20 Minutos Madrid

’STRAS’, LOS VIOLINES MÁS ESPECIALES

Un concierto en el Palacio Real de Madrid reúne, de forma excepciona­l, los stradivari­us del Cuarteto Palatino

- ADOLFO ORTEGA cultura@20minutos.es / @20m JORGE PARÍS

La impresión es la de asistir a la apertura de un tesoro de valor incalculab­le. Nos encontramo­s en una sala contigua al Salón de columnas del Palacio Real. Sobre unas mesas cubiertas con telas se encuentran cinco estuches que contienen otros tantos instrument­os que Antonio Stradivari (1644-1737) construyó entre 1694 y 1709.

Los famosos stradivari­us de Palacio van a ser entregados a los solistas del conjunto barroco Concerto 1700 para un ensayo previo al concierto que se celebrará por la tarde. La conservado­ra de instrument­os musicales de Patrimonio Nacional María José Suárez los va llamando uno por uno; esperan en una dependenci­a contigua. Indica el procedimie­nto antes de abrir cada estuche, retira un paño de protección y lo deja a disposició­n del músico. La puerta de acceso al salón ha de estar abierta para evitar golpes.

«Cuando Antonio Stradivari fabrica este conjunto, que originalme­nte era un quinteto formado por dos violines, dos violas y un violón bajo –actual violonchel­o–, lo hace convencido de que debe destinarse a la Casa Real de España. Había hecho algo similar con los Medici. ¿Cuál es la singularid­ad que convierte en único este quinteto? Que está decorado con dibujos del propio Stradivari».

¿Y cuál es el secreto del sonido de los stradivari­us? «Suele hablarse del barniz, pero fundamenta­lmente son las maderas tan especiales que empleó Antonio Stradivari –puntualiza la conservado­ra–. Proceden de árboles de crecimient­o muy lento como el abeto. Además, entre 1645 y 1715 hubo un periodo muy frío en Europa y el crecimient­o de las coníferas fue todavía más lento. Eso repercutió en que la madera fuera muy compacta». Stradivari fue discípulo de otro gran constructo­r de instrument­os afincado en Cremona,

Nicolò Amati, del que se conservan piezas muy apreciadas en la actualidad.

«Estamos ante un lutier que triunfó en vida. Era muy cotizado y trabajaba por encargo, para las grandes familias nobiliaria­s y las grandes cortes europeas. Más que un artesano se le considerab­a un artista. Stradivari oía la madera», concluye.

«El quinteto que se reúne para la ocasión –continúa la conservado­ra– consta de dos violines, una viola y dos violonchel­os, pero no se correspond­e con el inicialmen­te adquirido por Carlos III, en torno a 1772, como regalo para su hijo, el príncipe que luego adoptaría el nombre de Carlos IV. En realidad, los instrument­os fueron ofrecidos décadas antes a Felipe V, cuando el rey pasó por Cremona tras la Guerra de Sucesión, pero las autoridade­s cremonense­s no permitiero­n que saliesen de la ciudad». Hubo que esperar décadas para que llegaran a sus reales destinatar­ios

Una vez alineados milimétric­amente los asientos para el concierto, los músicos inician el ensayo bajo la estatua del Emperador Carlos V. «Estos instrument­os nos pertenecen a todos, a un autónomo de Valencia o a un bombero de Santiago de Compostela. Son patrimonio nacional y es nuestra obligación que sigan en uso y en buen estado», afirma Daniel Pinteño, primer violín y fundador del conjunto Concerto 1700.

Otro capítulo es el de la adaptación de los músicos a unos instrument­os a los que no están habituados. «Con instrument­os tan buenos, no hay problema. Cuando llevas un rato ya te sientes cómodo. Es como una memoria muscular que te permite sacar un sonido determinad­o, aplicando una presión concreta con el arco».

Poseer un stradivari­us no era tan excepciona­l a finales del siglo XVIII entre los músicos, comenta Pinteño. «En aquel momento, tener un ‘stra’ –así se los denomina coloquialm­ente– era como tener ahora un iPhone. Aquí en Madrid había muchísimos y lo sabemos por los testamento­s de músicos. Posiblemen­te, Boccherini tuviera uno y Brunetti también».

Llega el momento del concierto, enmarcado en el XL Ciclo de Música de Cámara de Patrimonio Nacional, con Pinteño y Andres Murillo, violines; Isabel Juárez, viola, y Ester Domingo y Marco Testori, violonchel­os. La velada consigue rememorar con la máxima fidelidad aquellas academias –conciertos privados en la Corte– que se vivían en este espacio hace dos siglos y medio. ●

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 ?? ?? En las imágenes, María José Suárez, conservado­ra de instrument­os musicales de Patrimonio Nacional, y el violinista Daniel Pinteño de Concerto 1700, con los instrument­os.
En las imágenes, María José Suárez, conservado­ra de instrument­os musicales de Patrimonio Nacional, y el violinista Daniel Pinteño de Concerto 1700, con los instrument­os.
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