MÁS TRU­CO QUE TRA­TO

El gol es la esen­cia y la fies­ta del fútbol, lo de­más es un jue­go de aba­lo­rios

ABC (Andalucía) - - DEPORTES - FERNANDO R. LAFUENTE

On­ce go­les a fa­vor y nin­guno en con­tra en tres par­ti­dos de tres ca­te­go­rías dis­tin­tas, pe­ro que re­sul­ta que son to­das las ofi­cia­les de la tem­po­ra­da, jun­to a la ex­cep­ción del Mun­dial de Clu­bes: Co­pa, Li­ga y Cham­pions. He ahí el tra­to. Pe­ro hay tru­co. Po­co me­nos de cin­co ti­ros a puer­ta y gol, con So­la­ri; con Lo­pe­te­gui, un gol ca­da tre­ce dis­pa­ros. Sue­na ex­ce­si­vo, pe­ro las ma­te­má­ti­cas no son opi­nión. Hay tru­co y se rom­pió el tra­to. El gol es la fies­ta y la esen­cia del fútbol, lo de­más es un jue­go de aba­lo­rios y ba­rro­quis­mo en­quis­ta­do en el más ho­rren­do de los abu­rri­mien­tos: el mal­di­to to­que. Si hay tru­co en el ves­tua­rio del Ma­drid –ese que, ya pro­cla­mó su ca­pi­tán, de­ci­de si el en­tre­na­dor se

So­la­ri Ha acer­ta­do al sen­tar a Asen­sio e Is­co y al ce­rrar la ru­le­ta del por­te­ro

ga­na o no se ga­na la con­fian­za del gru­po– con la sa­li­da de Lo­pe­te­gui, tris­te y sin estilo por par­te de la di­rec­ti­va (esa no­ta de los ocho, bien po­dría ha­ber­la di­ri­gi­do a los ocho y no al uno), se ha vis­to con el cam­bio. Pe­ro tam­bién con de­ci­sio­nes de

So­la­ri ab­so­lu­ta­men­te acer­ta­das. Una, sen­tar a Is­co y a Asen­sio. La ca­ra de los dos en el ban­qui­llo fren­te al Vik­to­ria Pil­sen era una me­tá­fo­ra bru­tal; dos, apos­tar por Re­gui­lón, que se en­cuen­tra en un es­ta­do de for­ma su­pe­rior al de Mar­ce­lo; tres, Ra­mos era sus­ti­tui­do an­tes de ter­mi­nar un par­ti­do; cua­tro, dar­le la con­fian­za que ne­ce­si­ta a un ju­ga­dor ex­ce­len­te y com­pro­me­ti­do, Odrio­zo­la; cin­co, aban­do­nar la ru­le­ta ru­sa de la por­te­ría y fi­jar un ti­tu­lar, Cour­tois, na­da de me­dias tin­tas por­que eso siem­pre ter­mi­na mal. Y así fue, al me­nos, pa­ra Lo­pe­te­gui. So­la­ri, bien. Aho­ra que­da des­cu­brir si hay más tru­co que tra­to. Se ve­rá es­ta noche de un oto­ño tan llu­vio­so co­mo la vie­ja y que­ri­da can­ción de Serrat, en Ba­laí­dos. Sí, aquí co­mien­za, tras el pró­lo­go de Me­li­lla, Ber­na­béu y Pl­zen, la re­den­ción o el re­gre­so a la in­do­len­cia, el can­san­cio y la mo­nu­men­tal fal­ta de acier­to (que no es sino fal­ta de con­cen­tra­ción). De ser así, en­ton­ces ni tru­co, ni tra­to: so­lo un in­men­so va­cío sin fon­do.

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