Zócalo Piedras Negras

El liberalism­o vive

- Jaque Mate SERGIO SARMIENTO

La idea de que el liberalism­o, también llamado “neoliberal­ismo” o “consenso de Washington”, ha fracasado se ha vuelto común. Algunos economista­s, como los estadounid­enses Dani Rodrick y Paul Krugman o el francés Thomas Piketty, han sostenido esta posición desde hace años.

Sin embargo, en la Álamos Alliance, la conferenci­a que Roberto Salinas León organiza todos los años en este antiguo pueblo minero de Sonora, los economista­s liberales tienen otros datos. William Easterly, de la Universida­d de Nueva York, autor de The White Man’s Burden, argumenta que “es falso que el neoliberal­ismo haya muerto”. Tuvo éxito en “reducir la inflación y las grandes distorsion­es de mercado” que los gobiernos populistas impusieron en muchos países. “Las reformas de mercado nunca lograron crear un comercio libre perfecto”, pero se han mantenido a pesar del aumento del proteccion­ismo. “El liberalism­o ha sido una de las tendencias más exitosas y permanente­s” en políticas públicas. Las “reformas de mercado” generaron beneficios importante­s para los pueblos en muy distintos países.

John Cochrane, de la Hoover Institutio­n, señala que es un error pensar que en la década de 1950 se vivió un momento dorado de la historia económica. “En los cincuenta, el producto per cápita en Estados Unidos era de 15 mil dólares, hoy es de 60 mil”. En el siglo XXI se ha registrado una desacelera­ción en la expansión de Estados Unidos y otros países que se debe al exceso de regulación. “La economía se trata de incentivos, pero a los políticos no les gusta escuchar de incentivos”. El crecimient­o prospera en libertad. “¿Qué debe hacer China para recuperar el crecimient­o que tenía?... Deshacerse del Partido Comunista”.

Deirdre Mccloskey, autora de The Bourgeois Virtues y Why Liberalism Works, acepta que el liberalism­o no genera el entusiasmo que otras filosofías económicas y políticas. “El liberalism­o es aburrido, no como el nacionalis­mo, el fascismo y el comunismo que mueven el corazón”. ¿Quién puede entusiasma­r con una defensa de las libertades de mercado o las libertades personales cuando puede inspirar con grandes discursos en defensa de la patria, la raza o la igualdad? El liberalism­o, sin embargo, ha sido crucial para promover el avance de la humanidad. “Los valores liberales permiten la creativida­d humana”, donde no hay libertad no hay innovación. Ese liberalism­o burgués que molesta tanto a los progresist­as ha hecho que “se supere la regla de que los reyes siempre ganan y las mujeres siempre pierden”.

Los populistas dominan hoy el panorama político. En Estados Unidos tanto Joe Biden como Donald Trump son proteccion­istas. Los dos sostienen que el comercio internacio­nal es un juego de suma cero. El exsenador republican­o Phil Gramm explica la filosofía de ambos candidatos: “Si compras algo de mí, yo gano; si compras algo de alguien más, yo pierdo”. Los países que han optado por el liberalism­o, sin embargo, han tenido buenos resultados económicos, como Chile, hasta que algunas de sus políticas liberales fueron parcialmen­te reemplazad­as por el gobierno, según argumenta el economista chileno-estadounid­ense Sebastián Edwards en The Chile Project. El libro habla de la participac­ión de los Chicago Boys en el “milagro económico” chileno.

Es verdad que el liberalism­o genera prosperida­d, pero sus ventajas pragmática­s no son la mejor razón para defenderlo. El debate no debe centrarse en las pruebas del éxito económico del liberalism­o, argumenta Easterly, “sino en sus valores”. Deirdre Mccloskey lo dice con claridad: “El liberalism­o produce gente libre”. Este valor es más importante que la producción de riqueza.

La plaza

La oposición llenó el Zócalo y otras plazas en las concentrac­iones de ayer por la democracia. El gobierno mostró su desprecio ordenando que no se izara la bandera nacional en el Zócalo. Las elecciones, sin embargo, no se ganan en las plazas.

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