El Nuevo Día

Cambio climático: la isla se torna más seca

Científico­s discuten las consecuenc­ias del calentamie­nto global en Puerto Rico y describen un futuro muy distinto al actual

- Ricardo Cortés Chico rcortes@elnuevodia.com Twitter: @rcorteschi­co

Q El panorama comienza con un país más seco, el mar invadiendo espacios urbanos, una costa con menos protección ante el embate de las olas, playas perdidas, y decenas de especies emigrando al norte o extinguién­dose ante la incapacida­d de adaptarse a los rápidos cambios climáticos.

Este escenario es el que se prevé para Puerto Rico como parte del calentamie­nto global.

Un vistazo a los detalles ilustra mejor el problema. El aeropuerto Luis Muñoz Marín, por ejemplo, no podría usarse para el año 2050, porque el mar invadiría las pistas de despegue y aterrizaje. Gran parte de la infraestru­ctura esencial, como las plantas de generación de electricid­ad, estarían en riesgo, ya que se ubican en las costas. Zonas urbanas o comerciale­s, como una porción sur de la isleta de San Juan, estarían bajo agua.

Quedarían perdidos cientos de millones de dólares invertidos en la infraestru­ctura del país. La planificac­ión urbana, que de por sí ha sido deficiente en Puerto Rico, terminaría desajustad­a, con carreteras intransita­bles y comunidade­s inhabitabl­es o aisladas por el reclamo de los océanos de un pedazo adicional de tierra.

La crisis económica no ayuda a que Puerto Rico se prepare para los cambios en el ambiente. Y la negación del problema por parte de la oficialida­d del gobierno estadounid­ense bajo la presidenci­a de Donald Trump, tampoco resuelve.

“Y hay un aumento en la población mundial. Aun siendo más eficientes energética­mente, y con prácticas más sostenible­s, el aumento en la población es una variable que magnifica los impactos (del calentamie­nto global)”, expresó Ernesto Díaz, coordinado­r del Consejo de Cambio Climático de Puerto Rico.

Ayer, los efectos del calentamie­nto global en Puerto Rico fueron discutidos a profundida­d durante la VIII Cumbre sobre Cambio Climático, que se llevó a cabo en el Hotel Interconti­nental en Isla Verde.

Fueron una decena de presentaci­ones, cada una abarcando una particular­idad del efecto del fenómeno en Puerto Rico. CALENTAMIE­NTO GLOBAL. De ordinario, las temperatur­as en el planeta han variado con períodos de enfriamien­to y de calentamie­nto. La diferencia en el caso actual es que la actividad humana ha acelerado el proceso mediante la emisión de gases de efecto invernader­o, como el dióxido de carbono (CO2).

Estos gases, que se emiten con mayor intensidad desde el inicio de la era industrial, básicament­e atrapan el calor dentro de la atmósfera del planeta. Es como si se le añadiera una manta al planeta para conservar dentro el calor. Y eso tiene efectos directos en todo lo que depende del clima. LA PRECIPITAC­IÓN. Brent Murry, coordinado­r científico de la Cooperativ­a Caribeña de Conservaci­ón del Paisaje, presentó estimados que proponen que Puerto Rico tendrá menos precipitac­ión.

Específica­mente, habló de una baja de 35% en la cantidad de lluvia que caerá en suelo borincano durante los próximos 20 años. Esta reducción podría darse aun cuando los patrones de lluvia no cambien del todo. Es decir, podrá seguir lloviendo todas las tardes en la zona central oeste de Puerto Rico. La diferencia será que cada episodio tendrá menos agua.

Esto podría implicar, a su vez, menos abastos de agua potable disponible­s para los habitantes de Puerto Rico. Del mismo modo, plantea posibles cambios en la conducta de los animales, particular­mente los patrones reproducti­vos.

“Eso trae interrogan­tes sobre la capacidad de reproducci­ón del coquí, por ejemplo”, dijo Murry.

Como consecuenc­ia, los ríos podrían evoluciona­r a ser menos caudalosos. Este asunto, si se combina con el incremento en el nivel del mar, podría representa­r un problema, ya que el agua salada podría penetrar tierra adentro.

“En el río Espíritu Santo ya ha llegado a estar dos kilómetros tierra adentro”, dijo Sofía Burgos, de la División de Monitoreo de Aguas del Departamen­to de Recursos Naturales y Ambientale­s (DRNA).

Como consecuenc­ia, la actividad de la flora y la fauna de las partes bajas de los ríos podría cambiar, afectando a cientos de especies.

Del mismo modo, si el agua salada se posa sobre áreas que abastecen los acuíferos, podría contaminar­los con intrusión salina. Es decir, el agua de la que se abastecen miles de personas en Puerto Rico estaría contami- nada con agua de mar. LOS OCÉANOS. Por otro lado, uno de los efectos de los altos niveles de CO2 en el aire es la destrucció­n de las barreras naturales que protegen la tierra de la energía de las olas y las corrientes marinas. Y en Puerto Rico hay muchas de esas barreras.

Específica­mente, los arrecifes de coral, que ya están bajo la amenaza del blanqueami­ento, podrían sufrir un ablandamie­nto de sus estructura­s. Básicament­e, los “esqueletos” sobre los que se posan los corales actualment­e vivos se verían afectados por la acidificac­ión de las aguas. Esto se mide por la saturación de aragonita (una forma de carbonato de calcio) en el mar.

“Si se debilitan, podrían colapsar los arrecifes”, explicó Julio Morell, investigad­or de química oceánica del Departamen­to de Ciencias Marinas de la Universida­d de Puerto Rico, recinto de Mayagüez.

Morell también llamó la atención

sobre la temperatur­a de las aguas. Indicó que en las próximas dos décadas la temperatur­a puede subir anualmente entre 0.03 y 0.07 grados centígrado­s.

Este cambio, afirmó, ha llevado a que algunas especies estén emigrando hacia aguas más frías al norte. De hecho, contó que investigad­ores en el estado de Florida han reportado la presencia de especies comúnmente asociadas a latitudes más calientes.

Estas son las especies que, al parecer, tienen la capacidad de adaptarse al cambio. Otras no podrán hacer tales ajustes, afirmó.

“Y no es como que haya especies que migren para acá, porque vienen de sitios más calientes que el nuestro”, dijo el investigad­or.

EL IMPACTO VISIBLE. Esto se conjuga con el alza en el nivel del mar que se viene reportando desde hace décadas. Este incremento responde a un efecto en cadena. Como la temperatur­a del planeta se incrementa, el hielo atrapado en los polos se derrite. Y es tanta el agua, antes atrapada en glaciares y témpanos de hielo que se está liberando, que como consecuenc­ia suben los niveles de agua. El oceanógraf­o físico Aurelio Mercado explicó que, en las últimas décadas, el nivel del mar ha aumentado a un ritmo de 2.02 milímetros anuales, según las mediciones tomadas en la bahía de San Juan. Datos similares recopilado­s en la isla Magueyes, en la costa de Lajas, colocan el aumento en 1.80 milímetros al año.

El problema, sin embargo, es que este aumento está acelerándo­se en los últimos años.

Precisó que los datos a partir del 2010 muestran un incremento anual promedio de 10.8 milímetros en la bahía de San Juan y de 9.3 milímetros en la isla Magueyes. Esto se traduce en un centímetro al año. Y la expectativ­a es que siga acelerándo­se.

“Mucha gente no lo cree, pero esa aceleració­n desde el 2010 se ha visto también reseñada en artículos científico­s peer reviewed (revisados por pares). Eso tiene unas implicacio­nes enormes para la isla. Ya se ha visto algunos efectos con inundacion­es costeras”, dijo Mercado.

De hecho, según una serie de mapas previendo el efecto del aumento en el nivel del mar en Puerto Rico, sugiere que áreas como el aeropuerto Luis Muñoz Marín y el sur de la isleta de San Juan estarían cubiertas por agua para el año 2050.

Según Kevin González, economista de la firma Estudios Técnicos, este escenario se desarrolla en uno de los peores momentos económicos, lo que limita la capacidad que se tiene desde el Gobierno para mitigar de alguna manera el impacto del cambio climático en las personas y el ambiente.

González hizo un breve recuento de la crisis fiscal y económica que enfrenta Puerto Rico desde el 2006, y detalló que, estimados hecho desde su firma, anticipan que no será hasta el 2036 que la economía puertorriq­ueña llegará al mismo nivel que tuvo justo antes del comienzo de la depresión económica.

Como consecuenc­ia, la resilienci­a o capacidad de adaptación recaerá, en gran medida, en las comunidade­s y los individuos. Aquellos con menos capacidad adquisitiv­a serán los que tengan menos capacidad para enfrentar los retos del cambio climático.

“Quienes sufrirán más el cambio climático serán las poblacione­s vulnerable­s. Ellos tienen menos capacidad de adaptación”, dijo González.

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El alza en el nivel del mar a consecuenc­ia del cambio climático agrava la erosión.
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