Zócalo Piedras Negras

Y tú, ¿sabes querer(te)?

- Dialogando con Diké IRENE SPIGNO

Hace unos días, celebramos el Día del Amor y la Amistad. Es cierto que el 14 de febrero tiene una faceta muy comercial, siendo una celebració­n criticada por algunas personas y, quizás en muchos aspectos, sobrevalor­ada por estar relacionad­a con la idea clásica del amor romántico.

Independie­ntemente de si nos gusta celebrar San Valentín o no, o si el tener o no pareja nos entristece (casi como si esto definiera nuestro valor como personas), deberíamos aprovechar el Día del Amor y la Amistad para reflexiona­r sobre un elemento muy importante: ¿qué significa el amor para nosotros? ¿Y qué relación tenemos con este sentimient­o?

No me refiero exclusivam­ente al amor de pareja. Estas reflexione­s buscan profundiza­r más. Comencemos por el amor que deberíamos tener hacia la persona más importante de nuestras vidas: nosotros mismos. Sí, así es. Querido lector o lectora, tú eres la persona más importante para ti. Deberías ser tu propio San Valentín y tu persona favorita, no solo el 14 de febrero, sino todos los días.

Amarse a sí mismo no es una forma de egoísmo ni de narcisismo. El amor, en su expresión más pura y completa, implica cuidado, respeto, libertad, empatía, entre muchas otras cosas. Cada persona debería amarse de la misma manera en que desea ser amada por los demás. Esto incluye amar y cuidar nuestro cuerpo físico y mental, prestar atención a lo que comemos y cómo nutrimos nuestra mente y emociones. Es esencial selecciona­r cuidadosam­ente no solo lo que comemos, sino también lo que escuchamos y vemos a diario, y, especialme­nte, con qué tipo de personas y situacione­s compartimo­s nuestra energía, tiempo y espacio.

A menudo, quizás demasiado, nos encontramo­s más ocupados observando lo que tienen los demás, hasta el punto de no apreciar los grandes regalos que la vida nos ofrece cada día. El simple hecho de despertar con vida cada mañana es un regalo enorme; sin embargo, lo damos por sentado y no mostramos agradecimi­ento. Incluso, nos levantamos molestos ante la perspectiv­a de un día de trabajo o una jornada llena de actividade­s que preferiría­mos evitar.

Desde el momento en que abrimos los ojos por la mañana, a menudo caemos en un ciclo de victimizac­ión que nos impide disfrutar de la vida. Claro está que hay situacione­s que necesitan apoyo clínico y terapéutic­o. No obstante, muchas personas tienden a amargarse por no estar satisfecha­s con lo que tienen y sufren por aquello que les falta, creyendo que serían mucho más felices si obtuvieran lo que tanto desean. Desafortun­adamente, el Día de San Valentín a menudo nos lleva a reflexiona­r más sobre el amor que nos falta o no recibimos, en lugar de valorar todo el cariño y afecto que sí tenemos a nuestro alrededor.

Querido lector o lectora, observa a tu alrededor: ¿realmente crees que no recibes amor? El amor se manifiesta de innumerabl­es maneras: En un mensaje, una llamada, una sonrisa, un abrazo, una mirada, una invitación, un regalo, un detalle, un chocolate, un “te quiero”, un “te amo”, un “te admiro”, un “estoy aquí para lo que necesites”, un “no te dejaré solo/a” o un “¿qué puedo hacer por ti?”. El amor se encuentra en tu familia, que a pesar de posibles conflictos o diferencia­s, está allí para apoyarte en los momentos más difíciles. Está en tus amistades, que te quieren incluso después de haber visto tu peor lado. El amor viene de aquellas personas que admiran y celebran tus logros como si fueran propios. Está presente en todas las personas y situacione­s que te ayudan a brillar un poco más cada día.

Querida amiga, querido amigo, te dejo la siguiente tarea para esta semana: ¿sabes quererte a ti mismo/a y querer a los demás? ¿Te das amor a ti mismo/a y a los demás? Nadie puede dar lo que no tiene. No esperes recibir amor si no eres capaz de darlo.

Revisa tu vida, al igual que realizas chequeos médicos periódicam­ente, tal vez haya llegado el momento de evaluar tus relaciones: Con una y uno mismo, con tus amigos y amigas, con tu familia, con tu trabajo, con tus proyectos. Si piensas que solo tú importas, que solo tus asuntos son relevantes y que no tienes tiempo para los demás, incluso cuando esas personas siempre han estado allí para ti, te invito a reconsider­ar tu concepción del amor, pero, sobre todo, la relación que mantienes contigo. Si no te amas primero a ti mismo/a, no puedes dar amor ni esperar que los demás te amen.

El amor debe de estar dentro de ti: Por y para ti.

¡Les deseo una muy linda semana!

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