LA MUER­TE EN TEO­TIHUA­CÁN

Vanguardia - - SEMANARIO -

En el Tem­plo de Quet­zal­cóatl se han en­con­tra­do gru­pos de en­tie­rros hu­ma­nos que ro­dea­ban el edi­fi­cio, in­di­vi­duos sa­cri­fi­ca­dos en un ritual que se ha re­la­cio­na­do con la agri­cul­tu­ra. To­dos los in­di­vi­duos hom­bres y mu­je­res te­nían las ma­nos ata­das a la es­pal­da y al­gu­nos lle­va­ban co­lla­res con pie­zas en for­ma de man­dí­bu­las. En el cen­tro del edi­fi­co se en­con­tra­ron al­re­de­dor de 20 cuer­pos que se­me­ja­ban un ver­da­de­ro tú­mu­lo fu­ne­ra­rio.

El ar­queó­lo­go Leo­pol­do Ba­tres en­con­tró res­tos óseos de in­fan­tes en ca­da es­qui­na de lo cua­tro cuer­pos de la Pi­rá­mi­de del Sol, ex­plo­ra­da por él a prin­ci­pios del si­glo XX.

En la Ciu­dad de los Dio­ses exis­tía un cul­to a los muer­tos ma­ni­fies­to en los en­te­rra­mien­tos con gran can­ti­dad de ofren­das y la re­pre­sen­ta­ción de dei­da­des de la muer­te, lo que nos ha­bla de una creen­cia en el más allá y de una vi­da des­pués de la muer­te.

En las se­pul­tu­ras teo­tihua­ca­nas los hue­sos apa­re­cen muy ra­ra vez en or­den anató­mi­co y la ma­yo­ría de las ve­ces fal­ta al­gu­na par­te del cuer­po.

El des­cu­bri­mien­to fre­cuen­te de hue­sos cha­mus­ca­dos y de ves­ti­gios car­bo­ni­za­dos de lo que se lla­ma el “far­do del mue­ro”, (el ca­dá­ver en­vuel­to en una mor­ta­ja se in­ci­ne­ra­ba con las ofren­das), con­fir­ma que en la Ciu­dad de los Dio­ses se acos­tum­bra­ba re­pe­tir la cre­ma­ción ar­que­tí­pi­ca en la que el Señor de Tu­la se trans­for­ma­ba en ener­gía lu­mi­no­sa.

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