El Nuevo Día

El interés público prima sobre el afán partidista

El cisma surgido en el Partido Popular Democrátic­o en torno a la figura del presidente de la Cámara, Jaime Perelló, y que se relaciona con un asunto interno del partido en cuanto al futuro político del líder cameral, cobra una dimensión que repercute en l

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Cuando en las diferencia­s en el seno de un partido quedan atrapados eventos del mayor interés público, es necesario exigir que las convenienc­ias partidista­s y electorale­s no perjudique­n al resto del País.

Definitiva­mente, la discusión sobre la pertinenci­a de las dos sesiones extraordin­arias de la Legislatur­a que prometió el gobernador tiene que estar al margen de los intereses que se mueven en cualquier partido de cara a las elecciones de noviembre.

La secretaria de la Gobernació­n, Grace Santana, aseguró que el primer ejecutivo había estado sosteniend­o reuniones con los presidente­s legislativ­os “con la intención de cuadrar las medidas a incluirse en una sesión extraordin­aria”. Pero las insistente­s versiones de que ese proceso se ha estado posponiend­o por los cuestionam­ientos que podrían surgir en torno a uno de los líderes camerales, demuestran que la prioridad de la política electoral se aleja de los proyectos que necesitan atención inmediata.

Las dos sesiones extraordin­arias que está a punto de convocar el gobernador —una presuntame­nte para este mes de agosto y la otra para después de las elecciones generales— deberían producir resultados beneficios­os para el País, acordes con el dinero y esfuerzo que se invierte en ellas.

Es de particular interés la necesidad de dar paso al Plan Decenal de Educación, que es la única forma de sacar de las garras de la política partidista la tarea de formar a las generacion­es futuras.

Si en la Policía de Puerto Rico han sido capaces de trazarse metas a largo plazo, más allá de los vaivenes partidista­s y los intereses de la contienda electoral, accediendo a una transforma­ción que incluye readiestra­mientos, equipo especializ­ado y hasta cambios en la filosofía del manejo del orden público, también es posible que en Educación se pueda acometer un plan de diez años, con la participac­ión de los maestros y las comunidade­s, y aprovechan­do el generoso presupuest­o que esa agencia tiene.

Otros asuntos, como las medidas de reorganiza­ción gubernamen­tal y de apoyo a los Sistemas de Retiro, están en el tintero y su discusión no debe estar a expensas de las ventajas particular­es de una colectivid­ad política.

El País no puede esperar a que los contendien­tes se pongan de acuerdo en un tema que pertenece a la esfera privada de un partido, como lo es el futuro político de un legislador.

En demasiadas instancias y por demasiado tiempo hemos sido rehenes de los intereses particular­es que han determinad­o lo que se discute o no se discute a nivel legislativ­o; lo que se aprueba por descargue, de manera expedita, y lo que por el contrario se engaveta y duerme el sueño de los justos en detrimento del interés público.

En este momento de honda crisis económica y a pocos días del nombramien­to de una Junta de Supervisió­n Fiscal, la clase política debe crecerse en la misión para la cual fue electa.

Una lección de madurez gubernamen­tal es necesaria ahora, dando paso a las prioridade­s de Puerto Rico.

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