Ha­cia un des­tino MíS­TI­CO

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Cuan­do de­ci­di­mos ha­cer es­te via­je, mi es­po­so y yo es­co­gi­mos los lu­ga­res en los que coin­ci­die­ran nues­tros in­tere­ses. En el ca­so de él, su hobby es la fo­to­gra­fía y las pe­lí­cu­las cor­tas, que dis­fru­tan sus 228 mil se­gui­do­res en @ The_Sk­y_Ex­plo­rer. A mí, con mi mar­ca de loun­ge­wear @Piu­li­festy­le, me apa­sio­na el uni­ver­so es­pi­ri­tual y la ar­te­sa­nía. Así pu­si­mos rum­bo a Cus­co y Ma­chu Pic­chu. En Cus­co, las rui­nas de Ollan­tay­tam­bo, en el Va­lle Sa­gra­do, fue­ron es­pe­cia­les. El cen­tro tex­til Away, en Chin­che­ro, me fas­ci­nó. Pa­sar la ma­ña­na con la co­mu­ni­dad de 40 mu­je­res que tra­ba­jan en la pre­ser­va­ción de téc­ni­cas ar­te­sa­na­les, de te­la­res he­chos de for­ma 100% na­tu­ral me hi­zo enamo­rar­me. Co­no­cer el pro­ce­so es maravilloso. Allí to­do es eco­ló­gi­co. Has­ta

el de­ter­gen­te que uti­li­zan pa­ra la­var las la­nas, lo ha­cen con raí­ces de yu­ca. Tam­bién hay que vi­si­tar la pla­za de ar­mas y la igle­sia de La Sa­gra­da Fa­mi­lia.

La pri­me­ra cruz ca­tó­li­ca que lle­gó a Amé­ri­ca La­ti­na es­tá allí. La mez­cla de ar­te ba­rro­co con in­fluen­cia cus­que­ña den­tro de la igle­sia es es­pec­ta­cu­lar. Unas de las ex­pe­rien­cias más ro­mán­ti­cas fue el via­je en el tren Hi­ram Bing­ham, de Cus­co a Ma­chu Pic­chu. Los pai­sa­jes en­tre las mon­ta­ñas y los pi­cos ne­va­dos son de sue­ño. El via­je es de 3 ho­ras y ofre­cen ape­ri­ti­vo y almuerzo, ro­dea­dos de ele­gan­cia y con­fort. En Ma­chu Pic­chu nos hos­pe­da­mos en el ho­tel In­ka­te­rra, en me­dio de la ve­ge­ta­ción y las mon­ta­ñas an­di­nas. Es un pa­raí­so de ca­ba­ñas

en me­dio de la na­tu­ra­le­za. El pue­blo de Ma­chu Pic­chu es muy especial por­que no lle­gan co­ches y ofre­ce una sen­sa­ción de au­ten­ti­ci­dad. El as­cen­so a la ciu­dad in­ca lo re­par­ti­mos en dos días. El pri­me­ro fue pa­ra te­ner la vi­sión de

un tu­ris­ta, con la ex­per­ta com­pa­ñía de una guía pro­fe­sio­nal. El se­gun­do día subimos so­los mi es­po­so y yo pa­ra ex­plo­rar. Nos sen­ta­mos a go­zar de las vis­tas y di­ge­rir la ener­gía, me­di­tar y, por su­pues­to, car­gar mis cuar­zos que com­pré en

reali­dad.· el mer­ca­do de Pi­sac. El la­go Ti­tica­ca fue otra pa­ra­da inol­vi­da­ble en un pe­ri­plo por des­ti­nos lle­nos de ener­gía, his­to­ria, le­yen­das, tra­di­ción, sa­bo­res ex­qui­si­tos

y es­pi­ri­tua­li­dad. Pe­rú fue un sue­ño he­cho

Va­le­rie Mat­tos pu­so proa a Cus­co y Ma­chu Pic­chu en bus­ca de vis­tas y es­pa­cios lle­nos de be­lle­za y MÍS­TI­CA, en las que en­con­tró tam­bién el po­der de las tra­di­cio­nes tex­ti­les an­ces­tra­les y vi­vió ex­pe­rien­cias de otra era co­mo el en­can­to y la ele­gan­cia con­for­ta­ble de los via­jes en TREN... Aquí nos com­par­te sus no­tas

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