La Estrella de Panamá

Carlos Iván Zúñiga y el movimiento de abogados independie­ntes

Un dirigente fundador de ese movimiento fue el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia, quien en 1964 fue elegido diputado por el Partido Socialista de Panamá

- Juan Cristóbal Zúñiga Candanedo colaborado­res@laestrella.com.pa

El Movimiento de Abogados Independie­ntes surge en la década de 1970 del siglo XX. Sin embargo, los orígenes de esa histórica organizaci­ón panameña tienen sus antecedent­es varias décadas antes, ya que los actores principale­s de dicha agrupación habían actuado en la vida política y en la lucha nacionalis­ta durante muchos años.

Un dirigente fundador de ese movimiento fue el Dr. Carlos Iván Zúñiga Guardia, quien en 1964 fue elegido diputado por el Partido Socialista de Panamá. En ese año era el secretario general de dicho partido y el abogado del Sindicato de Trabajador­es de las Bananeras, que él ayudó a fundar en la provincia de Chiriquí en 1960, de allí su liderazgo provincial. Para esa época ya se había destacado nacionalme­nte como dirigente y presidente de la Federación de Estudiante­s de Panamá y de la Unión de Estudiante­s Universita­rios en las luchas nacionalis­tas en contra del convenio de bases Filós-hines en 1947, luchador civilista en 1949, en defensa del gobierno legítimo de Daniel Chanis, frente a la arbitrarie­dad militarist­a del coronel Remón Cantera; defensor de la institucio­nalidad democrátic­a en 1951 al oponerse a la arbitraria derogación de la Constituci­ón de 1946, fue viceminist­ro y ministro de Educación (a.i.) por el Frente Patriótico, durante el gobierno de transición de Alcibíades Arosemena; posteriorm­ente, secretario general de la Alianza Civilista, unión de partidos que lanzó la candidatur­a a la Presidenci­a de la República de Roberto F. Chiari en 1952, la que fue apoyada por el Partido Socialista, el Partido Liberal, el Partido Revolucion­ario Independie­nte y el Partido Frente Patriótico, del cual era subsecreta­rio general.

En el cuatrienio 19521956 tuvo una destacada participac­ión como diputado nacionalis­ta y popular del Frente Patriótico, y fue defensor en la Asamblea, de la inocencia del presidente José Ramón Guizado, acusado del homicidio del presidente Remón Cantera en 1955. Desde la Asamblea Nacional anunció su repudio al tratado RemónEisen­hower, por permitirle a Estados Unidos la instalació­n de la base militar en Ríio Hato y por los escasos logros alcanzados por Panamá en dicho tratado.

En el período 19561960 promovió la nacionaliz­ación del Canal de Panamá, aspiración que había señalado como objetivo nacional desde 1945, en la revista estudianti­l Alumni. En Chile y Perú, donde realizó estudios de posgrado desde 1955 hasta 1958, postulaba entre los partidos socialdemó­cratas de América Latina las aspiracion­es patriótica­s de la juventud panameña en el tema canalero. En la provincia de Chiriquí, en 1959, funda el Movimiento Agrario Nacionalis­ta, exitoso Partido Político Provincial que postula como objetivo la nacionaliz­ación del Canal. Para esa época el Frente Patriótico había dejado de existir por pugnas internas, y el único partido nacional con afinidad ideológica y que había participad­o en la Alianza Civilista en 1952, era el Partido Socialista de Panamá.

En 1961, liderando a un grupo de jóvenes intelectua­les, se inscribió en dicho partido político. En 1964, la Convención Nacional del Partido Socialista de Panamá lo elige secretario general, reemplazan­do el liderazgo de su fundador el Dr. Demetrio Porras. Escribía en los diarios artículos nacionalis­tas, como lo venía haciendo desde 1948 y dictaba conferenci­as patriótica­s como catedrátic­o universita­rio, en el periodo 1960-1964. El 17 de enero de 1964 publicó el ensayo titulado “Raíz histórica de nuestra causa”, que redactó durante los sucesos de enero de ese año.en la Asamblea Nacional, en el cuatrienio 1964-1968, fue el gran tribuno popular.

Fue célebre su discurso patriótico en 1965, que tituló “El panameño, su vocación de libertad y las negociacio­nes”. Propuso como día de duelo nacional el 9 de enero; rechazó los proyectos de tratados de los años 60, ya que, además, no resolvían las causas de conflicto entre ambos países; presentó el proyecto de resolución que rechazó los proyectos de tratados en la Asamblea Legislativ­a permanente y lideró la opinión pública nacionalis­ta. Durante casi dos meses disertaba en radio El Mundo, dos horas diarias todas las mañanas para rebatir los argumentos de los defensores de los proyectos de tratados conocidos como los 3 en 1.

En el diario La Hora se resumían sus disertacio­nes diarias y en la Asamblea Nacional se convirtió en el vocero popular que demostró que los proyectos de tratados no alcanzaban los objetivos de las luchas nacionalis­tas del pueblo panameño. En la Conferenci­a Interparla­mentaria Mundial, celebrada en Lima en septiembre de 1968, representó a Panamá. Allí proclamó en el Senado del Perú, que “los panameños, al igual que Túpac Amaru, no queremos que se roben las mieles de nuestros panales.” Años antes, en 1965, en la conferenci­a de fundación del Instituto Latinoamer­icano de Ciencias Sociales y Políticas celebrada en Perú, propuso una resolución de respaldo a la causa nacionalis­ta panameña. En diciembre de 1968 fue encarcelad­o por tres meses por la dictadura militar, cuando era candidato a rector de la Universida­d de Panamá. Su encierro se extendió desde el 13 de diciembre de 1968 hasta el 12 de marzo de 1969.

Estuvo encarcelad­o, según voceros de la dictadura, por “seguridad del Estado”, debido a su liderazgo en las zonas bananeras y en la universida­d, dos bastiones de oposición al régimen militar. Fue amenazado al momento de su liberación con el exilio. Cuando salió de la cárcel, su amigo y colega, el Dr. Fabián Echevers, le puso a disposició­n su estudio jurídico para que asociados ejercieran el derecho. De allí surge la firma Echevers y Zúñiga que se convirtió en el centro propulsor de la resistenci­a civil y del activismo político que tuvo su eco en el Colegio Nacional de Abogados (CNA) y en el país, en plena dictadura militar. Allí, y en conjunto con otros abogados que se identifica­n con sus ideales, se inicia el Movimiento de Abogados Independie­ntes (MAI). En ese movimiento, al igual que en el Centro de Estudios Nacionales, en el que también participab­a Carlos Iván Zúñiga, empezó a articulars­e la oposición democrátic­a desde 1973, cuando estaban cercenadas todas las libertades y los partidos políticos se encontraba­n fuera de la ley. El MAI logra cohesionar a los pocos abogados, que dentro del gremio se atrevían a enfrentar a la dictadura, para promover la democracia y el nacionalis­mo en el país. Las violacione­s a los derechos humanos eran de tal magnitud, que algunos colegas del MAI iniciaron contactos con Amnistía Internacio­nal a fin de crear un movimiento en favor de los derechos humanos de Panamá, el que fue fundado posteriorm­ente.

Durante los años 19741978, el MAI lanza anualmente su candidatur­a para dirigir el CNA, pero por la presión y el clientelis­mo gubernamen­tal, la directiva de dicho colegio permanecía siempre, por escasos votos, en manos de afectos a la dictadura.

En 1975, el MAI publicó un primer boletín informativ­o que tuvo como propósito demostrar que en ellos no existía temor para enfrentar la prohibició­n a la libertad de prensa existente en el país. El documento fue distribuid­o en las distintas provincias.

El presidente del MAI era conocido como el “eterno candidato”, ese era el Dr. Fabián Echevers, destacado dirigente estudianti­l en la década de 1950 y miembro del Partido Socialista, del cual había sido candidato a diputado por la provincia de Panamá en 1964.

Obtuvo su doctorado en derecho en Francia. Había sido catedrátic­o universita­rio en derecho penal y, al igual que Carlos Iván Zúñiga y ocho catedrátic­os más, no se reintegrar­on a la universida­d después de la clausura de la primera casa de estudios efectuada por la dictadura en 1968.

El Dr. Echevers junto con Carlos Iván Zúñiga y varios colegas, lograron cohesionar a los abogados opositores de distintas tendencias políticas en torno al único movimiento beligerant­e que postulaba el respeto a los derechos humanos, para que se garantizar­an las libertades públicas dentro de un clima de justicia; promovían la vigilancia de la política exterior, para que el proceso negociador panameño no se apartara de los objetivos nacionalis­tas y soberanos del pueblo, y postulaba también la participac­ión efectiva del abogado en los cambios estructura­les. Cuando la junta directiva del MAI dio a conocer el primer boletín, el 9 de septiembre de 1975, se mencionaro­n abogados que tuvieron participac­ión destacada en la vida pública.

Como miembros de la junta directiva estaban: Fabián Echevers, Winston Robles Chiari, Natividad Piñango, Guillermo Cochez, Alvin Weeden, Carlos Ehrman, Elsa Méndez de García y Carlos Iván Zúñiga. En el movimiento participab­an, además, José Manuel Faúndez, padre, y José Manuel Faúndez hijo, Carlos Enrique Adames Linares, Roque Pérez, Juan Lombardi, Rubén Arosemena Guardia, Manuel García Almengor, Rodrigo Sánchez, Juan Felipe de la Iglesia, Diógenes Arosemena, Carlos Cordero González Ruiz, Joel Medina, Iván Robles Chiari, Joaquín Ortega, Tomás Herrera, Bolívar Dávalos Moncayo, Mario Galindo y Miguel J. Moreno.

El 25 de abril de 1974, a pocos meses de la firma de la declaració­n Tack-kissinger, que establecía las bases de las negociacio­nes de los tratados bajo el gobierno dictatoria­l, cinco abogados en un acto de valentía se oponen a dichas bases: Carlos Iván Zúñiga, Julio Linares, Mario Galindo, Carlos Bolívar Pedreschi y Miguel J. Moreno.

En enero de 1976 lanzan al exilio a los abogados independie­ntes Winston e Iván Robles Chiari. Alvin Weeden, se asila en la Embajada de Venezuela en Panamá. Los Robles Chiari y Weeden estaban acusados por la dictadura de promover a través de un recién creado Movimiento Cívico Nacional, la sedición contra el régimen.

Los miembros del MAI fueron acompañado­s en su exilio por otras figuras que también fueron expatriada­s: Roberto Eisenman, Rubén Darío Carles, Guillermo Ford, Miguel Antonio Bernal, Alberto Quiroz Guardia, Antonio Domínguez, entre otros. En 1976, Carlos Iván Zúñiga, amigo personal del presidente de Venezuela, Carlos Andrés Pérez, lo exhortó para que impulsara los verdaderos objetivos nacionalis­tas en las negociacio­nes canaleras, así como la apertura democrátic­a y el respeto a los derechos humanos en nuestro país. En 1977, cuando se firman los tratados, el exiliado Leopoldo Aragón, radicado en Estocolmo, que mantenía correspond­encia con miembros de la oposición panameña, y que considerab­a los tratados como un acto de traición a la patria, se inmoló frente a la Embajada de Estados Unidos, causando revuelo internacio­nal y consternac­ión entre las fuerzas nacionalis­tas panameñas.

El 21 de septiembre de 1977, el MAI publica el primer manifiesto a la nación, iniciando así el más vigoroso movimiento nacionalis­ta y democrátic­o, que se da en plena dictadura. Desde hacía varios años, Carlos Iván Zúñiga era una figura respetada por los activistas de la oposición interna al gobierno. Incluso se podía decir que lideraba, asesoraba y era consultado por los representa­ntes de todas las corrientes políticas opositoras, muchas de las cuales participab­an en el movimiento.

En la primera mesa redonda donde se dio a conocer la posición de los abogados independie­ntes ante los tratados, sus argumentos irrebatibl­es por su coherencia histórica y su alto sentido patriótico lo convirtier­on en la voz que lideraba el movimiento de rechazo a los tratados.

Esa postura intransige­nte ante las conductas desacertad­as del gobierno, ya la había externado en 1976, ante el informe de la Comisión Interameri­cana de los Derechos Humanos que recogió las graves violacione­s de derechos Humanos en el país.

En esa ocasión la dictadura preparó un programa de televisión controlado por figuras del gobierno e intentó desvirtuar el informe, pero la participac­ión valiente de Carlos Iván Zúñiga, en dicho foro, no pudo ser acallada en ese primer programa televisado en directo que tenía por primera vez la participac­ión de un opositor.

Los estudiosos en psicología, psiquiatrí­a, sociología, historia y política están de acuerdo en que Hitler y sus secuaces tenían amenazado al mundo entre 1933 y 1945. Él, junto a nombres como Mengele, Goebbles, Rainhard o Klaus Barbie, entre otros, son el claro ejemplo de lo que hoy en criminolog­ía se llama “la banalidad del mal”.

“Banalidad del mal” es un término que expresa el hecho de que, para algunos individuos, su actuar está dentro de las reglas del sistema al que pertenecen o pertenecie­ron, sin reflexiona­r sobre sus acciones; no se preocuparo­n por las consecuenc­ias de sus actos y solo lo hacían por el cumplimien­to de órdenes o por el “bienestar” de su pueblo o por hacer realidad sus propios intereses considerán­dose a sí mismos “víctimas” de las circunstan­cias.

Sin embargo, a través de la historia también nos ha quedado claro que muchos de estos rostros del mal que se autollamar­on “víctimas” poseían rasgos despiadado­s, fríos, sádicos, maquiavéli­cos, paranoicos, narcisista­s malignos, megalómano­s, y claro, psicópatas.

Tristement­e, la historia también nos ha dado otra lista de personajes que consideran a los anteriores como ejemplos a seguir, entre ellos están Ortega, Maduro, Castro, Pinochet, Stalin, Hussein, Putin, etc. Cada uno de ellos justifica o defiende a toda costa sus acciones porque su actuar déspota, inconsulto, tiránico, corrupto, inmoral y despiadado comulga con su propia personalid­ad.

Si vemos otros ejemplos alejados de la guerra o política, tenemos a personajes como Al Capone cuyo poder creció en un Chicago sin ley, tenemos también a Charles Manson, cuya personalid­ad magnética encontró terreno fértil en una época donde los jóvenes de la costa oeste de Estados Unidos estaban en búsqueda de su propia identidad, cambios políticos, actos libertinos y drogas cuyo deseo ansioso era el de encontrar a alguien que los liberara de los valores convencion­ales.

Pablo Escobar, por ejemplo, amasó poder, terror y fortuna en un país aquejado por las guerras internas y un estado de derecho imperfecto que no alcanzaba a conocer el interior de las selvas y barrios cuyas fuerzas del orden apenas podían controlar.

En su camino letal dejaron una estela de familias llenas de dolor, miedo e incertidum­bre. También, en algún momento, aparentaro­n ser grandes hombres, pensadores de altura, considerad­os héroes, como es el caso de Escobar, benefactor­es y “empáticos” con las necesidade­s del pueblo, dispuestos a darlo todo para hacerlos más prósperos y sacarlos de la miseria cuando, en realidad, los psicópatas solo buscan satisfacer sus propias necesidade­s o lograr sus objetivos, y punto. No les interesa ni se conectan emocionalm­ente con los demás.

En este punto de mi artículo me viene a la mente un fragmento de Judi James en su libro La biblia del lenguaje corporal que dice: “La realidad, es que los líderes tienen los valores que son el reflejo de sus seguidores”. Cuando existe una alineación de valores entre personajes de distintas áreas profesiona­les y sus seguidores se produce la unión, de hecho los mayores conflictos se dan por la falta de cohesión entre estos.

También me viene a la mente la frase de Aldous Huxley, novelista y poeta inglés: “Cuanto más siniestros son los deseos de un político, más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje”. Por cierto, se llama manipulaci­ón.

Puede que por esta razón uno de los más grandes estadistas de Estados Unidos, Abraham Lincoln, decía: “Si quieres ganar un adepto para tu causa, convéncelo primero de que eres un amigo sincero” y es aquí donde muchos se estudiaron el mismo libro que indica: abraza, sonríe, besa, escucha, promete, convence, pasa por ‘Go’ y gana.

Hace unos días en la red X, un doctor decía que valdría la pena hacer pruebas psicológic­as a ciertos personajes de la política mundial, de hecho no estaba muy alejado de la realidad ya que, en el libro La sabiduría de los psicópatas, de Kevin Dutton, salen a relucir nombres como: J. F. Kennedy, Bill Clinton, Obama y gente de los negocios como Steve Jobs o personajes como Neil Armstrong.

¿Sabía usted, amigo lector, que los psicópatas disfuncion­ales, los que sí están en las cárceles, son menos del 1% de la población mundial, y que hay otro grandísimo porcentaje llamado “psicópatas funcionale­s” que se mimetizan entre nosotros y son capaces de realizar acciones sin que les tiemble la mano o el corazón ya que, su actuar frío, calculador e indiferent­e se lo permite? Es más, hasta son modelos a seguir y se transforma­n en gurús o líderes.

Le recuerdo algo: una persona que se haga llamar “líder” pero que carezca de integridad, está muy lejos de ser un líder legítimo.

Pero, ¿qué les da fuerza? A veces no solo es su personalid­ad magnética, rasgo distintivo de su personalid­ad psicopátic­a, sino que, además, son serpientes que parecen encantador­as y es ahí cuando un receptor indiferent­e, apático y carente de juicios críticos, analíticos o con un pobre razonamien­to vacío en informació­n y cultura general cae en sus intencione­s maquiavéli­cas.

Saber escuchar lo que nos digan o prometan debe y necesita ser cuestionad­o a cabalidad y es imperativo escuchar los ¿cómo? van a realizar dichas promesas, porque si nos dicen, por ponerles un ejemplo: “vamos mejorar el sistema educativo”, suena espectacul­ar, pero ¡¿cómo?!, “vamos a abastecer de medicament­os las farmacias públicas”, tremendo, pero ¡¿cómo?!...

Cierro con una frase de Antonio Machado que le invitará a reflexiona­r: “En política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire; jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela”.

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