Diario El Comercio

Además de la baja ejecución presupuest­al, muchas obras quedan inconclusa­s

En el 2022, según la Contralorí­a, se tienen 2.346 proyectos en pausa por un monto mayor a S/29 mil millones. Oswaldo Molina Director ejecutivo de la Red de Estudios para el Desarrollo (Redes) Giacomo Puccio Investigad­or de la Red de Estudios para el Des

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Ahora que nuev a ment e s e acercan las elecciones regionales y municipale­s, cabe preguntars­e cómo están las regiones y, sobre todo, por qué existe tanta insatisfac­ción. O, puesto de otra manera, por qué no se han cumplido las promesas de mejores servicios públicos y mayor calidad de vida en las regiones, a pesar del crecimient­o experiment­ado en las últimas décadas.

Para entender eso, vayamos por partes. Primero, de acuerdo con una investigac­ión de Gustavo Yamada, profesor de la Universida­d del Pacífico, por cada punto del PBI que crecimos entre el 2004 y el 2019, la pobreza monetaria se redujo en promedio en 0,86%. Así, durante ese período, se logró llegar a mínimos históricos respecto a la pobreza. Sin embargo, a pesar de estos avances concretos en bienestar, existen todavía brechas importante­s que dificultan dar una mejor calidad de vida a toda la población. Muchas de estas brechas se encuentran relacionad­as con el acceso a servicios básicos en el país. Tomemos como ejemplo algo tan fundamenta­l como el acceso a agua potable. A nivel país, la cobertura parece buena, ya que nueve de cada diez peruanos tuvieron acceso al servicio en el 2021. Pero estos números ocultan una brecha importante en la calidad del servicio. Si consideram­os en cambio los hogares que acceden al servicio de agua las 24 horas, entonces solo cinco de cada diez tienen este servicio.

Ahora bien, podemos ir un paso más allá y comprobar las profundas disparidad­es en el acceso a estos servicios en las regiones. Por ejemplo, en Lima Metropolit­ana, el 93% de hogares accede a saneamient­o; el 94%, al servicio de agua; y el 67%, a Internet. Si comparamos esto con el promedio de todas las regiones, en estas solo el 74% accede a saneamient­o, el 87% a agua y el 49% a Internet.

Esta inequidad genera una enorme insatisfac­ción en los ciudadanos, quienes muchas veces consideran que no se invierte lo suficiente para el cierre de brechas. No obstante, lo que verdaderam­ente está ocurriendo es que, a pesar de los mayores recursos disponible­s, se tiene una baja ejecución en el presupuest­o destinado precisamen­teaproveer­estosservi­cios básicos. Un ejemplo de ello es que, entre el 2017 y el 2021, el presupuest­o de inversión pública ha crecido en 33%. Sin embargo, el monto que se dejó de ejecutar de ese presupuest­o durante el referido período es de S/82.866 millones en los tres niveles de gobierno, monto superior a todo el presupuest­o de inversión pública disponible para este año (nótese que 76% de lo que se dejó de invertir correspond­e a los gobiernos subnaciona­les). En última instancia, la falta de ejecución de los recursos es, como se puede apreciar, lo que termina afectando la provisión de servicios públicos en el territorio.

Los mayores recursos no parecen asegurar nada. Así lo atestigua el caso del distrito de San Marcos en Áncash, que, a pesar de ser el distrito que más transferen­cias recibe por canon en todo el país, solo puede ejecutar el 28% de estos montos adicionale­s asignados por este concepto. Y esto ocurre a la par de las enormes carencias de infraestru­ctura que sufre su población: en el sector salud, al 2017 solo se tenían seis postas para atender a 17 mil personas; en conectivid­ad, solo nueve de 199 centros poblados tienen acceso a Internet; y en educación, el 13% de las institucio­nes educativas tiene acceso a los servicios básicos(agua,saneamient­o,electricid­ad e Internet).

El problema de la baja ejecución no es la historia completa que explica lo que ocurre en las regiones con la provisión de los servicios públicos. Y es que, además de la baja ejecución, muchas obras quedan inconclusa­s. En el 2022, según la Contralorí­a General de la República, se tienen 2.346 obras paralizada­s por un monto mayor a S/29 mil millones. De estas obras paralizada­s, 1.704 correspond­en a los gobiernos locales, y están valorizada­s en S/6.893 millones; 274 correspond­en a los gobiernos regionales, y están valorizada­s en S/12.854 millones; y 368 correspond­en al gobierno nacional por un valor de S/9.893 millones. Como se puede apreciar, todos los niveles de gobierno les fallaron a las regiones. Esto, además, nos da cuenta de las dificultad­es que existen en el proceso de descentral­ización, que justamente buscaba cerrar brechas sociales en el territorio. En el gráfico se observa el número de obras paralizada­s y su costo en cada una de las regiones del país. Los números hablan por sí solos.

¿Cuánto impacta esta falta de ejecución y obras paralizada­s en el bienestar de la población? Imagine cuántos niños y ancianos no podrán acceder, por ejemplo, a una buena escuela o a un servicio de salud convenient­e. Se trata de trayectori­as de vida que empeoran porque no pueden tener la educación o la salud que permite progresar. Y es que la persona que no se puede atender en ese hospital porque no está culminado, probableme­nte ya no podrá atenderse en otro servicio médico. Para entender mejor el golpe que estas obras paralizada­s representa­n en el bienestar de los más vulnerable­s, conviene revisar los resultados obtenidos en un estudio de Antonella Bancalari, investigad­ora visitante de la Universida­d de Yale, quien encontró que en el Perú las obras paralizada­s de alcantaril­lado entre el 2005 y el 2015 llevaron a un aumento en la mortalidad infantil. ¡Sí, así como lo lee! Las zanjas abandonada­s implicaron frenar el flujo de agua a los hogares, lo que a su vez obligó a las familias a conseguir este recurso de otras fuentes no seguras. Asimismo, estas zanjas anegadas cerca de las viviendas terminaron convirtién­dose en focos de infección de enfermedad­es y en espacios peligrosos que generaban accidentes infantiles.

Es preciso que, como país, repensemos la manera de proveer servicios públicos de calidad a todos los rincones de la nación. Solo desterrand­o la baja ejecución de la inversión y las obras paralizada­s podremos cumplir las promesas de un mayor bienestar para todos.

“Es preciso que, como país, repensemos la manera de proveer servicios públicos de calidad a todos los rincones de la nación”.

*Este artículo fue escrito con el apoyo de María José Dibós.

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El Comercio no necesariam­ente coincide con las opiniones de los articulist­as que las firman, aunque siempre las respeta.
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