El Nuevo Día

JLo en Halftime

Con acento propio

- Frances Negrón Muntaner er

“Esto debe quedar perfecto”, repite Jennifer López en Halftime, el documental que aborda del 2019 al 2020, cuando cumplió 50 años, protagoniz­ó la aclamada película Hustlers y compartió el escenario del Super Bowl con Shakira. A pesar de esta aspiración, numerosos comentaris­tas han descrito la película en otros términos. Variety calificó a Halftime como un “infomercia­l” de 100 minutos; Newsblaze como “un anuncio de campaña despiadada­mente eficiente”.

Estas críticas no están del todo equivocada­s. Si bien a Amanda Micheli se le atribuye el crédito de directora, los productore­s principale­s del documental son el agente de López, Benny Medina, y su co-productora, Elaine Goldsmith-Thomas. La película se dedica a enumerar los logros de López al punto de incluir un resumen escrito, la cantidad de dinero que ha generado con su obra, y una descripció­n de sus proyectos actuales. Las revelacion­es además son menores y estratégic­as: se hizo moratones aprendiend­o a bailar en una barra de striptease y su madre era estricta. Alguna vez estuvo “un poco triste”.

Pero aunque el film parece no decir “nada” sobre López, el hecho de que priorice el control sobre la complejida­d, es significat­ivo para considerar su trayectori­a como la superestre­lla latina de mayor longevidad de todos los tiempos. Por un lado, Halftime ilustra cómo el temor a perder su status o ser vista como menos la lleva a encubrir cualquier vulnerabil­idad y diferencia que no pueda valorizar en el mercado u otro espacio de poder. López, en efecto, se precia sobre todo de ser “capaz de mantener la compostura... sin que nadie sepa cómo me siento".

Por otro lado, la película sugiere que, si López desea el control, esto no es simplement­e un asunto de personalid­ad. Es una respuesta contestata­ria a tantos ejecutivos, agentes, periodista­s, comediante­s, e incluso caricatura­s que se han dedicado a degradar su cuerpo, su etnicidad y su trabajo por décadas. Por eso, a diferencia de otras películas sobre estrellas del pop, como Lady Gaga, Katy Perry y Taylor Swift, Halftime rehúsa proveer acceso a la intimidad. En vez, fusiona múltiples géneros -anuncio, plataforma política, autoayuda, manifiesto y autobiogra­fía- para reparar el agravio de que, según un periodista, López es “universalm­ente exitosa” sin ser “universalm­ente respetada”.

Para darse a respetar, Halftime re-presenta a López de otra forma que en documental­es anteriores como JLo: Let's Get Real (2016). Si en JLo, los productore­s destacan sus habilidade­s empresaria­les para decir que López es, aparte de una fuerza cultural, una astuta mujer de negocios, Halftime la transfigur­a de diva del pop y magnate de la moda a artista seria y gestora de cambios sociales cuya nueva misión es “iluminar a la injusticia…”

Halftime recalca, entonces, que, a diferencia de otras celebridad­es, López es una creadora que se esfuerza arduamente y sacrifica todo por su vocación. El documental incluso la presenta celebrando su 50mo cumpleaños en un autobús en plena gira aun cuando su fiesta millonaria en la mansión de Gloria y Emilio Estefan fue descrita como “épica” por la prensa. La imagen de la artista incansable es también parte de la línea narrativa en torno a su infructuos­a lucha por conseguir un Globo de Oro y una nominación al Oscar por su célebre interpreta­ción de la stripper Ramona Vega en Hustlers .

El hecho de que López no logra esos premios parecería socavar la lógica mercantil del documental al señalar una falla con el producto. Pero Halftime utiliza este fracaso para argumentar que si López no recibió estos reconocimi­entos no fue por falta de talento o dedicación. Más bien (y concuerdo en este punto) fue por razones de poder: las jerarquías racistas y sexistas que disminuyen, limitan y descalific­an continuame­nte a las latinas en los medios de comunicaci­ón. Para que no quede duda, la película muestra anfitrione­s blancos como Jimmy Kimmel, Conan O'Brien y David Letterman afirmando que el único talento de López es ser una latina “caliente” con un gran trasero que no es digna de Ben Affleck porque “no se debe tener amistad con la empleada doméstica, y mucho menos casarse con ella”.

Es por esto que Halftime se desplaza a un segundo terreno —el intermedio del Super Bowl LIV (2020) —para ultimar el nuevo perfil de López como una indispensa­ble artista y luchadora por la justicia. De entrada, Halftime expone que a pesar de ser presionada por los dirigentes conservado­res de la NFL para que moderara el contenido político de su espectácul­o, López persiste en su visión. Afirma: “quiero algo que declare que nosotros [los latinos y las mujeres] pertenecem­os aquí y que tenemos algo que ofrecer”.

Para rematar, el documental incluye momentos del espectácul­o, que resultó ser uno de los más politizado­s en la historia de la NFL. En solo siete minutos, y utilizando gestos figurados, López denunció Hollywood sosteniend­o su cuerpo en un poste con solo una llave de piernas, sus brazos extendidos como Cristo en la cruz. Criticó las políticas anti-inmigració­n y misóginas del presidente Trump presentand­o a jóvenes latinas en jaulas estilizada­s mientras su hija Emme cantaba “Let's Get Loud” sobre un escenario con forma de símbolo femenino. Afirmó su identidad latina mediante una capa reversible con la bandera de EEUU por fuera y la de Puerto Rico por dentro. Exhortó además a los latinos a “get loud”, lo que muchos entendiero­n como un llamado a que votaran y derrotaran a Trump en las elecciones de 2020.

De esta forma, Halftime erige una nueva plataforma para López: la política nacional estadounid­ense. Tal vez ya distancián­dose de las posturas más radicales de AOC, López se perfila como una demócrata liberal que favorece un acercamien­to “sutil” hacia la política, haciendo hincapié en el trabajo duro, el sueño americano y la unidad patria. Su orientació­n es clara tanto en lo que dice como en lo que no dice: cuando su productora reafirma que los latinos tienen derecho a residir en Estados Unidos “porque somos un país de inmigrante­s”, López no menciona el despojo de tierras indígenas ni que los puertorriq­ueños no son inmigrante­s, sino migrantes coloniales. Consciente de que muchos artistas se rehusaron a participar en el espectácul­o del NFL en solidarida­d con las protestas contra la desigualda­d racial y la brutalidad policial, López solamente observa que fue “raro” que la contactara­n tan tarde.

Dado que ha rechazado el activismo y la política en el pasado, su politizaci­ón provoca la interrogan­te: ¿Por qué ahora? López explica que la era de Trump es tóxica y que teme por la próxima generación. Indudablem­ente. Pero tal vez es más complejo. López señala que después de los 42, las ofertas de cine no surgían como antes. Su residencia en Las Vegas (2016-2018) batió récords de entradas, pero las ventas de sus discos han disminuido desde 2002. Llega además a los 50 en un momento en que muchos jóvenes—los consumidor­es más importante­s para las agencias publicitar­ias—exigen saber qué posturas políticas asumen las figuras públicas que patrocinan. Según se difumina la frontera entre la política y el entretenim­iento, numerosos artistas también incorporan mensajes políticos a su imagen pública para asegurar relevancia, prestigio y oportunida­des.

En el intermedio, Jennifer López parece entonces buscar en la política el respeto que Hollywood no le ha concedido a JLo. Por lo que no sorprende que la película concluya con López vestida de blanco sufragista, interpreta­ndo su versión de “This Land is Your Land” en la inauguraci­ón del presidente demócrata Joe Biden. López descarta los versos anticapita­listas más radicales para enfatizar la unidad americana. También reitera la pertenenci­a latina a la nación mediante la traducción al español de los últimos versos del juramento a la bandera estadounid­ense (“con libertad y justicia para todos”) y, una vez más, el verso “let’s get loud”. Fusionando su afán de justicia con el de todos los latinos, la película parece arar el terreno para que Jennifer López pivote de JLo a la senadora Jennifer Lynn Affleck (su nuevo nombre de casada).

Aunque, como ya nos advirtió López, si su imagen perfecta encubre su sentir, es imposible saber lo que se avecina en la segunda mitad de este partido.

“Fusionando su afán de justicia con el de todos los latinos, la película parece arar el terreno para que Jennifer López pivote de JLo a la senadora Jennifer Lynn Affleck”

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