El Nuevo Día

LA VIDA Y LA MUERTE

- Mariel González Mendoza Doctora

Cuando escuchamos la frase “entre la vida y la muerte” usualmente pensamos en alguien que sufre una enfermedad terminal o que ha sufrido un trauma o lesión física severos.

Sin embargo, al considerar que la vida es extremadam­ente frágil podríamos decir que aun aquellos que estamos sanos nos encontramo­s entre la vida y la muerte.

La mayoría vivimos ignorando el hecho de que somos mortales, de que nuestros días están contados. Nos sentimos invencible­s, eternos.

Con cierta frecuencia escucho a algún paciente decir: “Yo nunca me enfermo, así que yo no necesito hacerme ese estudio o ponerme esa vacuna”.

En mi profesión he sido testigo de cómo repentinam­ente le cambia la vida a una persona a causa de una enfermedad inesperada, como podría ser un cáncer que aparece de la noche a la mañana y que lo mismo puede tomar años en apoderarse de un cuerpo que alguna vez fue sano o tomar tan solo unos meses en hacer lo propio.

El reciente fallecimie­nto del presidente del PPD, Héctor Ferrer, y de una de mis pacientes de la tercera edad son un recordator­io de lo frágil y efímera que es la vida.

El señor Ferrer y mi paciente vivieron experienci­as muy similares. Ambos habían vencido una enfermedad para más adelante sucumbir a otra.

Su primera experienci­a les recordó que la vida es finita y que cada día con vida es un milagro que debemos apreciar y agradecer. Dedicaron entonces el resto de sus días a valorar las cosas simples de la vida.

En una entrevista poco tiempo después de su primera batalla con la muerte, Ferrer definió “la verdadera riqueza de la vida” como algo de índole espiritual y no económica o material.

Algún día a todos nos llegará la hora, mientras tanto nos encontramo­s entre la vida y la muerte.

Hagamos de este tiempo algo valioso, que deje una huella imborrable en nuestros allegados y en nuestra sociedad.

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