Pu­ro cuen­to

Ultima Hora - Vida - - Editorial - Silvana Mo­li­na SUB EDITORA [email protected]­ra.com.py

Cau­ti­van. Ilu­sio­nan. Arran­can el mo­tor de la ima­gi­na­ción. En­se­ñan. Trans­mi­ten va­lo­res.

Los cuen­tos son tan pla­cen­te­ros a los oí­dos in­fan­ti­les... ¿Te acor­dás có­mo dis­fru­ta­bas cuan­do te leían al­guno? Ade­más, es­tá com­pro­ba­do que es­tas his­to­rias fic­ti­cias apor­tan al apren­di­za­je y trans­mi­ten va­lo­res (hay que pres­tar aten­ción a cuá­les, eso sí).

Los cuen­tos de aho­ra, sin em­bar­go, ya no son co­mo los de an­tes. La Ca­pe­ru­ci­ta, el lo­bo, los prín­ci­pes va­lien­tes y las prin­ce­sas in­de­fen­sas que­da­ron atrás y fue­ron dan­do lu­gar a per­so­na­jes e his­to­rias un po­co más reales, aun­que no por eso me­nos en­can­ta­do­res. Y es ló­gi­co y ne­ce­sa­rio que así sea, por­que los tiem­pos que vi­vi­mos hoy son muy di­fe­ren­tes a aque­llos que mar­ca­ron la ni­ñez de los adul­tos de es­ta épo­ca.

En unos días asu­me ofi­cial­men­te un nue­vo pre­si­den­te de la Re­pú­bli­ca. Tie­ne por de­lan­te el desafío y el man­da­to de ha­cer de es­te un país me­jor del que ha re­ci­bi­do: con me­nos po­bre­za y co­rrup­ción, con más fuen­tes de tra­ba­jo y me­jor edu­ca­ción, en­tre otras ne­ce­si­da­des ur­gen­tes.

Es tan­to lo que nos han de­cep­cio­na­do los su­ce­si­vos go­bier­nos, que las ex­pec­ta­ti­vas son bas­tan­te ba­jas. Pe­ro hay al­go que te­ne­mos que exi­gir a los nue­vos in­qui­li­nos del Pa­la­cio de Ló­pez: que no nos ven­gan con cuen­tos.

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