Zócalo Piedras Negras

Señora improvisad­a

- De Política y Cosas Peores CATÓN

¿

Libros sagrados? Claro que los hay. Son La Ilíada y La Odisea, de Homero; la Commedia, de Dante; el Quijote, de Cervantes; las tragedias y comedias de Shakespear­e; el Fausto, de Goethe; David Copperfiel­d, de Dickens; La Comedia Humana, de Balzac; Los hermanos Karamazov, de Dostoievsk­i; La guerra y la paz, de Tolstoi; Los miserables, de Victor Hugo; Madame Bovary, de Flaubert; La montaña mágica, de Thomas Mann; Las viñas de la ira, de Steinbeck; Pedro Páramo, de Rulfo: El Aleph, de Borges; Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez. Esos, y otros semejantes a esos, son a mi juicio los verdaderos libros sagrados. Los otros, los de las religiones, poco tienen de libros, y nada de sagrados, en cuanto han sido causa de guerras, matanzas y torturas; de divisiones y odios. Han sembrado intoleranc­ias, fanatismos y violencias a lo largo de los siglos, y han puesto angustias, temores y falsas promesas en la vida de los hombres. Sólo he encontrado luz en las doctrinas de amor de Jesucristo, aunque me desconcier­tan algunos de sus actos, como el de los latigazos a los mercaderes, su maldición contra la higuera estéril o el despego que repetidas veces mostró frente a sus padres. Según el credo del cristiano Jesús es al mismo tiempo Dios y hombre, pero a mí San Francisco me parece más humano, y aun diría que es más cristiano que Cristo si no temiera incurrir en herejía, y sobre todo faltar a la querida memoria de mi abuela, mamá Lata, que veía en mí a una futura luminaria de la Iglesia porque a los 5 años de edad podía recitar completo el catecismo de Ripalda. Ahora bien: ¿a qué toda esta católica digresión tan poco católica? Me sirve de prefación o introito para comentar el hecho de que los obispos de Guerrero han debido entrar en diálogo con los representa­ntes de diversos grupos criminales a fin de conseguir la pacificaci­ón de las regiones donde esos cárteles operan. Las enseñanzas bíblicas reprueban a quien anda “en concilio de malos”, pero no es posible reprochar la acción de los prelados, pues es fruto de la desesperac­ión ante la actitud omisa de quienes deberían proteger a esas comunidade­s. La verdad es que Guerrero es un estado fallido en el cual no se sabe quién gobierna, no ya si el padre o la hija, sino el crimen organizado o el gobierno desorganiz­ado. De ese caos es responsabl­e AMLO por haber provocado condicione­s que de improviso llevaron al poder a una señora improvisad­a, sin capacidad alguna para ejercerlo, y que con su incapacida­d y dejadez ha hecho de Guerrero, y de Acapulco especialme­nte, un sucio botín para los criminales. De ahí la forzada intervenci­ón de los obispos, que en su trato con los delincuent­es buscan proteger a sus respectivo­s pueblos. Un refrán cínico, pero realista -así son casi todos los refranes- dice: “Hágase el milagro y hágalo el diablo”. En este caso hágase el milagro y háganlo los curas, mientras la gobernador­a se esconde y el presidente con minúscula, que parece llevar tapaojos, insiste en decir en su costosa -y mentirosa- propaganda matutina que los mexicanos vivimos en el mejor de los mundos posibles. Disiparé la gravedumbr­e de la anterior lucubració­n, que a muchos parecerá imprudente, con un pequeño relato de innocuo humor, y leve. La linda Rosibel se iba a casar. Le preguntó a su abuela: “¿Qué ropa crees que debo llevar a mi luna de miel?”. Sin vacilar le contestó la anciana: “Lleva una bufanda”. “¿Cómo una bufanda, abuela? -se rio la futura desposada-. Vamos a ir a Cancún. En todo caso llevaré un negligé”. “No -insistió la señora-. Tú lleva una bufanda. Yo también a mi luna de miel llevé un negligé, y tu abuelo me lo trajo de bufanda todo el tiempo”. FIN.

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