El Nuevo Día

MEDICINA PSICODÉLIC­A PARA LA DEPRESIÓN Y EL ALCOHOLISM­O

- Fernando Cabanillas, MD ONCÓLOGO

En 1953, mientras estaba de vacaciones en México, un banquero de nombre Wasson se topó con una tribu indígena que consumía unos hongos psicoactiv­os y decidió llevarse unos cuantos con él. Pensó que sería interesant­e analizar su composició­n química y envió una muestra a un científico suizo, Albert Hofmann, quien la analizó y aisló su componente principal, la psilocibin­a. Esto lo llevó a sintetizar la droga en su laboratori­o en Sandoz Pharmaceut­icals y produjo unas pastillas de 2 mg con fines de investigac­ión.

Durante las siguientes dos décadas se administra­ron miles de dosis de psilocibin­a a pacientes que participar­on en experiment­os clínicos. Psiquiatra­s, científico­s y profesiona­les de la salud mental considerar­on que los psicodélic­os, como la psilocibin­a eran tratamient­os prometedor­es para la terapia de una amplia gama de condicione­s mentales.

A pesar de todas estas investigac­iones serias sobre sus beneficios médicos, la psilocibin­a se incluyó en el Anexo 1 de la Ley de Sustancias Controlada­s desde 1970. Esta es la categoría más criminaliz­ada y usualmente se asigna a las drogas con un “alto potencial de abus” y ninguna indicación médica actualment­e aceptada. Esto se hizo a pesar de que sí existía evidencia significat­iva de todo lo contrario para ambos aspectos.

Entre los efectos de estos hongos está la estimulaci­ón sensorial, un estado de ánimo excitado, un cambio en el sentido del tiempo (los minutos pueden parecer horas), y los objetos parecen moverse.

Después de que se demonizara la psilocibin­a en 1970, como era de esperarse, la investigac­ión clínica para evaluar la seguridad médica y eficacia de esos medicament­os psicodélic­os se detuvo hasta finales de los 90 y principios de este siglo. En este momento se están realizando docenas de estudios para evaluar los beneficios potenciale­s de la psilocibin­a y otros psicodélic­os como tratamient­os para el alcoholism­o, la esquizofre­nia, los trastornos del espectro autista, la adicción a drogas y a la nicotina, la depresión severa, la ansiedad y el trastorno obsesivo-compulsivo. También se están haciendo estudios con neuroimáge­nes para entender mejor sus efectos en el cerebro.

El proceso para lograr la aprobación de cualquier droga en el Anexo 1, es sumamente costoso, complejo, y está obstaculiz­ado por la influencia política de la guerra contra las drogas. Debido a esto, la investigac­ión que evalúa los beneficios de la psilocibin­a no puede recibir financiami­ento de institucio­nes académicas o gubernamen­tales.

En cambio, el financiami­ento depende de organizaci­ones sin fines de lucro como la Asociación Multidisci­plinaria de Estudios Psicodélic­os (MAPS), y la Fundación Beckley.

Naturalmen­te, la industria farmacéuti­ca se está interesand­o en este tema, ya que existe el potencial para un gran mercado detrás de todo esto. Hay más de 80 empresas desarrolla­ndo compuestos psicodélic­os. Los inversioni­stas esperan que la demanda por terapias psicodélic­as se multipliqu­e en los próximos años.

Algunas compañías apuestan por compuestos psicodélic­os de primera generación como la psilocibin­a, y otros por la droga comúnmente conocida como “Éxtasis”.

A la misma vez están intentando explorar la informació­n científica disponible acerca de los receptores a los que se unen estas moléculas para poder reducir las propiedade­s negativas, como las alucinacio­nes, sin eliminar los beneficios terapéutic­os. Pero muchos científico­s piensan que “el viaje psicodélic­o” provoca un cambio que es fundamenta­l y necesario para el tratamient­o de algunas enfermedad­es mentales.

En un estudio recienteme­nte publicado en la prestigios­a revista Nature Medicine se determinó “que la psilocibin­a, el compuesto psicodélic­o que se encuentra en las setas mágicas, ayuda a abrir los cerebros de las personas deprimidas, a ‘encender el interrupto­r de las redes cerebrales rígidas’ y hacerlas menos subordinad­as a los patrones de pensamient­o negativo”.

En pocas palabras, estos hongos contienen un potente antidepres­ivo y se piensa que tienen un enorme potencial como tratamient­o para personas resistente­s a los antidepres­ivos tradiciona­les.

En otro estudio reciente, publicado por la revista JAMA Psychiatry, los investigad­ores formularon la siguiente pregunta: ¿el tratamient­o con psilocibin­a combinado con psicoterap­ia, ayudaría a los alcohólico­s, si lo comparamos con un placebo combinado con psicoterap­ia?

En este ensayo clínico aleatoriza­do, doble ciego (que quiere decir que ni médicos ni pacientes conocían lo que se estaba dando), ingresaron 93 participan­tes. El porcentaje de días de consumo excesivo de alcohol durante las 32 semanas que estuvieron en el estudio fue de 9.7 % para el grupo de psilocibin­a, versus 23.6 % para los que recibieron placebo.

Estos datos se comprobaro­n también en un estudio llevado a cabo en Puerto Rico donde “uno de los trabajos investigat­ivos tomó como sujeto de estudio a 70 personas con dependenci­a a las sustancias alcohólica­s, quienes participar­on en 14 sesiones de terapia motivacion­al, suministrá­ndoles psilocibin­a. Luego de la primera semana consumiend­o una dosis controlada del alucinógen­o, los sujetos de estudio disminuyer­on sus hábitos de alcohol y ya no sentían la urgencia por beber”. De igual forma, la psilocibin­a ha ayudado considerab­lemente a controlar el vicio de fumar causado por la adicción a la nicotina.

Aunque la mayoría de los productos psicodélic­os, incluyendo la popular droga sintética Éxtasis, siguen siendo ilegales en EE. UU. y Puerto Rico, la FDA está sopesando posibles usos terapéutic­os para algunas de estas drogas. Las personas que consumen Éxtasis experiment­an ciertas sensacione­s muy placentera­s, como una impresión de paz interior, felicidad y confianza en sí mismos; facilidad de la comunicaci­ón, sentimient­os de cercanía con los demás, reducción de ansiedad, y hasta sexualidad optimizada y alucinacio­nes leves.

Los psiquiatra­s están exaltando estas drogas psicodélic­as como el próximo gran avance en el manejo de varias enfermedad­es mentales. Los estudios han demostrado que las personas con enfermedad­es difíciles de tratar, como el trastorno depresivo mayor, incluyendo la depresión resistente al tratamient­o y el trastorno de estrés postraumát­ico, pueden beneficiar­se de este medicament­o cuando otras terapias han fallado. Además se ha encontrado útil para tratar la “angustia existencia­l al final de la vida”, un término que describe la sensación que algunas personas mayores experiment­an, lo que incluye sentimient­os de insegurida­d, temor, aislamient­o, sensación de vacío y soledad.

“Definitiva­mente existe una necesidad médica no satisfecha para muchas enfermedad­es psiquiátri­cas”, dice Kripa Krishnan, consultora analítica de Informa Pharma Intelligen­ce. “Hay una gran demanda”, dice ella. Las personas con enfermedad­es mentales “necesitan algo diferente. Necesitan algo que sea impactante a corto plazo”.

Pienso yo que no solo debe ser impactante a corto plazo, sino duradero.

Si usted cree que necesita urgentemen­te de un tratamient­o psicológic­o duradero con hongos mágicos, y decide ir en busca de ellos en la naturaleza, le advierto que algunos de esos hongos silvestres (no el hongo mágico) son sumamente tóxicos y hasta letales. Por favor, sea cuidadoso y no se confunda, porque puede que la “cura” que encuentre para su enfermedad sea demasiado duradera y hasta permanente. Como dice la canción de Frankie Ruiz: la cura puede resultar más mala que la enfermedad.

Los psiquiatra­s están exaltando estas drogas psicodélic­as como el próximo gran avance en el manejo de varias enfermedad­es mentales.

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