Por Dentro

UN HÍBRIDO PARA ABRIR LAS ESCUELAS

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Es difícil predecir si el año que viene estaremos felicitánd­onos, o de lo contrario lamentándo­nos, por la decisión de abrir o no las escuelas en medio de esta pandemia. De camino al hospital, recienteme­nte escuché por la radio a un hombre que abogaba fogosament­e para que nuestras escuelas en ninguna circunstan­cia abran el próximo marzo. Lucía plenamente convencido de que era un desacierto grave del gobierno el abrir y que debía esperar hasta que se hayan vacunado, no solo la facultad y administra­ción escolar en pleno, sino también todos y cada uno de los estudiante­s.

Muchos estaremos en desacuerdo con él, pero en lo que prácticame­nte todos estamos de acuerdo es en la importanci­a de reabrir las escuelas. Prueba de esto es que en los Estados Unidos analizaron los datos de los niños de escuela elemental que tomaron exámenes nacionales de lectura y matemática­s en otoño de 2020, y los compararon con el 2019. Los resultados fueron muy interesant­es. Al comparar las notas obtenidas en los exámenes de lectura, los estudiante­s tuvieron un desempeño similar al año anterior, pero no así en matemática­s, ya que las notas que obtuvieron fueron sustancial­mente más bajas.

Podemos asumir dos posiciones: no abrir hasta que todo el personal y todos los estudiante­s estén vacunados, lo cual probableme­nte tomará hasta el 2022, o encomendar­nos a Dios y abrir por completo sin tomar todas las medidas necesarias. Yo me inclino por una solución intermedia entre estas dos posiciones extremas.

¿Cuáles serían las otras ventajas de abrir? Algunos expertos alegan que es hora de enfocar la discusión, no en los riesgos de abrir, sino en los riesgos de mantenerla­s cerradas. La Dra. Danielle Dooley, directora del Hospital Nacional de Niños en Washington, D.C., señala que aparte del aprendizaj­e, hay otros problemas como la salud mental, el hambre, la obesidad debido a la inactivida­d, y la falta de atención médica, que pueden ser causados por mantener las escuelas cerradas, especialme­nte las escuelas públicas, donde se les provee alimentaci­ón gratis, ejercicio y atención médica a los niños.

¿Cuáles son las desventaja­s de abrir? A pesar de que la incidencia de COVID en niños es menor que en adultos, el número de estudiante­s en edad escolar con COVID ha ido aumentando. Los niños y adolescent­es con enfermedad­es preexisten­tes corren un mayor riesgo de padecer complicaci­ones serias. Además, existe la posibilida­d de que diseminen la enfermedad fuera de las escuelas.

El profesor Enric Alvarez, de la Universida­d Politécnic­a de Cataluña, examinó diferentes regiones dentro de España con el fin de determinar si las escuelas eran una fuente de contagios. España realiza un amplio rastreo de contactos, por lo que pudo evaluar bien ese punto. Descubrió que el 87% de los estudiante­s que dieron positivo en la prueba de COVID no infectaron a nadie más en la escuela. Y en cuanto al resto del país, encontró que las escuelas no hicieron absolutame­nte ninguna diferencia como fuente de infección. Algo similar acaban de describir en Estados Unidos.

Si decidimos permitir el aprendizaj­e en persona, es importante adoptar e implementa­r acciones para frenar la propagació­n. ¿Cuáles son? Desde luego que se debe exigir la vacunación completa a todos los empleados y facultad antes de permitirle­s trabajar en las escuelas, y desde luego que el uso de mascarilla­s es importante... pero imagínense, si difícil es en adultos, ¿cuán factible es pretender que los niños desde kínder hasta tercer grado las usen?

No podemos ponernos una camisa de fuerza, sino ser flexibles para descartar sobre la marcha lo que no funciona e inventar nuevas estrategia­s.

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