¿ES UN MAN­DA­TO EVAN­GÉ­LI­CO EL CE­LI­BA­TO DEL CLE­RO?

Año Cero Monográfico - - Noticias -

En el Nue­vo Tes­ta­men­to no se di­ce na­da al res­pec­to. Y la Bi­blia he­brea tan so­lo pres­cri­be abs­ti­nen­cia se­xual tem­po­ral en de­ter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias. Es más, en Ma­teo (5:17-18) se di­ce que Jesús ra­ti­fi­có el man­da­mien­to del Le­ví­ti­co : «To­ma­rá, el sa­cer­do­te, vir­gen por mu­jer, no viu­da, ni re­pu­dia­da, ni des­flo­ra­da, ni pros­ti­tui­da». El úni­co ar­gu­men­to de la Igle­sia es­tá en la fra­se de Jesús «hay eu­nu­cos que lo son de na­ci­mien­to, otros por obra de los hom­bres y otros que se ha­cen a sí mis­mo eu­nu­cos por el reino de los cie­los, quien pue­da lle­gar a ello que lo ha­ga» ( Mat 19: 1012). Pe­ro como ve­mos, no se pres­cri­be ni se prohí­be na­da. En la Epís­to­la de San Pablo a Tito ( Tit 1: 5-7) el san­to di­ce a su ayu­dan­te ha­ber­le de­ja­do en Cre­ta pa­ra or­de­nar sa­cer­do­tes «irre­pro­cha­bles, ma­ri­dos de una so­la mu­jer…» Na­da que ver con el ce­li­ba­to, que en reali­dad no fue de­cre­ta­do ofi­cial­men­te has­ta el con­ci­lio de Ni­cea (325 d. C), en cu­yo ca­non 3 se es­ti­pu­ló: «Se prohí­be con to­da se­ve­ri­dad a los miem­bros del cle­ro te­ner con­si­go a una per­so­na del otro se­xo, a ex­cep­ción de la ma­dre, her­ma­na o tía, o mu­je­res de las que no se pue­da te­ner nin­gu­na sos­pe­cha».

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