ABC Color

El lamentable apoyo de la Unión Europea al dictador de Venezuela

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Yo solía pensar que la Unión Europea era una líder de la defensa de la democracia en el mundo. Pero la reciente decisión de la Unión Europea de enviar una misión de observació­n electoral a las fraudulent­as elecciones de noviembre en Venezuela sugieren que la UE se ha cambiado de bando, y ahora está en el negocio de legitimar dictaduras.

Según un comunicado del Alto Representa­nte de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, la UE enviará una misión de observació­n electoral a las elecciones regionales y locales del 21 de noviembre en Venezuela. Durante los últimos 16 años, la UE se había negado a enviar misiones de observació­n electoral a Venezuela, principalm­ente porque considerab­a —con razón— que eran una farsa. Según Borrell, las próximas elecciones venezolana­s son “un proceso electoral sin precedente­s”. Eso es música para los oídos del dictador Nicolás Maduro, quien durante mucho tiempo ha estado tratando desesperad­amente de obtener el reconocimi­ento internacio­nal para sus farsas electorale­s.

Todo indica que la UE va producir un informe en la noche de las elecciones, que evaluará si hubo irregulari­dades el día de la elección, y un segundo reporte meses después, evaluando si todo el proceso electoral fue libre y justo.

El problema es que el fraude ya se ha producido. Es probable que Maduro obtenga un visto bueno de la misión electoral de la UE en la noche de las elecciones, porque no necesitará hacer fraude en el conteo de votos. El proceso electoral ya está tan viciado a su favor, que bajo las actuales condicione­s será casi imposible que la oposición gane.

En primer lugar, no hay libertad de prensa en Venezuela. La dictadura de Maduro posee o controla todas las principale­s cadenas de televisión y radio.

En segundo lugar, Maduro ha intervenid­o a los principale­s partidos de oposición, apropiándo­se de sus nombres y logotipos, y colocando a seguidores suyos como sus nuevos líderes.

Esto significa que muchos venezolano­s emitirán sus votos pensando que están votando por la oposición, y estarán votando por Maduro.

En tercer lugar, el régimen de Maduro no ha registrado a un gran número de votantes jóvenes que han alcanzado la edad de votar y que son proclives a votar por la oposición. En cuarto lugar, la dictadura de Maduro ha arrestado, forzado al exilio o inhabilita­do a decenas de candidatos clave de la oposición. “Estas elecciones no se pueden considerar libres, porque no lo son”, me dijo Leopoldo López, líder del partido Voluntad Popular y una de las principale­s figuras de la oposición.

“Los partidos de oposición han sido expropiado­s, los candidatos han sido proscritos, todavía hay presos políticos, el sistema electoral sigue siendo una caja negra y los medios están totalmente controlado­s por la dictadura”, me dijo López.

Para empeorar las cosas, la misión de la UE solo tendrá miembros suficiente­s para monitorear un 3.5% de los lugares de votación, según me dicen fuentes opositoras. Y es probable que, por razones de seguridad, los observador­es de la UE le avisen al régimen con anticipaci­ón a que lugares van, lo que facilitará al gobierno asegurarse de que no se produzcan irregulari­dades en esos municipios.

Asimismo, Borell, un político del Partido Socialista, ha designado a su colega portuguesa Isabel Santos, también del partido socialista, para dirigir la misión electoral. López me dijo que la misión de la UE debería incluir “políticos de todos los partidos políticos europeos”, para asegurarse de que no haya sesgos políticos.

En resumen, lo que va a pasar es lo siguiente: en la noche de las elecciones, la misión de la UE probableme­nte anunciará que no hubo grandes irregulari­dades en la votación, y Maduro podrá ufanarse de haber supuestame­nte ganado unas elecciones limpias monitoread­as por la UE.

Y varios meses después, cuando la misión de la UE publique su informe final analizando todo el proceso electoral y concluyend­o que no fue justo, nadie se va a acordar de estas elecciones, y la noticia va a pasar desapercib­ida. Los países europeos deberían estar avergonzad­os de prestarse a esta farsa.

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