pedirle permiso para actuar por “miedo” a su respuesta. Tal como lo escribió mi amado y brillante Julio Cortazar: “¿Por qué tan lejos de los dioses? Quizás por preguntarl­o”. Póngase cómodo, querido lector, que pretendo robarme su atención por un buen rato.

Existen actualment­e tantas religiones, regidas por Dioses aparenteme­nte diferentes, que para uno se ha vuelto una tarea complicada “elegir” cuál es “el mejor”. Y uno observa, pues los comportami­entos y creencias no son iguales entre sí, hasta que encuentra alguno del cual saberse protegido, sostenido y cuidado, llámese formalment­e Dios, Yahvé, Alá, Jehová, Buda, Cristo, sólo por mencionar algunos de una lista interminab­le. Así mismo, existe quien ha decidido no “necesitar” de una religión para saberse bien y/o amado, optando por creer en otras cosas, como el Cosmos, las energías, el Universo, la ciencia o en sí mismo. Es aquí donde caemos en una de las ironías más grandes del ser humano, ese que dice seguir los pasos de alguien que alguna vez predicó amor, respeto, compasión y bondad, pero que si ve a alguien que actúa o cree en algo distinto a su Dios, lo juzga y lo critica, además de que lo clasifica, pues es común que te hagan sentir como una “mala” persona cada vez que expresas que el Dios o la creencia que posees no es la misma que tienen los demás. ¿Dónde el respeto? ¿Dónde el seguimient­o del ejemplo del Dios que usted pretende imitar? Si los habitantes del mundo fuesen realmente religiosos, no existirían tales aberracion­es como las guerras, las prohibicio­nes y el maltrato entre semejantes, pues ninguno de los líderes religiosos y espiritual­es han predicado cosas fuera del amor y serían incapaces de ofrecer un lugar “en la gloria” con base en acciones que lastimaran a alguien o algo más.

Somos tan dados a categoriza­r todo y crear varias versiones de lo mismo que la verdadera esencia de la religión y de Dios se ha perdido con el tiempo. Si se ponen a pensarlo, los preceptos en todas las religiones son los mismos: amar, aceptar, apoyar, ayudar, dar, ser y crear. Viéndolo desde esta perspectiv­a, entonces, más que creer, se trata de actuar; se trata de ser ese “todo” con los demás, esas personas que coexisten contigo del diario y que habitan el mismo mundo. Se trata de encarnar a ese Dios, ente o ideología, tenga el nombre que tenga, pues sólo a través de usted se puede manifestar. Deberíamos ser, ante los ojos del mundo, la mejor versión de aquello que tanto atesoramos.

Querido lector, tal vez las creencias no son las mismas, tampoco los estilos de vida, pero nosotros sí. Si bien somos el reflejo de lo que pensamos, sentimos y creemos, yo le pregunto, ¿querría realmente su Dios que fuera usted por la vida perjudican­do a los demás?

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