UN RE­PA­SO POR LAS BO­DAS MÁS CÉ­LE­BRES DE LA RE­GIÓN CEN­TROA­ME­RI­CA­NA

Max La­ca­yo y Lau­ren Law­son, Ale­xia Uriarte y Vi­ni­cio Ruiz, Ida­re­la Álvarez y Ma­riano Es­tra­da, Stephanie Ze­la­ya y Ri­car­do San­ti­zo, Ve­ró­ni­ca Es­té­vez y Hel­mut de Puy

Hola Nicaragua - - Contenido - Tex­to y fo­to­gra­fías: AR­CHI­VO ¡HO­LA!

MAX LA­CA­YO Y LAU­REN LAW­SON

La bo­da de Lau­ren Law­son y Max La­ca­yo fue la bo­da que ca­da jo­ven sue­ña, co­mo ese cuen­to de ha­das con que cre­ce­mos. Max La­ca­yo apues­to, pro­fe­sio­nal y Lau­ren, be­llí­si­ma, pro­fe­sio­nal, or­ga­ni­za­da, jó­ve­nes ro­mán­ti­cos que de­ci­die­ron dar un pa­so im­por­tan­te: unir sus vidas en ma­tri­mo­nio. Des­de las in­vi­ta­cio­nes de bo­da has­ta los de­ta­lles pa­ra los in­vi­ta­dos ex­tran­je­ros, to­do fue par­te de una pla­nea­ción que ini­ció el día que se com­pro­me­tie­ron. Lau­ren es sú­per or­ga­ni­za­da y eso se no­tó en ca­da pin­ce­la­da de los pre­pa­ra­ti­vos. Más de cua­tro­cien­tos in­vi­ta­dos fue­ron tes­ti­gos de una bo­da ima­gi­na­da en to­dos los por­me­no­res, en la que los no­vios se preo­cu­pa­ron de ca­da de­ta­lle y de que ca­da in­vi­ta­do dis­fru­ta­ra al má­xi­mo to­dos los mo­men­tos que trans­cu­rrie­ron en la ce­re­mo­nia. La ce­na de en­sa­yo, el ri­to re­li­gio­so, la re­cep­ción y el Sun­day Fun­day fue­ron par­te de una idea­da e ilu­sio­na­da bo­da, crea­da co­mo el even­to más lin­do del mun­do. Ca­da de­ta­lle tie­ne una re­la­ción con la vi­da de los no­vios y sus fa­mi­lias. La can­ción de los no­vios: “Tu amor eterno” de Car­los Vi­ves, más ro­mán­ti­co, im­po­si­ble. ALE­XIA URIARTE Y VI­NI­CIO RUIZ

“Vi­ni­cio me da mu­cha paz, tie­ne un co­ra­zón enor­me y es mi apo­yo in­con­di­cio­nal” nos co­men­ta­ba Ale­xia Uriarte, la re­co­no­ci­da fo­tó­gra­fa cos­ta­rri­cen­se en una en­tre­vis­ta pre­via. Hoy nos ha­bla en ex­clu­si­va del mo­men­to más fe­liz de su vi­da, su bo­da con Vi­ni­cio Ruiz, un en­la­ce que aca­pa­ró la atención de las re­des so­cia­les por su ro­man­ti­cis­mo y buen gus­to. Una fin­ca en Ala­jue-

la fue el es­ce­na­rio per­fec­to pa­ra lle­var aca­bo el en­la­ce que reunió a in­vi­ta­dos de Ni­ca­ra­gua, Ecua­dor, Co­lom­bia y Eu­ro­pa. Ale­xia abrió su co­ra­zón a ¡HO­LA! pa­ra re­ve­lar­nos las anéc­do­tas, los de­ta­lles y los mo­men­tos más inol­vi­da­bles de es­ta lla­ma­ti­va ce­le­bra­ción.

—¿Cuál es el re­cuer­do más lin­do que te­nés de la bo­da?

—Hu­bo dos mo­men­tos muy im­por­tan­tes. El pri­me­ro, cuan­do iba con mi pa­pá ca­mino ha­cia la igle­sia, me to­mó la mano y no me la sol­tó en to­do el tra­yec­to. No­so­tros te­ne­mos una re­la­ción muy lin­da y ese via­je fue muy emo­ti­vo. El se­gun­do fue cuan­do ca­mi­na­ba ha­cia el al­tar, sen­tí una ex­plo­sión de fe­li­ci­dad, pen­sé que se me iba a sa­lir el co­ra­zón, ¡no lo po­día creer! IDA­RE­LA ÁLVAREZ Y MA­RIANO ES­TRA­DA Ro­sas ro­jas y can­de­la­bros blan­cos die­ron la bien­ve­ni­da a los in­vi­ta­dos a la so­ña­da bo­da en­tre Ma­riano e Ida­re­la, quie­nes co­men­za­ron su his­to­ria de amor en Ni­ca­ra­gua y fue se­lla­da con un gran ¡Sí quie­ro! en la Igle­sia Nues­tra Se­ño­ra del Sa­gra­do Co­ra­zón en El Ha­ti­llo, en Te­gu­ci­gal­pa, Hon­du­ras. Fue una de las bo­das más ro­mán­ti­cas que se han vi­vi­do en la ciu­dad ca­pi­tal, por lo que ¡HO­LA! no qui­so per­der la opor­tu­ni­dad de re­cor­dar­la y co­no­cer par­te de es­te even­to tan im­por­tan­te pa­ra los no­vios.

—Ida­re­la, cuén­ta­nos un po­co có­mo se co­no­cie­ron.

—Fue en el ve­rano del año 2011. Es­ta­ba vi­si­tan­do a mi me­jor ami­ga de la uni­ver­si­dad en Ni­ca­ra­gua y de­ci­di­mos ir a un

«Por aho­ra los dos es­ta­mos muy con­cen­tra­dos en nues­tras ca­rre­ras, tran­qui­los y dis­fru­tan­do ca­da día de es­ta eta­pa»

bar en la pri­me­ra no­che de mi es­ta­día en el país, ese fue el día en el cual co­no­cí a Ma­riano. Él era ami­go de mi ami­ga y des­de esa no­che hu­bo una atrac­ción que no pu­di­mos, ni qui­si­mos, evi­tar. Co­men­za­mos una re­la­ción que siem­pre fue de le­jos, por­que es­tu­diá­ba­mos en uni­ver­si­da­des di­fe­ren­tes, yo en Tri­nity, en San An­to­nio y él en No­tre Da­me, In­dia­na; pe­ro Ma­riano, que me vi­si­ta­ba muy se­gui­do, se en­car­gó de que to­do fun­cio­na­ra per­fec­ta­men­te. Lue­go nos gra­dua­mos y nos to­có tra­ba­jar en paí­ses di­fe­ren­tes, él en Los Án­ge­les y yo en Pa­na­má, pe­ro igual hi­ci­mos to­do lo ne­ce­sa­rio pa­ra que el noviazgo fun­cio­ne. Creo que to­do eso ayu­do a que Ma­riano de­ci­die­ra dar el si­guien­te pa­so. ¡Ca­sar­nos! STEPHANIE ZE­LA­YA Y RI­CAR­DO SAN­TI­ZO “Nun­ca ol­vi­da­ré la mi­ra­da de Ri­car­do fren­te al al­tar di­cién­do­me sus vo­tos” La his­to­ria de amor de Stephanie y Ri­car­do em­pe­zó ha­ce más de ocho años. “To­dos nues­tros ami­gos nos mo­les­tan con­que lle­va­mos to­da la vi­da juntos, por­que la ver­dad es que nos co­no­ci­mos muy pe­que­ños. Creo que eso nos ha da­do opor--

«To­dos nues­tros ami­gos nos mo­les­tan con­que lle­va­mos to­da la vi­da juntos, por­que la ver­dad es que nos co­no­ci­mos muy pe­que­ños. Creo que eso nos ha da­do opor­tu­ni­dad de ma­du­rar, cre­cer, com­par­tir nues­tros sue­ños» Stephanie Ze­la­ya

tu­ni­dad de ma­du­rar, cre­cer, com­par­tir nues­tros sue­ños y for­mar­nos co­mo per­so­nas, uno al la­do del otro. Ha si­do una aven­tu­ra real­men­te in­creí­ble”, co­men­ta Stephanie.

Hoy ella es una re­co­no­ci­da can­tau­to­ra y él Con­su­mer Mar­ke­ting Ma­na­ger en Nestlé. A pe­sar de pa­sar al­gu­nos pe­río­dos dis­tan­cia­dos por ra­zo­nes la­bo­ra­les, con­si­guie­ron for­mar una re­la­ción só­li­da, lin­da y úni­ca, asen­ta­da en el apo­yo, el res­pe­to y la con­fian­za. Re­cien­te­men­te es­ta pa­re­ja de enamorados ce­le­bró la unión de­fi­ni­ti­va de sus ca­mi­nos: su bo­da. Así que, con mu­cha ale­gría e ilu­sión, le abrie­ron sus corazones a ¡HO­LA! pa­ra re­ve­lar­le en ex­clu­si­va los de­ta­lles de uno de los ca­pí­tu­los más es­pe­cia­les de sus vidas y de lo que es­tán pro­yec­tan­do pa­ra su fu­tu­ro. VE­RÓ­NI­CA ES­TÉ­VEZ Y HEL­MUT DE PUY Se co­no­cie­ron en una fies­ta de un ami­go en co­mún y, en una ame­na char­la ma­ti­za­da con ri­sas am­bos, sin sa­ber­lo aún, se fle­cha­ron. Al her­mo­so noviazgo le si­guió la bo­da ci­vil el 28 de enero en la Te­rra­za del res­tau­ran­te Ma­ko­to. El en­la­ce ecle­siás­ti­co de la jo­ven pa­re­ja lo reali­zó el Re­ven­do Pa­dre Javier Bár­ce­nas, quien es ca­si par­te de la fa­mi­lia de la no­via, en la Pa­rro­quia San Fran­cis­co de Asís de la Ca­le­ta el vier­nes 7 de abril, una fe­cha que se­rá inol­vi­da­ble pa­ra am­bos. Pos­te­rior­men­te, jun­to a fa­mi­lia­res y ami­gos, dis­fru­ta­ron a más no po­der la re­cep­ción rea­li­za­da en el sa­lón Las Per­las del Club Unión.

—Ma­ría Ve­ró­ni­ca, ¿Có­mo fue la pro­pues­ta de ma­tri­mo­nio? ¿La es­pe­ra­bas?

—No, no la es­pe­ra­ba. Es­tá­ba­mos de via­je en Gre­cia con unos ami­gos y lue­go de 10 días fui­mos a Pa­ris. Lo úni­co que me pa­re­cía ra­ro era que Hel­mut tran­ca­ba la ma­le­ta y se fi­ja­ba ca­da cin­co mi­nu­tos si te­nía el can­da­do . Des­pués de 15 días de ver­lo tran­can­do la ma­le­ta, me di­jo que ma­ta­ba por su­bir­se a un glo­bo ae­ros­tá­ti­co. El úl­ti­mo día del via­je ha­bía pla­nea­do pe­dir­me la mano en un glo­bo. El 16 de Agos­to del 2016, me­dia ho­ra des­pués de es­tar en el ai­re, me sor­pren­dió, yo creía que es­ta­ba so­ñan­do.

«Nun­ca al­guien me ha­bía im­por­ta­do tan­to co­mo tú», así de­fi­nen su re­la­ción Ma­ría Ve­ró­ni­ca y Hel­mut

Llo­ró, tal y co­mo le pre­di­je­ron, cuan­do en­tró a la igle­sia y vio los ojos de su pa­dre. Es­cu­char la can­ción “Por mil años más” y su ves­ti­do de en­sue­ño, hi­zo que las lá­gri­mas de emo­ción sa­lie­ran a

flo­te

Con un es­pec­ta­cu­lar di­se­ño de Vera Wang, una fies­ta con más de 300 in­vi­ta­dos y un día lleno de sor­pre­sas y emo­cio­nes, los no­vios ce­le­bra­ron por lo al­to el día más im­por­tan­te de

sus vidas.

Ro­sas ro­jas y can­de­la­bros blan­cos die­ron la bien­ve­ni­da a los in­vi­ta­dos a la so­ña­da bo­da en­tre Ma­riano e Ida­re­la, quie­nes co­men­za­ron su his­to­ria de amor en Ni­ca­ra­gua y fue se­lla­da con un gran ¡Sí quie­ro! en la Igle­sia Nues­tra Se­ño­ra del Sa­gra­do Co­ra­zón en El Ha­ti­llo, en

Te­gu­ci­gal­pa, Hon­du­ras.

Se co­no­cie­ron en una fies­ta de un ami­go en co­mún y, en una ame­na char­la ma­ti­za­da con ri­sas am­bos, sin sa­ber­lo aún, se fle­cha­ron. Al her­mo­so noviazgo le si­guió la bo­da ci­vil el 28 de enero en la Te­rra­za del res­tau­ran­te Ma­ko­to.

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