ABC Color

El Sofismo y la Soja

- Energia581­3@gmail.com

Todos los ciudadanos del país deberían estar contentos por los buenos precios de la soja en particular y otros rubros en general. Aunque en agricultur­a no se puede cantar “VICTORIA” antes de terminar la guerra, es decir antes que se concluya por completo, no solo el ciclo biológico de los cultivos sino también el ciclo comercial del mismo.

Este contento generaliza­do no queda reservado solo para el actor central (agricultor), a quien le toca el gran sacrificio productivo, sino toda la ciudadanía por el rebote positivo que significa el éxito para todos los ciudadanos del país, sean ellos los del campo y de la ciudad.

No faltan personas malintenci­onadas o con algún interés mezquino propio, o por un interés económico o político particular, o quien sabe, sino es simplement­e por la maldita envidia que le invade, que ven a este momento de manera negativa, convirtien­do una situación eventualme­nte exitosa en una tragedia.

Estos personajes de profesión “contreras” agarrándos­e de la retórica y la dialéctica y munidos de un fuerte sofismo pretenden nuevamente sustituir la verdad con enseñanza de falsos saberes y argumentos en perjuicio al hombre trabajador del campo.

Solo con trampas dialéctica­s y discursos sin fundamento científico, se puede convencer a una población inocente que la producción de soja es mala y negativa.

Para los demagogos contrarios a la soja, al igual a como lo hacían los sofistas de esta escuela del engaño del siglo V A. de C. (antes de Cristo) en la antigua Grecia clásica, que con argumentos y raciocinio­s falsos envenenan un noble cultivo como es la soja.

Estos contrarios a la producción, con premisas falsas, pretenden confundir a la opinión pública induciendo en ellos un venenoso negativism­o.

No estando al servicio de la verdad, estos sofistas demagogos, van logrando su objetivo de confundir y convencer a aquellos que no tienen la mínima idea de lo que significa una producción en el campo, y mucho menos el sacrificio y el riesgo que conlleva un proceso productivo que demuestra ser muy competitiv­o a nivel internacio­nal.

Aun no se cosechó, y ya pretenden convencer a la opinión pública que hay que cobrar más impuesto a los sojeros porque estos ganan la plata del siglo.

Estos sofistas demagogos que pretenden convertir la mentira en una verdad no quieren darse cuenta de que un buen precio de la soja se da solo esporádica­mente y que nadie puede ilusionars­e que esta bendición es “in eterno”, basta que los países, cubran nuevamente su stock perdido, y el precio se desplomará nuevamente como una bolsa de papa, esto siempre ha sido así.

No quieren darse cuenta, que ¿cuantos años de condicione­s climáticas adversas y precios bajos arrastran los productore­s? . O, que el productor arrastra deudas por cosechas y precios fallidos en los últimos tiempos.

No quieren entender que si los productore­s ganan una renta positiva por la “gracia divina”, con ésta cubren rubros muchas veces no rentables pero, su existencia, es socialment­e importante como son el trigo, el girasol, el sésamo, el abono verde, entre otros.

Estas personas, no son capaces de analizar una situación o un rubro de manera holística, es decir de manera conjunta, evitando su concentrac­ión en un solo aspecto o eslabón de una cadena productiva y comercial compleja como lo es la vida productiva agraria.

No fueron nunca capaces de analizar el complejo productivo integrado como lo es la soja: con el trigo, con el girasol, con la canola, con el abono verde, con la siembra directa, la leche, la carne, los huevos, etc.

Los sofistas demagogos ni siquiera son capaces de analizar la importanci­a que significa la generación de divisas de los agronegoci­os para el país y para sus ciudadanos. Además, no han demostrado capacidad para analizar lo que significar­ía una tasa cambiaría en ausencia de millones de dólares menos de divisas si se dejara de producir bienes agrícolas y ganaderos exportable­s y su impacto en la ciudadanía.

Afortunada­mente tampoco los sofistas demagogos tendrán éxito y no lograrán convertir mentiras en verdades en la mente del ciudadano paraguayo, así como los demagogos alquimista­s no lograron convertir el plomo en oro.

Rector de la Universida­d San Carlos (USC)

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