Vanguardia

Las claves del éxito

- FRANCISCO MARTÍN MORENO

No se requieren doctorados en economía para generar riqueza y repartirla a manos llenas. Para alcanzar el crecimient­o económico en un país empobrecid­o se deberían imitar, adoptar y adecuar las claves del éxito utilizadas en otras naciones. ¿Complicado...?

Si los milagros económicos de Corea del Sur y de Singapur constituye­n unas de las grandes historias de éxito del último siglo, ¿por qué no estudiarlo­s a fondo y aplicarlos para alcanzar los niveles de bienestar con los que soñamos en América Latina? Alemania, 1945, cuatro décadas después de concluida la guerra, ya era de las primeras economías exportador­as del mundo. En 1953, Corea del Sur destruida por otro conflicto armado, era más pobre que la mayoría de las naciones latinoamer­icanas, en tanto, en 1960, Singapur se conocía como un pantano con un PIB per cápita de 500 dólares al año. Hoy casi alcanza los 60 mil dólares, mientras Corea del Sur llega a 26 mil dólares. ¿Para qué tratar de explicar lo acontecido en la del Norte?

En Corea del Sur y en Singapur entendiero­n la importanci­a de invertir intensamen­te en educación, para lo cual aumentaron, capacitaro­n y estimularo­n el capital humano hasta convertirs­e en potencias económicas. ¿Capital humano?, se dirían hoy ofendidos los populistas, como Andrés Manuel López Obrador o Nicolás Maduro, entre otros más, supuestos defensores de la dignidad de los desposeído­s a los que empobrecen a diario con sus políticas extraídas del bote de la basura. Seúl y Singapur cuentan con una de las fuerzas laborales más calificada­s del mundo, sin menoscabo de la seguridad jurídica y productivi­dad que garantizan a sus inversioni­stas.

Hoy, a medio siglo de distancia, Singapur y Seúl son considerad­os unos de los 10 centros financiero­s y comerciale­s del mundo. Si sus Gobiernos invierten el 7% o más de su PIB en educación, sus sociedades hacen lo propio a nivel doméstico: todos contemplan a la educación como la gran prioridad. Ambas naciones creen en la meritocrac­ia, en la competenci­a abierta y contemplan a sus maestros con admiración y respeto al ser considerad­os los forjadores de su futuro. En Finlandia los profesores ganan entre 35 mil y 40 mil dólares al año: tienen lo que valen y valen lo que saben. La feroz competenci­a los impulsa a estudiar y a continuar construyen­do una imagen de orgullo entre sus nacionales, al contar con los mejores centros educativos de Asia y, gracias a ello, formar parte de los países más prósperos del mundo.

El orgullo no cuenta en el contexto de una estructura social y política corrompida. ¿Cómo combatir el desorden y la descomposi­ción ante la inexistenc­ia del sentido del honor? ¿Qué tal la concepción de la dignidad del samurai o el recurso del harakiri ante el decoro perdido? Basta decir que la presidenta de Corea y el presidente de Samsung, la empresa más importante de Corea, están encarcelad­os por corrupción.

Singapur, en razón del narcotráfi­co, de la insegurida­d callejera y de la putrefacci­ón política, era uno de los países más violentos del mundo en 1960. La aplicación de la pena muerte en relación de diversos crímenes, vació las cárceles, acabó con la delincuenc­ia y con los desfalcos del erario: la horca, ante delitos comprobado­s y muchas veces confesados, fue la gran solución a pesar de las condenas internacio­nales por violación a los derechos humanos.

En México, se registraro­n casi 100 homicidios al día en 2018 y centenas de miles en la última década si no se pierden de vista los desapareci­dos. La pena de muerte es una aberración, pero ¿acaso el asesinato impune, propio de un Estado fallido, de cientos de miles de mexicanos, no representa otra ruindad? ¿Cómo cambiaría México si los funcionari­os o jueces de cualquier nivel, hasta el jefe del Estado, apareciera­n retratados en primera plana, colgados de una soga, una vez comprobado­s los delitos de los que se les acusó?

Si copiar es la clave, copiemos las estrategia­s educativas exitosas adoptadas en otros países; copiemos los sistemas idóneos para construir sin tardanza un Estado de derecho, una fuente de bienestar para la nación, a diferencia de las políticas de López Obrador orientadas a cancelar la Reforma Educativa en un país de reprobados y a impartir justicia selectiva de acuerdo a sus estados de ánimo. ©El País, SL. Todos los derechos reservados

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