Que­ri­do Mi­kel

ABC - Alfa y Omega Madrid - - La foto - Án­gel Gar­cía-Ra­yo Luen­go

Doy gra­cias al Se­ñor por el re­ga­lo de tu vi­da y por el re­ga­lo de tu amis­tad, por los pre­cio­sos años com­par­ti­dos en el Se­mi­na­rio de To­le­do y por las úl­ti­mas oca­sio­nes en que nos hemos vis­to en Bue­na­fuen­te del Sis­tal y hemos po­di­do ha­blar. Nun­ca me ol­vi­da­ré de la úl­ti­ma con­fe­sión. Me dis­te la ab­so­lu­ción en el mon­te. Dos sa­cer­do­tes de Je­su­cris­to, enamo­ra­dos de Él, dos hom­bres en lu­cha, con el co­ra­zón abier­to a la voz del Se­ñor, he­ri­dos por Él, dos pro­fe­tas de fue­go, dos hi­jos pre­di­lec­tos de la Vir­gen Ma­ría, qui­zá por ser más ne­ce­si­ta­dos. Tu muer­te me ha do­li­do, Mi­kel. Me has ro­to el co­ra­zón. Te has ido en un mo­men­to. Pe­ro no me ca­be la me­nor du­da de que es­tás en la ple­ni­tud de la Vi­da y de la di­cha en el seno de Aquel a quien en­tre­gas­te tu vi­da, Aquel que te lla­mó y te con­sa­gró des­de el seno ma­terno y que en su de­sig­nio de Pro­vi­den­cia y Amor, tan­tas ve­ces in­com­pren­si­ble pa­ra no­so­tros, ha que­ri­do co­ro­nar­te ya con la Vi­da eter­na.

Quie­ro dar­te gra­cias por tu gran co­ra­zón abier­to a Dios y a los de­más, es­pe­cial­men­te sen­si­ble al su­fri­mien­to de tu pró­ji­mo, por tu ce­lo pas­to­ral por el bien de las al­mas, por tu sa­cer­do­cio tan her­mo­sa­men­te vivido. Quie­ro dar­te las gra­cias por tu ale­gría, por tu ges­to aco­ge­dor y cer­cano siem­pre, por ser cau­ce de la mi­se­ri­cor­dia de Dios pa­ra tus her­ma­nos.

Has­ta siem­pre, her­mano.

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