Que­dan po­cos bar­be­ros tra­di­cio­na­les

Pri­me­ro fue­ron las es­té­ti­cas ‘uni­sex’ (en los años 80), aho­ra las Bar­ber Shop po­nen en ries­go de des­apa­re­cer a los pe­lu­que­ros tra­di­cio­na­les

Vanguardia - - PORTADA - CH­RIS­TIAN MAR­TÍ­NEZ

pa­ra lle­gar a ser bar­be­ro (pe­lu­que­ro, co­mo se les co­no­cía ha­ce dé­ca­das) pri­me­ro te­nías que lim­piar za­pa­tos. Así, po­co a po­co te ga­na­rías la si­lla en don­de te de­di­ca­rías a ra­su­rar y cor­tar el cabello. Así era el ofi­cio. Hoy, ha to­ma­do un gi­ro to­tal­men­te dis­tin­to.

Aún que­dan hom­bres quie­nes si­guen vi­vien­do de lo apren­di­do y han pre­sen­cia­do la trans­for­ma­ción de la ciu­dad jun­to con las mo­das y la cul­tu­ra. Tam­bién lle­van años fun­gien­do co­mo con­fe­so­res de sus clien­tes

Nin­guno de los tres en­tre­vis­ta­dos tie­ne na­da en con­tra de los nue­vos es­ti­los de bar­be­rías: “Ca­da quién ha­ce la lu­cha que pue­de”, di­cen.

ca­lle JUÁ­REZ

El lo­cal de don Jo­sé de la Cruz es el más pe­que­ño de los que vi­si­ta­mos. Un es­pe­jo, una si­lla an­ti­gua de bar­be­ro y una ca­jo­ne­ra en don­de guar­da ti­je­ras y cuel­ga má­qui­nas, son sus ins­tru­men­tos de tra­ba­jo. El papá de Jo­sé tra­ba­ja­ba co­mo mi­ne­ro en Real de Ca­tor­ce, San Luis Po­to­sí, ha­ce más de un si­glo. Allá lo­gró con­se­guir una má­qui­na con la que cor­ta­ba el cabello a sus com­pa­ñe­ros. Fue­ra de su casa, en aquel pue­blo, era co­mún ver una fi­la lar­ga de hom­bres lle­nos de car­bón. Co­bra­ba unos pe­sos ex­tras por es­ti­li­zar a sus co­le­gas. Ade­más de apren­der de su papá, tra­ba­jó va­rios años en Mon­te­rrey en una barbería. Cuan­do lo des­pi­die­ron por el cie­rre del ne­go­cio, le re­ga­la­ron la si­lla con la que aho­ra tra­ba­ja.

Lle­va más de 40 años en la ca­lle Juá­rez, me­tros an­tes de lle­gar a la ca­lle Ma­ta­mo­ros. To­dos los ve­ci­nos de la zo­na co­no­cen a don Pepe. Cor­ta el cabello y ra­su­ra la bar­ba y el bi­go­te.

“Ten­go 50 años de­di­cán­do­me a es­to. Em­pe­cé en Mon­te­rrey a los 21. Me vi­ne pa­ra acá. Aquí ten­go 46 años”, re­cuer­da.

“Papá me en­se­ñó, en mi pue­blo él cor­ta­ba el pelo. Un día vio una es­cue­la de barbería y me me­tió; an­tes no po­días de­cir­le que no a los pa­pás. Exis­tía mu­cho res­pe­to”, se­ña­ló don Pepe, quien aho­ra tie­ne di­fi­cul­ta­des pa­ra es­cu­char, a sus 84 años de edad.

pres­ti­gio. Fi­del Bus­tos tie­ne más de 60 años en el ofi­cio; en­tre sus clien­tes fi­gu­ra­ron Brau­lio Fer­nán­dez Aguirre y Ós­car Flo­res Ta­pia.

con­fian­za. Ade­más de cor­tar el pelo, los pe­lu­que­ros se con­vie­ten en con­fi­den­tes de sus clien­tes.

MA­NOS ex­per­tas De acuer­do con los en­tre­vis­ta­dos, que­dan úni­ca­men­te cinco bar­be­ros en todo Sal­ti­llo. La ca­lle de Vic­to­ria era en don­de ha­bía más sa­lo­nes de be­lle­za y bar­be­rías ha­ce dé­ca­das.

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