El Nuevo Día

Urge actuar contra las balas al aire y la pirotecnia ilegal

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Aun en medio del necesario encierro que nos impone la pandemia del COVID-19, el periodo navideño debe ser de paz y alegría. Lamentable­mente, las acciones de ciudadanos inescrupul­osos que incurren en la práctica de hacer detonacion­es con armas de fuego y pirotecnia en estos días convierten estas fechas tan significat­ivas en fuentes de angustia, ansiedad, miedo y hasta de muerte.

Hace algún tiempo, las detonacion­es eran un entretenim­iento, siempre peligroso, pero mayormente limitado a la despedida de año. De un tiempo a esta parte, durante todo diciembre y buena parte de noviembre, múltiples comunidade­s a lo largo y ancho de Puerto Rico viven aterradas por las continuas detonacion­es y ráfagas producto, cuando no de la pirotecnia, de las armas de fuego. Estas prácticas tienen que cesar.

Aunque no debería ser necesario enfatizar en lo obvio, estamos obligados a recabar apoyo ciudadano para procurar la seguridad de todos. La población tiene que aprender a ejercer prudencia, a respetar el derecho de su vecino a vivir en paz y a cuidarse de los múltiples peligros que entrañan estas horribles prácticas.

Las autoridade­s de Puerto Rico y de Estados Unidos, además, tienen que intensific­ar sus esfuerzos para luchar contra este problema. No es posible tratar de entender esta lamentable situación sin tomar en cuenta que la abundancia de pirotecnia y de armas ilegales es reflejo de las limitacion­es de ambas jurisdicci­ones en el ejercicio de su deber de proteger a la sociedad puertorriq­ueña.

La inmensa mayoría de los artefactos pirotécnic­os que atormentan en este tiempo las noches puertorriq­ueñas es ilegal. Al igual que ocurre con las drogas y las armas ilegales, en nuestra isla no se fabrican estos productos.

¿Cómo es que circulan libremente en la calle, incluso entre ciudadanos “de bien” que carecen de la conciencia para entender que el poseer o hacer uso de esos productos es tan delito como muchos otros? ¿Cómo llegan a Puerto Rico sin ser detectados ni en puertos, ni en aeropuerto­s ni en correos? ¿Por qué no abundan los operativos de las autoridade­s confiscand­o los productos o arrestando gente por distribuir­los o poseerlos? ¿Por qué no se dan de una vez y por todas las lecciones que hagan a alguna gente entender que esto no es solo ilegal, sino también muy peligroso?

Las personas que aprovechan estos días para hacer detonacion­es al aire, lo hacen sin considerac­ión de las muchas lágrimas y vidas que esa conducta irresponsa­ble ha costado en el pasado a familias.

¿Habrán olvidado, entre muchas otras víctimas, a Karla Michelle Negrón Vélez, de 15 años, muerta en Santurce durante la llegada de 2012, o a Francisco Javier Cancel, de 14, un año antes en Bayamón? ¿Habrán olvidado aquellos horrendos días, no muy distantes, en que comenzábam­os el año contando cuántas personas habían muerto o resultado heridas durante las festividad­es de la despedida de año? ¿Lo olvidaron o no les importa?

Conviene recordar, igualmente, que las angustias provocadas por las detonacion­es no solo afectan a las personas. En las mascotas, sobre todo en perros, tienen un efecto aterrador y traumatiza­nte. Hay gente que, si no se conmueve por su prójimo, sí siente por su mascota.

Durante los últimos años, campañas contra las balas al aire han dado resultado. Hace tiempo ya que no nos toca comenzar el año lamentando desgracias producto de esto. Se debe dar, por lo tanto, el próximo paso: erradicar la manía de hacer detonacion­es y alterar la paz de personas y de mascotas. Si quieren ruido, hay cómo, pues, ¿quién puede quejarse, por ejemplo, del sonido de una corneta?

Por la paz, por los niños, los ancianos y las mascotas, no más detonacion­es ni tiros al aire.

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