2020 / 7

Vanguardia - - OPINIÓN -

¿Quién fue el pri­mer mi­gran­te en la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad? Si to­ma­mos co­mo his­to­ria y ori­gen de los tiem­pos a la Bi­blia, ese li­bro de li­bros, el pri­mer mi­gran­te fue Adán. Y cla­ro, Eva. Va­rón y va­ro­na. Al ser ex­pul­sa­dos por el Dios co­lé­ri­co al ha­ber fal­ta­do a su pro­me­sa de por­tar­se bien, fue­ron echa­dos del pa­raí­so. A la le­tra el Dios co­lé­ri­co di­jo lo si­guien­te en Gé­ne­sis: “A la mu­jer di­jo: mul­ti­pli­ca­ré en gran ma­ne­ra los do­lo­res de tus pre­ñe­ces; con do­lor da­rás a la luz los hi­jos. Y tu de­seo se­rá pa­ra tu ma­ri­do, y él se en­se­ño­rea­rá so­bre ti. / Y al hom­bre di­jo: por cuan­to obe­de­cis­te a la voz de tu mu­jer, y co­mis­te del ár­bol de que te man­dé di­cien­do: no co­me­rás de él, mal­di­ta se­rá la tie­rra por tu cau­sa; con do­lor co­me­rás de ella to­dos los días de tu vi­da. / Es­pi­nos y car­dos te pro­du­ci­rá, y co­me­rás plan­tas del cam­po. / Con el su­dor de tu ros­tro co­me­rás el pan has­ta que vuel­vas a la tie­rra, por­que de ella fuis­te to­ma­do; pues pol­vo eres y al pol­vo vol­ve­rás. / …Y lo sa­có Jeho­vá del huer­to del Edén…” (3. 16-23).

Va­ga­bun­dos, nó­ma­das. Des­de en­ton­ces, to­dos so­mos mi­gran­tes. Se ha con­ver­ti­do lo an­te­rior en un pro­ble­ma. Un se­rio pro­ble­ma que ace­cha a to­do el mun­do. Jus­to cuan­do ini­cia­lá­ba­mos es­ta sa­ga de tex­tos don­de me pro­pon­go po­ner­le a us­ted y a su jui­cio los te­mas de ini­cio de año (y pa­ra to­do el año) y un re­pa­so so­me­ro a los he­chos del año pa­sa­do, jus­to cuan­do se edi­ta­ron los dos pri­me­ros tex­tos, la his­to­ria nos al­can­zó de nue­vo. No po­cos co­men­ta­rios y apos­ti­llas re­ci­bí de us­ted, ama­ble lec­tor, co­men­ta­rios y pa­la­bras con res­pec­to a la opor­tu­ni­dad, di­cen los grin­gos, en la edi­ción y mo­ti­vo de es­tos tex­tos por­que us­ted lo sa­be, lo ha vis­to e in­clu­so no po­cas ve­ces lo ha pa­de­ci­do: ape­nas ini­cian­do año, otra vez mi­les de her­ma­nos cen­troa­me­ri­ca­nos y de otras na­cio­na­li­da­des se jun­ta­ron, hi­cie­ron lo que se lla­ma una ca­ra­va­na (rum­bo a EU) y se han en­fren­ta­do con la Guar­dia Nacional en los lí­mi­tes de Mé­xi­co y Gua­te­ma­la. La gran ma­yo­ría le­ga­les.

Lo an­te­rior se ha con­ver­ti­do en un gra­ve pro­ble­ma; pa­ra Mé­xi­co que de ini­cio An­drés Ma­nuel Ló­pez Obra­dor di­jo que el País era una na­ción de puer­tas abier­tas; lue­go, cuan­do se vi­nie­ron las amenazas de Donald Trump si Mé­xi­co no fre­na­ba es­te ti­po de mi­gra­ción ma­si­va, en­ton­ces AMLO re­cu­ló, ple­gán­do­se a lo que di­je­ra el hom­bre más po­de­ro­so del mun­do, Trump. ¿Qué ha­cer cuan­do la hu­ma­ni­dad no al­can­za pa­ra to­dos? El pro­ble­ma se mul­ti­pli­ca. Las ca­ra­va­nas su­man, se agi­gan­tan. Pe­ro, EU no los acep­ta. No los va acep­tar. Es su país pues, y tie­nen to­do el de­re­cho de ne­gar asi­lo. ¿Y las vi­ci­si­tu­des? Pues son pa­ra no­so­tros. Na­da más pa­ra em­pe­zar, van cier­tos y po­cos da­tos que us­ted ya co­no­ce: só­lo en Ro­sa­ri­to, Ba­ja Ca­li­for­nia, en 2019 fue­ron re­pa­tria­dos o re­gre­sa­dos 20 mil 400 ciu­da­da­nos de to­do el mun­do, no só­lo me­xi­ca­nos. Ojo con la can­ti­dad. ¿Qué hi­cie­ron, se re­gre­sa­ron a sus lu­ga­res de ori­gen?

ES­QUI­NA-BA­JAN

No. La gran ma­yo­ría se que­da­ron a vi­vir pa­ra vol­ver in­ten­tar ir­se de ile­ga­les a EU, en las plazas y pla­yas de Ro­sa­ri­to. Es de­cir, son una pro­ble­má­ti­ca so­cial. Vi­ven en la ca­lle, en plazas (ori­nan y de­fe­can al ai­re li­bre. Si los po­bres no tie­nen qué co­mer, me­nos van a te­ner di­ne­ro pa­ra pa­gar un sa­ni­ta­rio), en la pla­ya. No hay Ca­sa de mi­gran­tes en Ro­sa­ri­to co­mo en Tijuana (ca­sas y albergues ya sa­tu­ra­dos) y “se van asen­tan­do al pa­so de los me­ses y eso nos ha es­ta­do ge­ne­ran­do una pro­ble­má­ti­ca so­cial muy gran­de… deam­bu­lan en las ca­lles, se que­dan en par­ques y ave­ni­das”, lo an­te­rior en voz de su al­cal­de­sa, Ara­ce­li Brown. Por lo de­más, es­ta mis­ma di­ná­mi­ca y pro­ble­má­ti­ca so­cial se ma­xi­mi­za, por ejem­plo, en Ciu­dad Acuña y Pie­dras Ne­gras.

Se pue­de es­tar a fa­vor o en con­tra (en ho­nor a la ver­dad, es­te es­cri­tor aún al día de hoy no sa­be a cuál ban­do per­te­ne­cer) de la po­lí­ti­ca de in­mi­gra­ción de un país (ejem­plo, lo que aho­ra nos ata­ñe, la po­lí­ti­ca de EU en con­tra de los in­mi­gran­tes), pe­ro no po­de­mos de­jar de sos­la­yo la reflexión del ca­so y apor­tar un punto de exé­ge­sis. EU, sea­mos fran­cos, tie­ne a AMLO y to­do el País en su mano y pu­ño: nos tie­ne de los hue­vos.

En el li­bro de li­bros lla­ma­do la Bi­blia (si­go la tra­duc­ción de la “Bi­blia de Je­ru­sa­lén”) se lee en Deu­te­ro­no­mio 10, ver­sícu­los 14 al 22: “Mi­ra: de Yah­veh tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tie­rra y cuan­to hay en ella. Y con to­do, só­lo de tus pa­dres se pren­dó Yah­veh y eli­gió a su des­cen­den­cia des­pués de ellos, a vo­so­tros mis­mos, de en­tre to­dos los pue­blos, co­mo hoy su­ce­de... Dios es el Dios de los dio­ses y el Se­ñor de los se­ño­res, el Dios gran­de, po­de­ro­so y te­mi­ble, que no ha­ce acep­ción de per­so­nas ni ad­mi­te so­borno, que ha­ce jus­ti­cia al huér­fano y a la viu­da, y ama al fo­ras­te­ro, a quien da pan y ves­ti­do. Amad al fo­ras­te­ro, por­que fo­ras­te­ros fuis­teis vo­so­tros en el país de Egip­to”.

“Ama al fo­ras­te­ro”, pe­ro ca­ray, ¿có­mo ha­cer­lo cuan­do la vi­da real y nor­mal aprie­ta y du­ro en nues­tro tra­ji­nar dia­rio? No hay me­di­ci­nas pa­ra los en­fer­mos de cán­cer en ca­si to­do el País. Los otros “da­tos” de AMLO di­cen que sí, pe­ro en la vi­da real no hay me­di­ca­men­tos. La economía es ce­ro. Aho­ra con nú­me­ro: 0. La violencia es cruel y bes­tial y se re­cru­de­ció con AMLO en la pre­si­den­cia im­pe­rial. Una ca­tás­tro­fe. Ya con su ma­jes­tad de Ta­bas­co sen­ta­do, de­bi­da­men­te sen­ta­do, en su año de es­treno, hu­bo más asesinatos que en años de En­ri­que Pe­ña Nie­to, Fe­li­pe Calderón y Vi­cen­te Fox: se co­me­tie­ron 34 mil 588 asesinatos, mil 006 fe­mi­ni­ci­dios. ¿Sa­be us­ted cuál es la ta­sa de im­pu­ni­dad? 98.7 por cien­to, es de­cir, na­die es juz­ga­do, na­die va a la cár­cel. Y por si fue­ra po­co, an­te el éxo­do ma­si­vo de cen­troa­me­ri­ca­nos (no to­dos son una al­ma de Dios, co­mo los ven los mon­jes de­va­lua­dos de Pe­dro Pan­to­ja y Raúl Ve­ra), an­te la ola in­con­tro­la­ble y con el úni­co fin de com­pla­cer a Donald Trump…

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LE­TRAS MI­NÚS­CU­LAS

¿Sa­be qué les pro­me­tió AMLO? Di­ne­ro y 4 mil em­pleos (25 de enero). Puf.

JE­SÚS R. CEDILLO

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