Mi­ran­do más allá

Ultima Hora - Vida - - Sumario -

Sus tra­ba­jos co­mo fo­to­pe­rio­dis­ta le va­lie­ron va­rios pre­mios in­ter­na­cio­na­les. Pe­ro un día de­ci­dió de­jar de cap­tar imá­ge­nes de con­flic­tos ar­ma­dos y de vio­len­cia, y se em­bar­có en un via­je en mo­to por el mun­do, sin lu­gar ni fe­cha de lle­ga­da. Hoy, Wal­ter As­tra­da re­tra­ta el otro la­do de la vida: la be­lle­za de las co­sas co­ti­dia­nas.

“¿De dón­de ve­nís?”. El hom­bre que aca­ba de acer­car­se lo ob­ser­va cu­rio­sa­men­te y em­pie­za a bom­bar­dear­lo con pre­gun­tas. Que si cuán­tos ki­ló­me­tros lle­va re­co­rri­dos, que si de dón­de es la mo­to, que si por dón­de an­du­vo, que has­ta cuán­do se que­da.

Fren­te al Pan­teón Na­cio­nal de los Hé­roes, en la ca­lle Pal­ma de Asun­ción, Wal­ter As­tra­da (43) no pa­sa des­aper­ci­bi­do. Di­fí­cil ha­cer­lo, cuan­do se es­tá a bor­do de una mo­to Ro­yal En­field con cha­pa de la Unión Eu­ro­pea, equi­pa­da con gran­des ca­jas y bi­do­nes de com­bus­ti­ble.

De al­gu­na ma­ne­ra, es­te via­je­ro se ha acos­tum­bra­do a la cu­rio­si­dad que des­pier­ta en ca­da lu­gar adon­de lle­ga. Ya han pa­sa­do más de tres años des­de que Wal­ter, un fo­tó­gra­fo ar­gen­tino mul­ti­pre­mia­do por su tra­ba­jo gráfico-pe­rio­dís­ti­co, de­ci­dió ale­jar­se de las imá­ge­nes de con­flic­tos y vio­len­cia, y em­pren­der un re­co­rri­do por el mun­do a bor­do de una mo­to­ci­cle­ta. No pu­do, sin em­bar­go, pres­cin­dir de al­go que –des­de los 18 años– es ca­si una ex­ten­sión de sí mis­mo: su cá­ma­ra de fotos.

- ¿Por qué de­ci­dis­te em­pe­zar El Via­je (The Jour­ney)?

- No hay una ra­zón. La gen­te cree que siem­pre uno ha­ce co­sas por de­ter­mi­na­das ra­zo­nes. La pre­gun­ta tí­pi­ca es qué es­toy bus­can­do. Si su­pie­se lo que bus­co, tal vez ya lo hu­bie­se en­con­tra­do. Bá­si­ca­men­te, lo que yo que­ría ha­cer era via­jar. Es­tu­ve vi­vien­do en un mon­tón de paí­ses, pe­ro muy po­cas ve­ces los re­co­rrí, so­lo iba a don­de te­nía que ha­cer fotos pa­ra el tra­ba­jo. Y creo que al fi­nal me per­dí de mu­chas co­sas. En­ton­ces se me ocu­rrió que si via­ja­ba de es­ta ma­ne­ra, po­día vi­si­tar y ver co­sas que no ha­bía visto an­tes. Así que es­tan­do en Hai­tí, le pe­dí al chi­co que me lle­va­ba en la mo­to que me en­se­ña­ra a usarla. Cuan­do vol­ví a Ma­drid –don­de vi­vía–, ya te­nía la idea de dar la vuel­ta al mun­do en mo­to. Eso se con­cre­tó cin­co años des­pués, en ma­yo de 2015. As­tra­da pre­pa­ró muy bien el via­je, por­que no era al­go que que­ría to­mar a la li­ge­ra. “Mi idea no era ir­me y vol­ver a

los dos me­ses”, acla­ra. Le pu­so nom­bre al pro­yec­to, The Jour­ney, y se pro­pu­so abor­dar­lo co­mo un de­sa­fío di­fe­ren­te: ex­plo­rar otro ti­po de imá­ge­nes y dis­fru­tar del pla­cer de ha­cer fotos sin pre­sio­nes ni obli­ga­cio­nes. Ya son ca­si 100.000 ki­ló­me­tros los que lle­va ro­dan­do por el mun­do so­bre su in­se­pa­ra­ble com­pa­ñe­ra de ru­ta.

- ¿Qué ti­po de imá­ge­nes bus­cás cap­tar en es­ta eta­pa de tu vida?

- Voy ha­cien­do fotos de la vida dia­ria de la gen­te, ya no me en­fo­co en lo no­ti­cio­so. Cla­ro que en la vida dia­ria tam­bién hay co­sas ma­las o di­fí­ci­les, pe­ro di­ga­mos que son imá­ge­nes de lo que con­si­de­ra­mos tiem­po de paz (en con­tra­po­si­ción a la gue­rra).

- Además de tu cá­ma­ra y tu mo­to, ¿qué lle­vás de equi­pa­je?

- Lo mí­ni­mo pa­ra vi­vir, creo que es más que su­fi­cien­te. Sue­lo acam­par cuan­do pue­do, así que lle­vo un col­chón in­fla­ble que se en­ro­lla y que­da chi­qui­to, y una bol­sa de dor­mir. Tam­bién una co­ci­ni­ta por­tá­til –que es a ga­so­li­na–, ollas y un kit pa­ra co­mer. Cuan­do ten­go la chan­ce de co­ci­nar, lo ha­go, pe­ro no es siem­pre. Tam­bién lle­vo al­gu­nos re­pues­tos, ca­bles de la mo­to, un par de cá­ma­ras pa­ra los neu­má­ti­cos por si se pin­cha al­guno, y la compu­tado­ra. Aho­ra ten­go, además, una ca­ja con pos­ta­les y pós­ters que ven­do cuan­do doy char­las.

- ¿Tie­ne pla­zo de tér­mino es­te pro­yec­to?

- No, de­pen­de de si pue­do ir ha­cien­do di­ne­ro

mien­tras via­jo. Al prin­ci­pio pen­sé que iba a du­rar dos años, pe­ro ya lle­vo tres años y tres me­ses en es­to.

- ¿De qué ma­ne­ra ob­te­nés in­gre­sos pa­ra sol­ven­tar­te?

- Ven­dien­do fotos que ha­go en los via­jes. Es­tán en la web (www.wat­he­jour­ney.com) y se pue­den com­prar por in­ter­net. El in­tere­sa­do se­lec­cio­na las que quie­ra, las com­pra, se im­pri­men en un pa­pel es­pe­cial, en Bar­ce­lo­na, y le lle­gan a su ca­sa con un cer­ti­fi­ca­do. En la mis­ma web ten­go una es­pe­cie de crowd­fun­ding abier­to, o sea que si a la gen­te le gus­ta lo que es­toy ha­cien­do, pue­de co­la­bo­rar. En­tre esas per­so­nas voy sor­tean­do fotos. Tam­bién doy ta­lle­res, char­las y ahí ven­do las pos­ta­les y pós­ters que lle­vo. Otra fuente de in­gre­so son las cla­ses de fo­to­gra­fía que doy por in­ter­net. La cla­ve es gas­tar po­co. La gen­te se crea de­ma­sia­das ne­ce­si­da­des. Cuan­do te­nés po­cas ne­ce­si­da­des, no ne­ce­si­tás gas­tar mu­cho.

- ¿Y en qué co­sas gas­tás?

- En co­mi­da y en la mo­to, por­que la ga­so­li­na hay que po­ner­la sí o sí. Nor­mal­men­te, cuan­do es­toy en Ar­gen­ti­na, Chi­le y Pa­ra­guay, me que­do en ca­sa de ami­gos. En otros lu­ga­res, co­mo el sud­es­te asiá­ti­co, hay mu­chos hos­ta­les don­de se pa­ga muy po­co.

- De tu eta­pa de fo­to­pe­rio­dis­ta, ¿hay al­gu­na fo­to que te ha­ya mar­ca­do, por las cir­cuns­tan­cias en que la hi­cis­te?

- Hay mu­chas fotos... Tal vez la del ni­ño en Ke­nia (parte de una se­rie fotográfica que re­fle­ja­ba la ola de vio­len­cia post­elec­to­ral en ese país, y que le va­lió un pre­mio World Press

Photo), pe­ro no creo que ha­ya que es­tar des­ta­can­do una ima­gen so­bre otra. Además, el pro­ble­ma es que cuan­do nos cen­tra­mos so­la­men­te en las imá­ge­nes, nos ol­vi­da­mos del te­ma que es­ta­mos tra­tan­do en las fotos, que es lo más im­por­tan­te.

- Cuan­do cap­ta­bas esas imá­ge­nes de vio­len­cia, ¿te era po­si­ble man­te­ner­te en tu rol de fo­tó­gra­fo, sin in­vo­lu­crar­te en la si­tua­ción que es­ta­bas re­tra­tan­do?

- ¿Pe­ro cuál es el rol del fo­tó­gra­fo? ¿No sen­tir? ¿Ser una má­qui­na? La idea que tie­ne la gen­te es que el fo­tó­gra­fo de­be ser al­guien frío, que la cá­ma­ra lo pro­te­ge. Si uno es­tá fo­to­gra­fian­do un he­cho vio­len­to, es ob­vio que le va a afec­tar. Le pue­de afec­tar más o me­nos, pe­ro si no le afec­ta na­da, tie­ne que de­di­car­se a otra co­sa.

- ¿Qué te en­se­ñó es­te ofi­cio?

- Ser fo­tó­gra­fo no te ha­ce (ex­pre­sión uti­li­za­da en Es­pa­ña que sig­ni­fi­ca ex­tra­or­di­na­rio). Es­tá la idea es­ta de que si sos fo­tó­gra­fo, sos al­guien in­tere­san­te, pe­ro no es así pre­ci­sa­men­te: el há­bi­to no ha­ce al mon­je.

Po­dés ha­cer fotos, pe­ro si no le po­nés pa­sión, no pa­sa na­da. Pa­ra se­guir en es­ta pro­fe­sión, guay creo que te­nés que ser un crí­ti­co per­ma­nen­te, tan­to con lo que ves co­mo con las fotos que ha­cés. No hay que que­dar­se so­lo con lo que te dicen, sino tra­tar de ver la otra ca­ra.

- ¿Siem­pre hay gen­te en tus fotos?

Ca­si siem­pre. Di­ga­mos que en el 99,9% de mis imá­ge­nes hay al­gu­na per­so­na.

- ¿Cuál es la parte más di­fí­cil de es­te via­je?

- En ver­dad es la parte eco­nó­mi­ca por­que, por des­gra­cia, en el mun­do en que vi­vi­mos, si no te­nés di­ne­ro no po­dés ha­cer na­da. En­ton­ces, quie­ras o no, pa­ra avan­zar ne­ce­si­tás que la mo­to ten­ga naf­ta, y pa­ra te­ner naf­ta ne­ce­si­tás di­ne­ro. Es ló­gi­ca pu­ra. Eso es lo más com­pli­ca­do, y co­mo me gus­ta­ría se­guir, tam­bién es li­mi­tan­te. Si me lle­go a que­dar sin di­ne­ro en al­gún mo­men­to, ya no via­jo.

- Por el la­do fa­mi­liar y de las re­la­cio­nes, ¿im­pli­ca mu­cho sa­cri­fi­cio?

- To­do en la vida tie­ne un cos­to. En­ton­ces, lo que te­nés que ha­cer es, si sa­bés cuál es el cos­to, de­ci­dir si lo acep­tás o no. Es tan fá­cil co­mo eso.

- ¿Qué es lo que más dis­fru­tás de es­to? ¿Lo con­si­de­rás un tra­ba­jo?

- Sí, al fi­nal es una es­pe­cie de tra­ba­jo, por­que voy ven­dien­do fotos. Hay días en que soy más mo­te­ro que fo­tó­gra­fo y otros en que soy más fo­tó­gra­fo que mo­te­ro. Y a ve­ces ha­go una com­bi­na­ción de am­bos, por­que si voy por la ru­ta y veo al­go que me lla­ma la aten­ción, pa­ro y ha­go fotos. En ver­dad dis­fru­to de es­to. El día en que de­je de dis­fru­tar, ya no lo voy a ha­cer más. Yo creo que la gen­te tie­ne que de­di­car­se a ha­cer lo que real­men­te quiere ha­cer.

BIEN EQUI­PA­DO. En su mo­to Ate­nea, Wal­ter As­tra­da lle­va lo jus­to y ne­ce­sa­rio: al­go de ro­pa, col­chón in­fla­ble, bol­sa de dor­mir, co­ci­ni­ta por­tá­til, re­pues­tos pa­ra la mo­to, compu­tado­ra y, por su­pues­to, su cá­ma­ra fotográfica. En es­tos días an­da por Asun­ción.

AUTORRETRATO. En las lla­nu­ras de Mon­go­lia, una de las tan­tas pa­ra­das que for­man parte de su pro­yec­to, The Jour­ney.

CUES­TIÓN DE FE. En Va­ra­na­si, In­dia, un gru­po de pe­re­gri­nos camino a un tem­plo ne­pa­lí.

ICÓ­NI­CA. Es­ta fo­to, don­de se ve a un ni­ño en la puer­ta de su ca­sa gri­tan­do ate­rro­ri­za­do a los po­li­cías que no en­tren, re­co­rrió el mun­do. La to­mó Wal­ter As­tra­da en Ke­nia, en 2007, du­ran­te las ma­ni­fes­ta­cio­nes de vio­len­cia post­elec­to­ral.

TRA­DI­CIÓN. Una ins­tan­tá­nea de las ca­rre­ras Pa­cú Ja­wi, en Pa­ram­bahan, In­do­ne­sia.

VIDA CO­TI­DIA­NA. Gen­te dis­fru­tan­do de la pues­ta del sol, a ori­llas del río Vol­ga.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Paraguay

© PressReader. All rights reserved.