Con Ber­ta Ro­jas hoy to­ca Man­go­ré

Cum­ple su dé­ci­ma edi­ción. En es­ta dé­ca­da, 48.500 jó­ve­nes y 154 co­le­gios to­ma­ron par­te de la ini­cia­ti­va.

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es­cu­chan que ellos también pue­den es­cri­bir una his­to­ria de vida para sí mis­mos, y que esa his­to­ria se­rá el re­sul­ta­do del pro­pio es­fuer­zo y no de a quién co­no­cen o de qué ami­gos tie­nen o qué re­co­men­da­ción traen. Es un men­sa­je muy lin­do que Agus­tín Ba­rrios nos deja con su vida y nos to­ca a no­so­tros ser por­ta­vo­ces de eso para los jó­ve­nes.

- ¿Por qué ele­gis­te a Ba­rrios?

- La BBC ha­ce un pro­gra­ma que se lla­ma Great li­ves, en el cual los ar­tis­tas in­vi­ta­dos ha­blan de un per­so­na­je de la his­to­ria que les cam­bió la vida. Cuan­do John Wi­lliams –el más gran­de gui­ta­rris­ta del mun­do– fue in­vi­ta­do al pro­gra­ma, él eli­gió a Agus­tín Ba­rrios. Ton­ta se­ría yo si no lo eli­gie­ra también. Man­go­ré es un ejem­plo de a dón­de pue­de lle­gar un jo­ven pa­ra­gua­yo que se abra­zó a su sue­ño, le pu­so to­do lo que po­día –co­ra­je, con­vic­ción–, lle­vó su ar­te a lo más al­to. Ima­gi­na­te lo que es con­ver­tir­se en el más gran­de com­po­si­tor y gui­ta­rris­ta de to­dos los tiem­pos.

Lejos de ca­sa

Ber­ta Ro­jas es una lu­cha­do­ra cons­tan­te. Ha­ce un par de años tu­vo que pe­lear con­tra una gra­ve en­fer­me­dad y lo hi­zo sin de­jar de to­car en pú­bli­co ni re­nun­ciar a sus pro­yec­tos. En la ac­tua­li­dad, en­se­ña en la pres­ti­gio­sa Ber­klee Co­lle­ge of Mu­sic, de Bos­ton, Es­ta­dos Uni­dos. Re­si­de en esa em­ble­má­ti­ca ciu­dad de Nue­va Inglaterra des­de ha­ce un año, por lo que su pre­sen­cia anual en Pa­ra­guay se li­mi­ta a al­gu­nas se­ma­nas, tiem­po en el que rea­li­za sus gi­ras y vuel­ve a es­tar en con­tac­to con pa­rien­tes, ami­gos y raí­ces.

- ¿Có­mo es­tás de sa­lud?

- Me sien­to bien. Ade­más, ha­ce un año que es­toy vi­vien­do en Bos­ton co­mo pro­fe­so­ra en Ber­klee. La opor­tu­ni­dad de vi­vir allí me lle­vó a una vida más en­fo­ca­da en las ca­mi­na­tas, ha­cia la paz, el en­cuen­tro con la na­tu­ra­le­za, tiem­po de ca­li­dad para de­di­car­les a mis alum­nos y a es­cu­char más mi voz in­te­rior. Ese tiem­po que ten­go, gra­cias a mi tra­ba­jo de pro­fe­so­ra en una es­cue­la co­mo Ber­klee, es al­go que agra­dez­co mu­cho. To­do eso me da más fuer­za también, por­que creo que un en­cuen­tro con la na­tu­ra­le­za te da más es­pa­cio para pa­rar un po­qui­ti­to, ba­jar un po­co las re­vo­lu­cio­nes y es­cu­char­te más. Apre­cio mu­cho eso. Le doy gra­cias a la vida por esa opor­tu­ni­dad.

- ¿Có­mo te re­ci­bie­ron en Ber­klee?

- No te pue­do ex­pli­car lo agra­de­ci­da que me sien­to de có­mo me die­ron la bien­ve­ni­da mis co­le­gas. Cuan­do lle­gué, me re­ci­bie­ron con abra­zos, gui­ta­rris­tas que son mons­truos del jazz, del rock, del me­tal, de cual­quier gé­ne­ro que te pue­das ima­gi­nar. Y cuan­do un mons­truo de la gui­ta­rra clá­si­ca te di­ce: “Me mue­ro con Un sue­ño en la flo­res­ta, ¿me lo po­dés en­se­ñar?”, es para mo­rir­se de la ale­gría. Y to­do eso lo es­toy vi­vien­do. Me sien­to muy fe­liz.

- ¿Qué vie­ne des­pués de la gi­ra con Ba­rrios?

- Aho­ra ten­go es­te pro­yec­to, que es el en­sam­ble Pu Rory, que me apa­sio­na. Lo que quie­ro es que va­ya a to­do el país, una or­ques­ta de gui­ta­rras don­de los miem­bros fue­ron ele­gi­dos por con­cur­so y en la que hay jó­ve­nes de dis­tin­tas ciu­da­des. En es­te pro­yec­to tra­ba­ja­mos para po­ten­ciar las vo­ces de los chi­cos en un ejer­ci­cio de vida de­mo­crá­ti­ca, sobre va­lo­res de res­pe­to enor­mes. Me gus­ta­ría que quie­nes vi­vie­ron esa ex­pe­rien­cia sean em­ba­ja­do­res de Pu Rory y via­jen a for­mar nue­vas or­ques­tas de gui­ta­rra en dis­tin­tos lu­ga­res del país. Ese es uno de los sueños que ten­go.

- ¿Te­nés otros pro­yec­tos?

- Y ten­go mu­chos otros sueños. Me gus­ta­ría mu­cho que Ber­klee Co­lle­ge of Mu­sic ven­ga a Pa­ra­guay. Es otro pro­yec­to en el que es­ta­mos tra­ba­jan­do. Y mu­chas otras cosas. Al­gu­nas las va­mos a ver pron­to y otras van a lle­var más tiem­po. Pe­ro quie­ro que ten­gan la cer­te­za de que to­dos los sueños que ten­go tie­nen a Pa­ra­guay co­mo cen­tro.

- ¿La mú­si­ca es tu mo­tor?

- Lo que ha­go es sim­ple­men­te se­guir mis sueños y mi pa­sión que, de­fi­ni­ti­va­men­te, es la mú­si­ca. Mu­chas ve­ces es di­fí­cil le­van­tar­se ca­da día. Pe­ro si sé que al le­van­tar­me me voy a en­con­trar con la mú­si­ca, con los pro­yec­tos que tan­to amo, con el tra­ba­jo con los jó­ve­nes, con el en­sam­ble Pu Rory, con tan­tas cosas po­si­ti­vas y lle­nas de ilu­sión, es más fá­cil en­fren­tar el día. En­ton­ces, lo que ten­go para ofre­cer­les a los jó­ve­nes es eso, el com­pro­mi­so con sus sueños y con su pa­sión.

- ¿Cuál es el ba­lan­ce de es­tos años?

- Lo que me doy cuen­ta es que el po­ten­cial más gran­de que tie­ne nues­tro país es­tá en su ju­ven­tud. Pe­ro hay que dar­le he­rra­mien­tas para que se for­men de la me­jor ma­ne­ra po­si­ble, por­que hoy el mer­ca­do no es so­lo Pa­ra­guay, sino el mun­do, que es­tá a un clic, al al­can­ce. En­ton­ces hay que po­ten­ciar la voz de la ju­ven­tud pa­ra­gua­ya y dar­les las me­jo­res he­rra­mien­tas para que ellos pri­me­ro con­fíen en sí mis­mos. Se­gun­do, que usen to­das las he­rra­mien­tas tec­no­ló­gi­cas que es­tán a su al­can­ce. Que a par­tir del orgullo de la per­te­nen­cia, con una voz que los iden­ti­fi­que co­mo pa­ra­gua­yos y or­gu­llo­sos del sue­lo que los vio na­cer, se po­ten­cien en un men­sa­je que les dis­tin­ga. Lo fun­da­men­tal es tra­ba­jar en la for­ma­ción y la con­fian­za. Ellos tie­nen una voz cu­ya fuer­za to­da­vía no co­no­cen.

- ¿Hay pa­ra­gua­yos que pue­den dar­le al país eso que vos so­ñás?

- Lo im­por­tan­te es que ca­da pa­ra­gua­yo lo­gre po­si­cio­nar­se en un lu­gar des­de don­de pue­da ha­cer un cam­bio. Por­que para cam­biar las cosas, hay que to­car­las. En Ber­klee hay otros mú­si­cos pa­ra­gua­yos con doc­to­ra­dos en mu­si­co­lo­gía, co­mo Al­fre­do Col­mán, que na­die co­no­ce en el país; es­tá en­se­ñan­do en Bay­lor Uni­ver­sity, en Te­xas. Hay otro se­ñor, na­ci­do en Pa­ra­guay pe­ro de padres es­ta­dou­ni­den­ses, en­se­ñan­do en otra uni­ver­si­dad de Te­xas. Hay una chi­ca, Romy Mar­tí­nez, que tie­ne una maes­tría y aho­ra va a es­tu­diar et­no­mu­si­co­lo­gía en el Ro­yal Ho­llo­way de Londres. Hay com­pa­trio­tas que se es­tán ubi­can­do en lu­ga­res que an­tes no ima­gi­ná­ba­mos. Ha­ce unos días me en­con­tré con to­dos los pa­ra­gua­yos que es­tu­dian en Har­vard, son al­re­de­dor de 10. Ellos van a lo­grar ha­cer to­do es­to que es­ta­mos so­ñan­do. Me pa­re­ce que ca­da pa­ra­gua­yo que lo­gra ubi­car­se en al­gún lu­gar cru­cial, no de­be ol­vi­dar­se de es­ta tie­rra que lo vio na­cer. Y con la fuer­za que nos da eso, apor­tar al cre­ci­mien­to de Pa­ra­guay.

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