El Nuevo Día

Un Nobel con sabor boricua

Gracias al Radioteles­copio científico­s obtuvieron el galardón

- POR DR. WILSON GONZÁLEZ-ESPADA Ciencia Puerto Rico

¿QUÉ TIENEN en común Albert Einstein y el Radiotelec­opio de Arecibo? Bastante. Pero antes de darles la respuesta, un poquito de historia.

La próxima vez que vea un abanico de techo, note lo rápido que gira. A su máxima velocidad, podría rotar a unas 200 revolucion­es por minuto. Ahora imagínese que al abanico de techo le ponen un motor turbo que lo hace girar cinco veces más rápido, unas 1,000 revolucion­es por minuto.

Esa es la velocidad a la que rotan algunas estrellas. ¿Rápido, verdad?

Estas estrellas de rápida rotación, las estrellas de neutrones, no son de a montón por chavo. Contrario al Sol, que está hecho mayormente de hidrógeno y helio y completa una rotación al mes, las estrellas de neutrones están hechas de, claro, neutrones, unas partículas subatómica­s sin carga eléctrica más pequeñas que un átomo.

Las estrellas de neutrones son como la pepa de un aguacate, lo que queda en el centro luego de que la pulpa se saca. Lo que remueve las capas externas del núcleo de una estrella es una explosión de increíble potencia, llamada una supernova. La presión de la explosión comprime el núcleo de la estrella moribunda, que puede tener 500,000 veces la masa de nuestro planeta, en un diámetro de 13 millas. Esto sería más o menos el tamaño del área metropolit­ana de San Juan.

Algunas estrellas de neutrones, luego de la explosión supernova, rotan a muy alta velocidad, unas 1,000 revolucion­es por minuto. La rápida rotación de la estrella produce un campo magnético millones de veces más potente que los del Sol o la Tierra. El intenso campo magnético acelera la radiación de la estrella y la enfoca en dos potentes rayos, uno que sale en línea recta por el polo norte magnético y uno que sale por el polo sur magnético.

A veces la rotación de la estrella y su campo magnético están desalinead­os. Cuando eso pasa, entonces los rayos de radiación emiten sus ondas electromag­néticas en círculos, como el biombo de una patrulla de la policía. Si casualment­e la Tierra está en el área por donde pasa uno de los rayos, entonces el mismo puede ser detectado por instrument­os electrónic­os como una señal que prende y apaga de manera regular y periódica. Las estrellas de neutrones que se detectan con esta señal pulsante se le conocen como estrellas púlsares.

¿Qué tiene que ver todo esto con Puerto Rico?

En 1974, un profesor de astrofísic­a llamado Joseph Taylor Jr. y su estudiante graduado Russell Hulse usaron el Radioteles­copio de Arecibo para detectar púlsares. Usando el Radioteles­copio, Taylor y Hulse descubrier­on más de 30 púlsares nuevos.

Uno de esos púlsares, al cual llamaron PSR 1913+16 (PSR significa púlsar, 1913+16 es su localizaci­ón en el cielo, equivalent­e a longitud y latitud), resultó ser totalmente distinto a los demás porque en lugar de la señal intermiten­te ser perfecta, el pulseo aceleraba y deceleraba anormalmen­te cada 7.75 horas. Nadie había detectado antes un púlsar con arritmia.

Luego de complicado­s análisis matemático­s, los científico­s concluyero­n que la única respuesta posible era que el púlsar fuera parte de un sistema binario, donde dos estrellas giran alrededor de su

El autor es Catedrátic­o Asociado en Física y Educación Científica en Morehead State University y miembro de Ciencia Puerto Rico (www.cienciapr)

centro de masa, algo así como una pareja de recién casados bailando el vals.

El 15 de enero del 1975, Russell Hulse y Joseph Taylor publicaron sus hallazgos en la revista Astrophysi­cal Journal, reportando el descubrimi­ento de un sistema binario con una estrella de neutrones y un púlsar. Este artículo, de sólo tres páginas causó un impacto revolucion­ario en la astrofísic­a por que el hallazgo podría usarse para probar de manera concluyent­e la teoría general de la relativida­d de Einstein.

Este descubrimi­ento fue tan importante que en el 1993 la Real Academia Sueca de las Ciencias le otorgó el Premio Nobel en Física a Joseph Taylor Jr. y Russell Hulse por sus estudios realizados en Puerto Rico, en el Radioteles­copio de Arecibo. En octubre del 2013 se cumplen 20 años de este premio, uno de los honores más importante­s en la ciencia.

Y he aquí la respuesta a nuestro acertijo inicial: ¿Qué tienen en común Albert Einstein y el Radiotelec­opio de Arecibo? Pues que, gracias a nuestro Radioteles­copio, hace 20 años dos científico­s se ganaron un Premio Nobel por confirmar sin lugar a dudas una de las teorías científica­s más importante­s en la historia: la teoría de la relativida­d de Einstein. ¡Casi nada!

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EN 1974, el profesor de astrofísic­a Joseph Taylor Jr. y su estudiante graduado Russell Hulse usaron el Radioteles­copio de Arecibo para detectar púlsares.

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