Los servicios son limitados
La entidad Abriendo Puertas al Futuro tuvo que bajar su matrícula de 37 a 8 participantes
Ramona Febo Boarman no solo tiene un hijo con un impedimento severo sino que es testigo de primera fila de cientos de familias que no tienen ayuda con el cuidado de sus vástagos.
“La vida de un familiar que tiene un niño con impedimento severo no es fácil”, declara la mujer, quien fundó la entidad Abriendo Puertas al Futuro para atender a su hijo y a otros con impedimentos severos, que ha promovido proyectos de ley y que fue integrante del Consejo Estatal para Déficit en el Desarrollo.
Una disminución en los fondos asignados a su organización, sin embargo, la obligó a despedir a 15 empleados y quedarse con dos, y a bajar de 37 a 8 los participantes que puede atender. Actualmente, tiene una lista de espera de 122 familias, explica. Indica que tiene rentado un edificio de dos plantas, equipado y listo para ofrecer diversas clases y terapias y que ahora solo tiene la ayuda de 10 estudiantes de un instituto educativo para el área de educación física adaptada.
Lamenta profundamente haber tenido que limitar tanto los servicios, no solo por los jóvenes, sino también por sus familias. “Los papás dejan de existir, de ir a citas médicas. Hay padres que han roto las puertas del clóset para poner rejas y dejar a su hijo con autismo severo adentro o en un cuarto para poder ir a trabajar y en la hora de almuerzo van a darle alimentos”, dice para ilustrar casos extremos.
“Muchos padres tienen que dejar su trabajo y coger cupones y reforma para poder atender a su hijo. Otros, pagan de $1,000 a $1,500 mensuales para que alguien lo cuide en su casa”, agrega.
La falta de servicios, sostiene Febo, se une a unos servicios de salud escasos e inadecuados porque muchos médicos no atienden a esta población o no tienen la sensibilidad que se requiere. En su caso, explica, “dejé de llevar el nene al neurólogo porque me daban una cita para la 1:00 p.m. y eran las 5:00 p.m. y uno allí con un niño en silla de ruedas”.
Destaca, además, que muchas de las encargadas de estos jóvenes y adultos son madres solteras porque, en muchos casos, los padres las abandonan. Entre ellas, afirma, hay muchas que son adultas mayores y que, como ella, se preguntan qué será de sus hijos cuando envejezcan y ellas no estén.