El San­tí­si­mo lle­ga a la cár­cel mi­li­tar de Al­ca­lá

▼ Con­fra­ter­ni­dad Car­ce­la­ria lle­va a Al­ca­lá-Me­co Mi­li­tar la ado­ra­ción eu­ca­rís­ti­ca. «Cris­to es­tu­vo en la cár­cel y se sien­te a gus­to en­tre los pre­sos», di­cen los pro­mo­to­res

ABC - Alfa y Omega Madrid - - Madrid - Juan Luis Váz­quez Díaz-Ma­yor­do­mo

Es la pri­sión de Al­ca­lá-Me­co Mi­li­tar, el cen­tro pe­ni­ten­cia­rio es­pa­ñol don­de van los miem­bros de las Fuer­zas Ar­ma­das que tie­nen al­gu­na deu­da pen­dien­te con la jus­ti­cia. En la ac­tua­li­dad, pa­san allí sus días cer­ca de 70 in­ter­nos; y des­de ha­ce al­gu­nos años, los acom­pa­ña tam­bién Je­sús en el sa­gra­rio. Aho­ra, un gru­po de voluntarios de Con­fra­ter­ni­dad Car­ce­la­ria ha im­pul­sa­do las pri­me­ras ado­ra­cio­nes al San­tí­si­mo en es­te lu­gar.

To­do sur­gió de ca­sua­li­dad. Un do­min­go, ha­ce ya va­rios años, un in­terno de El Sal­va­dor vio la apa­ga­da la luz del sa­gra­rio y la en­cen­dió aun­que el San­tí­si­mo lle­va­ba ya mu­cho tiem­po sin re­ser­var­se. «Yo siem­pre he vis­to en mi país es­ta luz en­cen­di­da», se ex­cu­só, pe­ro es­te error sir­vió pa­ra que el ca­pe­llán y los voluntarios de Con­fra­ter­ni­dad Car­ce­la­ria em­pe­za­sen a pe­dir los per­mi­sos ne­ce­sa­rios pa­ra co­men­zar a re­ser­var al Se­ñor de nue­vo.

«Y co­mo el San­tí­si­mo no pue­de es­tar sin que na­die lo vi­si­te, no­so­tros nos com­pro­me­ti­mos a ir to­dos los jue­ves, y ade­más se lo ofre­ci­mos a to­dos los in­ter­nos, por­que ellos me­jor que na­die co­no­cen la ne­ce­si­dad de ser vi­si­ta­do», di­ce Car­men Ru­bio, una de las res­pon­sa­bles de Con­fra­ter­ni­dad Car­ce­la­ria, im­pul­so­ra de la ini­cia­ti­va.

Des­de en­ton­ces «han ido pa­san­do co­sas muy bo­ni­tas: es­ta­bas en la ca­pi­lla y de vez en cuan­do pa­sa­ban dos o tres chi­cos a re­zar, un in­terno hi­zo unas vi­drie­ras, otro reali­zó un vía cru­cis ar­te­sa­nal…», afir­ma Car­men, que lle­va evan­ge­li­zan­do en las cár­ce­les es­pa­ño­las des­de el año 1985.

«Cris­to ba­jo las es­pe­cies de los in­ter­nos»

Hoy, Al­ca­lá-Me­co Mi­li­tar una más de las ca­da vez más nu­me­ro­sas cár­ce­les de Es­pa­ña con sa­gra­rio, di­ce. Pe­ro hay más: «Ha­ce po­co hu­bo unas Con­fir­ma­cio­nes aquí y vino el obis­po cas­tren­se, Juan del Río, y le pro­pu­se ce­le­brar los jue­ves una ado­ra­ción al San­tí­si­mo, aquí mis­mo». Dio su per­mi­so y des­de ha­ce po­cas se­ma­nas se ex­po­ne al Se­ñor mien­tras los in­ter­nos tra­ba­jan en el pro­gra­ma La Pe­re­gri­na­ción del Pri­sio­ne­ro, con el que los in­ter­nos cre­cen en la fe y en el tra­to con Dios.

«En la pri­me­ra ado­ra­ción es­tu­vi­mos acom­pa­ñan­do al San­tí­si­mo dos ho­ras, mien­tras al­gu­nos chi­cos en­tra­ban de vez en cuan­do a re­zar. Es­tá sien­do muy bo­ni­to. La ado­ra­ción den­tro de una cár­cel es una co­sa su­bli­me, y nos per­mi­te ha­cer in­ter­ce­sión por to­dos los pre­sos», con­ti­núa Car­men, que ase­gu­ra que «Cris­to es­tu­vo en la cár­cel y yo creo que se sien­te a gus­to en la cár­cel, con es­tos chi­cos. En el sa­gra­rio es­tá Cris­to vi­vo, pe­ro en la cár­cel es­tá ade­más Cris­to vi­vo ba­jo las es­pe­cies del pre­so. Él pa­só la ul­ti­ma no­che de su vi­da en la tie­rra en la cár­cel; y co­no­cien­do a la gen­te de la pri­sión, es­toy se­gu­ra de que ellos fue­ron los úni­cos que le con­so­la­ron esas ho­ras. Ade­más, el pri­mer san­to es un la­drón y un ase­sino, ca­no­ni­za­do por Je­sús en un mi­nu­to. Por to­do es­to yo siem­pre les di­go a los chi­cos: “Je­sús tie­ne mu­cho fee­ling con vo­so­tros”».

El gru­po de voluntarios que vi­si­ta la pri­sión to­dos los jue­ves

Fo­tos: Car­men Ru­bio

Car­men Ru­bio, an­te el San­tí­si­mo en Al­ca­lá Mi­li­tar

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