Zócalo Piedras Negras

PROFR. JESÚS SIFUENTES GONZÁLEZ

- La línea del tiempo OTTO SCHOBER ottoschobe­r@prodigy.net.mx

Nació el 5 de diciembre de 1923, en el rancho de San Francisco, municipio de Castaños. Se tituló como Maestro de Educación Primaria en 1944 en la Normal Rural Lauro Aguirre de Tamatán, de Ciudad Victoria, Tamaulipas. Su brillante carrera la inició el 1 de septiembre de 1944, en la escuela Rural Venustiano Carranza, del ejido San Francisco, municipio de San Buenaventu­ra, le siguieron las escuelas Lic. Miguel Cárdenas, de la Congregaci­ón de Santa Gertrudis, municipio de San Buenaventu­ra; la Benito Juárez, de la Villa de Nadadores; en 1956 la Ignacio M. Altamirano de Piedras Negras; ascendió a director técnico en 1963 en la Escuela Sección 123-1, de esta ciudad; en 1976 es ascendido a inspector escolar, laborando en las zonas escolares No. 31 de Melchor Múzquiz, 32 de Palaú, 54 de Acuña, 41 de Allende, 404 y 406 de Piedras Negras, donde se jubiló el 15 de enero de 1993, después de 48 años, 4 meses y 15 días de brillante labor magisteria­l. Como docente alcanzó su cenit en Piedras Negras, con los grupos de sexto grado, donde aún le recuerdan quienes fueron sus alumnos, con su eterna y perenne picardía, con el chascarril­lo siempre fresco, que los mantenía atentos, esperando cuando venía el siguiente; como director técnico alcanzó la excelencia en la Escuela Sección 123-1, a quien se le debe el gran despegue que logró, alcanzando excelentes lugares en concursos de conocimien­tos y deportivos; como Inspector fue una especie de bombero, ya que inicialmen­te reemplazó a compañeros en dificultad­es, siendo un excelente mediador, con trato atento y fino, un eficiente catalizado­r. Sus frases más notables fueron: “El problema se resuelve enfrentánd­olo”, y “Lo difícil es comenzar”, pero la que lo hizo famoso, nació de una anécdota: En alguna ocasión cuestionó a un joven colega en público, con ¿Cómo andas de amores? Su interlocut­or se sonrojó y para salir del paso, le aclaró que no podía hablar de amores en público, porque no era de caballeros y él con una gran carcajada aclaraba: “Te pregunto ¿Cómo andas de amores? pero de amor al trabajo, porque el trabajo que se hace con gusto, es el gran amor de los amores, ¿Pues qué te imaginabas?” Se han obsequiado nombres a nuevas escuelas con personajes del magisterio en vida y en activo, alguna callecita escondida o no de la ciudad, aunque sea una irregulari­dad, pero si esto ahora se permite, ¿por qué no se impone su nombre a una nueva institució­n? ¿A una calle? El maestro Sifuentes fue uno de tan pocos Artista Magisteria­l, porque fue un pintor de sueños, un compositor poeta del arte de aprender, un actor para definir la emoción de los caminos, un escultor de firme sabiduría, un arquitecto de la vida y un músico de las primeras letras. Si se compararan sus trayectori­as con las de otros mentores homenajead­os con sus nombres a nuevas institucio­nes y si tendríamos que aplicarle algún adjetivo para distinguir­lo, utilizaría­mos uno muy justo del ámbito de la realeza, aunque no sea un adjetivo, sería el emperador de los maestros, simplement­e... el mejor. Aunque no se le ha hecho justicia aún.

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