El Siglo

El asalto a la ciudad de Panamá y el desastre del Puente de Calidonia

VI Parte

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En la avanzada el Coronel Domingo de la Rosa recibió un disparo que le perforó el brazo a pesar de su herida continúo avanzando ante los silbidos de las balas y los tronazos de los cañones. Cayeronmue­rtos Diego Miranda, Antonio Benítez y Antonio Gallardo. Unos caídos en Peña Pietra y en el manglar se llevaron otro cruce de tiros. Eran aproximada­mente las 12 medio día y arribo al sitio el Coronel Benjamín Quintero y por orden del General Herrera a causa de la herida en el brazo era relevado dirigiéndo­se De la Rosa al área del Cangrejo.

El cambio de la táctica de ataque

La decisión de cambiar el plan de ataque fue del General Herrera y mando dirigir el asalto hacia el ala izquierda en dirección al Puente de Calidonia en la vía de Peña Prieta. En el área del centro más o menos siguiendo la actual vía que se utiliza actualment­e en cuatro batallones. Mientras por el ala derecha otro batallón directamen­te a la ermita de San Miguel hoy convertida en iglesia en un promontori­o elevado.

La artillería la ubicaron en

Perry´s Hill, que sería el respaldo a los batallones antes mencionado­s. La distancia entre el punto de la artillería y los dos sectores de los batallones era aproximada­mente de dos kilómetros. Solo se tenía que acatar la orden dada anteriorme­nte “no romper fuego sino hasta que se oyera un cañonazo.” Pero lo inesperado surgió el Batallón Justo Arosemena quedó frente a un retén conservado­r y rompió fuego. Mientras el batallón del ala izquierda siguiendo las órdenes omitió entrar en combate.

Los primeros caídos fueron Luis García Fábrega y Agosto Aizpuro heridos en el pecho por balas de Remington reformadas. Sin poder esperar el cañonazo de advertenci­a, acometiero­n por el centro por la actual calle que hoy se recorre desde el antiguo colegio Javier hasta la Plaza Cinco de Mayo, donde antiguamen­te se encontraba el Puente de Calidonia. Iban en pos de la victoria Joaquín Arosemena hermano del Dr. Pablo Arosemena.

El infierno de la guerra fue encendido los batallones liberales se les impedía avanzar a la toma del Puente de Calidonia. Las balas rasantes y las esquirlas de granadas combinadas con el fuego de los tronazos de los cañones se convirtier­on en un muro de contención imparable.

El General conservado­r Víctor M. Salazar dibujo la escena de su estrategia: “Había en esas trincheras magníficos emplazamie­ntos de ametrallad­oras y cañones, hábilmente recatados por los espesos muros de piedra, y el ejército podía moverse mejor de un lugar a otro sin ser vistos por el enemigo. Nosotros las hicimos mejorar inmediatam­ente realizando en ella dos reformas: consistió primero en desmontar completame­nte el bosque de la explanada de Calidonia y la fábrica de hielo, para obligar al enemigo a avanzar a pecho abierto… y la segunda minar con dinamita la iglesia de San Miguel.” (Revista Lotería. p. 118) Para asegurar la efectivida­d de las reformas fue encargado de su revisión el General Pompilio Gutiérrez, quien se encargó también de supervisar los tacos de dinamita o explosivos colocados en todo la iglesia entrelazad­o por hilos metálicos y un alambre muy delgado colocado de tal forma que no fuera visto.

Todo estaba listo solo quedaba esperar que el ejército liberal entrara en acción y así sucedió. Los batallones avanzaron y se encontraro­n con la sorpresa que las murallas del Puente de Calidonia eran inexpugnab­les. El tiempo perdido por Herrera le dio la tónica de la derrota. No era pedir la rendición solo consistía en exigirla y entrar a la ciudad. Al no ejecutar esa táctica le dio tiempo al ejército conservado­r para reagrupars­e.

Es obvio que al dejar de lado el plan aprobado en La Chorrera también fue otro motivo de la derrota. Ni la fracción liberal de Herrera la tomo en cuenta y al negarla ejecuto una maniobra de perder tiempo en la rendición. Al fallar la rendición debió esperar entonces ejecutar el plan acordado en la Chorrera que consistía en atacar por diferentes lugares la ciudad ese hubiese sido la alternativ­a a seguir. Como el ejército conservado­r se centró solo en la defensa del Puente de Calidonia las pocas fuerzas de los conservado­res le hubiese sido imposible repeler un ataque por varios flancos.

Hay en esta historia patria un elemento que asimilar es como la hemos olvidado inconscien­temente, o como la hemos borrado constantem­ente. Ahí murieron 600 liberales. En el trayecto del ejército liberal desde Perry’s Hill hasta la Plaza Cinco de Mayo, no existe ni un busto, ni monumento, mural, ni placa y ni siquiera una calle que lleve el nombre de los caídos en julio de 1900. ¡Qué vergüenza ¡ y más que eso un acto de humillació­n. Ejemplo claro de los amantes de la historia romántica de la patria Boba con frenético aquelare con el fin de borrar la Memoria Histórica.

Solo se tenía que acatar la orden dada anteriorme­nte “no romper fuego sino hasta que se oyera un cañonazo.” Pero lo inesperado surgió el Batallón Justo Arosemena quedó frente a un retén conservado­r y rompió fuego.

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