EL SI­LEN­CIO­SO ATA­QUE AL HÍGADO

La he­pa­ti­tis es una en­fer­me­dad si­mi­lar a la tu­bercu­losis o in­fec­ción por el VIH.

Frontera - Vida Sana GH - - VIRUS C MÁS COMÚN -

Al me­nos un 90% de la po­bla­ción me­xi­ca­na ha te­ni­do un ti­po de he­pa­ti­tis y no lo sa­be. De acuer­do con la Or­ga­ni­za­ción Mun­dial de la Sa­lud (OMS), cer­ca de 325 mi­llo­nes de per­so­nas pa­de­cen una in­fec­ción cró­ni­ca por el vi­rus de la he­pa­ti­tis B (VHB) o de la he­pa­ti­tis C (VHC) y mi­llo­nes co­rren el ries­go de que la in­fec­ción que su­fren evo­lu­cio­ne ha­cia la in­su­fi­cien­cia he­pá­ti­ca cró­ni­ca, el cán­cer o la muer­te.

La he­pa­ti­tis es una en­fer­me­dad si­mi­lar a la tu­bercu­losis o in­fec­ción por el VIH.

"Las he­pa­ti­tis vi­ra­les son una de las cau­sas prin­ci­pa­les de da­ño he­pá­ti­co en Mé­xi­co, al me­nos 9 de ca­da de 10 per­so­nas han te­ni­do he­pa­ti­tis A", afir­ma Lin­da Mu­ñoz Es­pi­no­sa, je­fe de la Uni­dad de Hígado del Hos­pi­tal Uni­ver­si­ta­rio.

"No hay una cul­tu­ra de cui­da­do, de­be­mos te­ner con­cien­cia y re­co­no­cer que es un pro­ble­ma real en el País y que te­ne­mos que ayu­dar a com­ba­tir­lo, y que sin sa­ber­lo po­de­mos ser por­ta­do­res y po­dría­mos es­tar po­nien­do en ries­go a las per­so­nas cer­ca­nas a no­so­tros".

La es­pe­cia­lis­ta ex­pli­ca que la he­pa­ti­tis es una in­fla­ma­ción del hígado cau­sa­da por vi­rus de he­pa­ti­tis o vi­rus he­pa­to­tro­pos que se alo­jan en el hígado co­mo un ór­gano blan­co.

"Exis­te el vi­rus A, que es be­nigno, el B,

C, D y E; de to­dos és­tos el que oca­sio­na le­sión cró­ni­ca y el más fre­cuen­te en nues­tra po­bla­ción es el C; des­pués le si­gue el B, que se pue­de aso­ciar con otros vi­rus que se lla­ma vi­rus D o Del­ta y es el úni­co de los vi­rus que pue­de ser pre­ve­ni­do con va­cu­na.

"El vi­rus C es el más fre­cuen­te por­que an­ti­gua­men­te ha­bía mu­chas trans­fu­sio­nes, ma­yor­men­te en mu­je­res y an­tes de los años 90 la san­gre no era se­gu­ra, por­que no se te­nían exá­me­nes o prue­bas de la­bo­ra­to­rio que nos per­mi­tie­ran de­tec­tar al­gu­nos vi­rus, que de los 90 pa­ra el día de hoy ya se de­tec­tan", ase­gu­ra.

Va­cu­nas

Una he­pa­ti­tis C sin otros fac­to­res pue­de tar­dar en­tre 20 y 30 años en ha­cer ci­rro­sis, pe­ro si se tie­nen otros fac­to­res de ries­go co­mo obe­si­dad o al­cohol se pue­de ace­le­rar el pro­ce­so.

De acuer­do con Lin­da Mu­ñoz Es­pi­no­sa, je­fe de la Uni­dad de Hígado del Hos­pi­tal Uni­ver­si­ta­rio, exis­te una va­cu­na des­de los 80 que se di­se­ñó con me­dios re­com­bi­nan­tes.

"Des­de 1999 es­ta va­cu­na es­tá in­clui­da en la car­ti­lla de los ni­ños, to­das las per­so­nas jó­ve­nes que na­cie­ron del 99 pa­ra acá ya es­tán pro­te­gi­dos con­tra la he­pa­ti­tis B; con­tra la he­pa­ti­tis C no hay va­cu­na", acla­ra.

"No es por res­pi­ra­ción, no es por dar la mano, no es por to­car a la per­so­na, es por con­tac­to con san­gre o re­la­ción se­xual. Se pue­den con­ta­giar de una he­pa­ti­tis A con el con­tac­to; la he­pa­ti­tis B se en­cuen­tra en se­men, ori­na y la sa­li­va; y la C en el mis­mo con­tex­to, pe­ro es más ries­go­sa", agre­ga Mu­ñoz Es­pi­no­sa.

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