El Siglo

Largó a su hijo y se quedó con un chulo

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Durante dos años, Ana se hizo cliente de un taxista, quien todas las mañana la llevaba a una de las estaciones del Metro, para que fuera a su trabajo. En esa frecuencia del servicio, el taxista quedó tirándole los perros a Ana, hasta que llegaron a concretar una relación sentimenta­l.

El proceso de conocerse fuera del transporte colectivo al parecer fue tomado muy en cuanta por aquella mujer, pues en ese corto tiempo se llevó al conductor a vivir a su casa.

Todos los familiares de Ana quedaron boquiabier­tos, ya que su pareja anterior era un ingeniero, y después decidió meterse con un taxista. El amorío le agradó mucho menos a los hijos de ella, uno mayor de edad y dos menores.

En la convivenci­a familiar el hijo mayor de Ana le fue pelando el ojo al asunto y sospechaba que algo no andaba bien, a los meses descubrió que el taxista se aprovechab­a de la casa y de todo lo que le podía ofrecer su madre, por lo que siempre le reclamó que cuándo lo largaría de esas cuatro paredes. Un buen día el muchacho se cansó de ver la frescura de su padrasto, pues a pesar de sus carreras no aportaba nada. Fomentó una pelea, donde el taxista terminó con la cabeza rota, la mujer logró frenar el enfrentami­ento y llevó a su marido en busca de atención médica, de regreso a su hogar largó a su hijo de la casa.

Por tal acto considerad­o por el joven como una brutalidad, al preferir su madre a un hombre que acaba de conocer, tuvo un gran resentimie­nto.

Ana, por más que sus familiares la aconsejaro­n no entró en razón, más se aferró a la juventud del hombre, a pesar de no suplirle ninguna de sus necesidade­s, más aún que quedó sin trabajo. Es tanto el embobamien­to, mantiene a su hombre de la pensión de sus hijos menores. De lo único que se beneficia es de los mandados que la lleva hacer en el taxi.

El taxista se convirtió en el chulo de su ex cliente, ninguno de los familiares soportan al bandido, pero Ana está feliz viviendo un cuento de hadas, así sea que se acueste con el estómago vacío.

El hijo de Ana, no se quedó de brazos cruzados, por lo que emprendió una investigac­ión con los amigos. Descubrió que lo que el taxista gana en su carreras y que le dice a su mamá que no tiene, se lo gasta con otra mujer. Al joven no le alegró lo que descubrió, pero se lo deja al destino, para que su madre lo descubra por cuenta propia. No le perdona que prefirió a un chulo.

Ana se aferró a un taxista, echando en saco roto los consejo de sus familiares, al punto que, prefirió que su hijo se fuera de la casa.

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