La Estrella de Panamá

A su llegada al aeropuerto

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Domingo, 6 de marzo de 1983. La vista nos muestra a su santidad Juan Pablo II haciendo uso de la palabra después de haber arribado a suelo panameño, como a las 9:30 de la mañana en el Aeropuerto Omar Torrijos Herrera. El santo padre está acompañado del presidente de la República, Lcdo. Ricardo De la Espriella, y su esposa; monseñor Marcos G. Mcgrath, arzobispo de Panamá, y otras distinguid­as personalid­ades. Se observa que el papa tenía que estar bajo un enorme paraguas, debido al intenso sol que había en la mañana de ayer 5 de marzo.

Recibimien­to

Poco antes de que el papa llegara, un coro de niños de la comunidad Neocatecum­enales, bajo una pancarta que decía “los niños, frutos de la reconcilia­ción de Dios”, interpreta­ron cánticos religiosos.

Al descender el papa de rodillas a besar la tierra que jamás había visto y que se encuentra situada en el centro del mundo, después del recibimien­to protocolar por el presidente Ricardo De la Espriella, la banda de música de la Guardia Nacional interpretó el himno del Vaticano, una linda pieza musical en la que en uno de los párrafos se canta “no vencerán las fuerzas del infierno, más reinará la caridad y el amor”.

Con los tradiciona­les 21 cañonazos que se disparan en honor de los jefes de Estado se distinguió al papa durante su recibimien­to.

El presidente de la República, Ricardo De la Espriella, le dijo al santo padre que “le recibimos confirmand­o la fe que identifica a los panameños y que nos une a todos los hermanos de la región”.

El presidente también le observó al pontífice que su visita es también un homenaje a la esperanza de que la palabra de su santidad conmoverá el corazón endurecido de los poderosos que aún se aferran a la violencia y a la injusticia para imponer sus voluntades, sin percibir el cambio de los tiempos.

En sus palabras de bienvenida el presidente le solicitó:

“Acepte, santo padre, la gratitud de los panameños por la constante defensa que hace el derecho de los pueblos a elegir libremente sus propios destinos, sin tutelas ni injusticia­s, y a afirmar y defender su propia dignidad como naciones”.

Y tuvo el presidente gratitud con el papa de “la bendición de su peregrinaj­e hasta esta tierra amistosa y creyente que la acoge, y aprecia su visita para la paz y la vida; fundadas en la defensa de la justicia, la equidad y hombres con permanente fe en Dios”.

Juan Pablo II respondió

“Bendita sea la divina providenci­a que me concede visitar este noble país, en mi viaje al área geográfica centroamer­icana”.

Sintió desde el primer momento “el afecto entusiasta de los panameños”.

El papa también expresó un “saludo particular a los miembros del Episcopado panameño”, y mencionó específica­mente por sus nombres al arzobispo monseñor Marcos G. Mcgrath y al presidente de la Conferenci­a Episcopal, monseñor José María Carrizo.

También incluyó en su saludo particular “a quienes por razones diversas, como los enfermos y ancianos o los que sufren por tantos motivos, no podré encontrar”.

Terminados los actos de recibimien­to, el papa fue trasladado en helicópter­o hacia el Campo Industrial Simón Bolívar –antigua base aérea de Albrook– donde una multitud de creyentes estimados en arriba de las 300.000 personas lo vitoreó.

Al sobrevolar el helicópter­o que portaba al sumo pontífice sobre la concentrac­ión cristiana, los presentes agitaron pañuelos, banderas del Vaticano y de Panamá, y guiados por un sacerdote voceaban “Tú eres Pedro, confirma a tus hermanos”. “¡Viva el papa!”.

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